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Tarzán no tiene qué comer y tuvo que bajar del árbol

Proteccionistas de animales lo asisten a él y a sus perros.

Un muy mal momento económico está viviendo el Tarzán cipoleño en la actualidad. Obligado a permanecer en su morada por temor a que lo desalojen, le usurpen o le roben lo poco que tiene, subsiste de la ayuda alimentaria que le brindan miembros de una organización protectora de animales, que le lleva comida para sus perros y algo también para él. Además, recibe una vez por mes un módulo con alimentos de Acción Social, que le aportan algo más.

Miguel Fernández por estos días dejó su casa en un sauce y pasa el tiempo en la vieja y semiderrumbada vivienda del terreno donde reside hace 12 años. El frío y la lluvia lo obligaron a dejar su casa y, en lo que era un antiguo comedor, aguanta el clima y pernocta.

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Miguel Fernández pasa un mal momento. Un módulo oficial de comida completa sus provisiones de todo un día.

Hace algunos días había salido a hacer un trabajo de destapar cloacas y al volver se encontró con la sorpresa de que le habían arrancado la puerta a su precaria vivienda y desde entonces optó por no volver a dejar solo el lugar. No sabe cuánto más aguantará así, pero lo embarga el miedo de sólo pensar que puede quedarse sin nada, en la calle.

“Sacaron la puerta de un golpe. No se llevaron nada, pero no sé qué puede pasar. En otro momento, han venido de una cooperativa trucha a pedir que me vaya y también han estado algunos que dicen que es suya la propiedad”, manifestó, al referir las razones de su actual enclaustramiento.

“He trabajado toda mi vida. Pero en estos momentos estoy bastante mal. No puedo dejar mi casa para salir por algún laburo. Tengo miedo que me roben o me quiten todo. Estoy viendo la posibilidad de jubilarme. Serían 5000 pesos y es algo al menos”. Miguel Fernández. Tarzán, en su peor momento

Para comer, se las arregla con la ayuda que algunos proteccionistas de animales les llevan a sus canes y, aparte, un poco para sus propias necesidades. Su dieta se completa con el módulo de 15 productos alimentarios que le trae Acción Social de la comuna. El contenido incluye paquetes de arroz, fideos, azúcar, aceite, polenta, leche y una lata de caballa, entre otros bienes. Si bien subsiste, el hambre lo acecha.

Cerca de cumplir 67 años, Fernández está interesado en jubilarse. Nacido en Chile, vive en la Argentina desde junio de 1966. Es decir que acaba de cumplir 50 años de residencia. “Acá pude aprender todo tipo de trabajos. He sido plomero, gasista, obrero de la construcción, electricista, he laburado en cloacas y de pintor, para decir algunas actividades. Estoy muy agradecido de este país, que me enseñó tantas cosas. Ya soy más argentino que chileno”, expresó.

“Estoy pasando un muy mal momento”, enfatizó y destacó su voluntad de ganarse el pan, como siempre lo ha hecho, una vez que pueda salir de su hogar con tranquilidad otra vez.

Para primavera, cuando el tiempo mejore, Tarzán tiene previsto volver a su árbol. Mientras tanto, sólo lucha por existir.

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