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Se cayó, quedó tetrapléjico y necesita una bici adaptada para andar por la ciudad

La historia de Robin, un cipoleño de 32 años, mueve a mucha gente con una colecta solidaria para transformar la silla de ruedas en una bici que le permita desplazarse mejor por la ciudad. Mirá cómo podés ayudar.

Una caída desafortunada cambió para siempre la vida de Robinson Gutiérrez. El joven cipoleño se estaba mudando al departamento que había construido arriba de la casa de sus padres, en el barrio Del Trabajo, cuando tropezó en la escalera y cayó al vacío y de cabeza, desde una altura de un primer piso. Tenía 29 años. Un trabajo. Era encargado de una empresa del rubro de la construcción y muchos proyectos.

Entonces, imaginaba que había sido una caída más. Estaba completamente lúcido, pero no era consciente de la gravedad del hecho. Más tarde, sabría que el daño que sufrió en la sexta vértebra de su columna le había provocado una lesión medular irreversible que paralizó su cuerpo.

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"Yo pensaba que iba a estar dos o tres meses internado, que luego iba a volver a la normalidad. Pero a medida que fue pasando el tiempo y me di cuenta que mis movimientos no iban apareciendo, me empecé a preocupar. En la clínica Pasteur, donde hice la rehabilitación, me confirmaron que no iba a volver a caminar. Estuve dos días llorando y sin ganas de seguir. Yo era una persona muy activa, y que de un día para otro te quedes inmóvil es muy fuerte", relató Robin, en diálogo con LMCipolletti.

Esa caída, la que fue una bisagra en su vida, tuvo lugar en diciembre de 2018. La lesión que sufrió comprometió sus piernas, el tronco, la espalda y sus manos. Dice que puede manipular la silla, pero si tiene que moverse sobre calles de tierra o por rampas maltrechas le resulta casi imposible hacerlo.

"Las manos no las puedo mover, sólo por efecto tenodésico de coordinación, cuando contraigo la muñeca. Pero no tengo movimiento de dedos", explicó.

Hace apenas dos meses salió del centro de rehabilitación, con 32 años; y recién ahora puede replantearse qué hacer con su vida. Recordó que salió de alta "desesperado por salir, ver la ciudad y dar una vuelta". El problema fue que entonces se cruzó con una realidad llena de barreras y limitaciones para una persona que transita en silla de ruedas.

Veredas sin rampas, calles en mal estado, rampas mal hechas. "Por acá iba a ser imposible andar solo, siempre iba a tener que necesitar de otra persona para trasladarme. La accesibilidad es un tema complicado. Hay rampas a 45 grados que para una persona sin problemas no sé si las puede subir", advirtió.

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Por fortuna, la nueva adaptación que transitaba para seguir adelante con su vida lo llevó por caminos impensados y conoció así a otras personas que en igual situación habían recuperado su independencia, al punto tal de vivir solas.

Conoció, por ejemplo, a otro joven neuquino que sufrió una lesión medular y convirtió su trauma en una oportunidad. Creó un accesorio que se llama "handbike" y tiene su planta de fabricación radicada en Buenos Aires. Es un instrumento que permite convertir la silla en algo parecido a un triciclo, con un piñón para ejercer fuerza con las manos y así provocar la acción de desplazamiento.

"Mis amigos cuando se enteraron que necesitaba el accesorio se empezaron a mover y comenzaron con la colecta para juntar el dinero. Cuesta caro, 240 mil pesos más IVA", comentó.

Emprendieron así una colecta solidaria por toda la ciudad. A su vez, hacen rifas y otras acciones para llegar a la meta. Y apelan a la solidaridad del los vecinos y vecinas que quieran aportar su granito de arena.

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Mientras tanto, con la venta de una moto que tenía, bastante cara, pudo empezar a modificar la que iba a ser su casa antes de sufrir la caída. Sus padres nunca lo abandonaron. Construyeron una especie de ascensor, tipo elevador de carga, para que Robin pueda subir y bajar de su departamento sin problemas.

"Yo, al principio, pensé que se me había terminado la vida. Después conocí gente en silla de ruedas y un amigo de Córdoba con la misma lesión, pero que es prácticamente independiente, me ayudó para hacer un click en mi cabeza. Ahí entendí que sí se puede", confesó.

Tiene 32 años y ve la vida con otros ojos. Desde la silla de ruedas, puede darse cuenta que no está solo y hay muchos más como él que transitan por las mismas calles y veredas de la ciudad. Antes, cuando podía disponer de todo su cuerpo para andar y era otra su realidad, no lo advertía.

"Me di cuenta que uno puede salir adelante y hay gente que siempre va a ayudar", manifestó.

Robin es técnico en reparación de PC y le gustaría poder volver a trabajar. Ahora me estoy adaptando, pero sí me gustaría comenzar con algo y, principalmente, dar una mano a personas que estén en mi situación. Organizar una movida o dar charlas", cerró.

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