La tragedia del Nahuel Huapi en primera persona: "Todos los días salimos por ahí"
Los padres de la nena de tres años que murió al caer su camioneta al lago hablaron con la prensa. La Justicia espera los resultados de las pericias que determinen qué sucedió.
No deja de doler la tragedia ocurrida el sábado último en San Carlos de Bariloche, donde Fidelina, una nena de tres años murió el caer la camioneta de sus padres al lago Nahuel Huapi.
Mientras la Justicia rionegrina espera los resultados de las pericias requeridas al Gabinete de Criminalística policial para determinar cómo sucedió el terrible hecho, los papás de la criatura accedieron a hablar con medios de prensa y contaron su versión.
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En diálogo con el diario La Nación, Eugenia y Agustín, relataron habían decidido salir de su casa ubicada en el barrio Don Orione, a la altura del kilómetro 15 de la avenida Bustillo, aprovechando que después del mediodía el clima se presentaba menos hostil, dado que en las últimas semanas la región atraviesa un fuerte temporal de nieve y lluvia.
Precisaron que la vivienda se encuentra sobre la costa del lago, donde hay una acentuada pendiente. “Eran cerca de las 13.15. Para salir de casa, hay que dar marcha atrás desde el estacionamiento y luego ir hacia arriba, que es muy empinado”, comentó Agustín al medio capitalino.
Mientras que su esposa, agregó que hay muchos árboles y luego un barranco que cae al agua: “Subís un poco, tiene como una pancita el camino y después se hace plano hacia el portón. Todos los días salimos por ahí, hemos salido con nieve un montón de veces, casi siempre con una 4x4. Es una situación habitual para nosotros”.
Como intentaron salir y no pudieron, Eugenia paleó la nieve un rato y Agustín también limpió una parte del camino para hacer la huella. Quedaba un poco de nieve en la parte más alta, aunque, en velocidad, eso normalmente no presentaba dificultad cada vez que salían. Fue allí donde el auto se le empezó a ir de lado a Eugenia, que manejaba. Fidelina la acompañaba en su butaca y Agustín daba indicaciones desde abajo.
“Dejó de acelerar y trató de acomodarlo”, recuerda él. Ella buscaba enderezar el auto y que traccionara mejor para volver a la huella y bajar de vuelta hacia la casa. El auto patinó y la rueda derecha trasera cayó hacia la primera parte del barranco, donde hay más vegetación.
“Me di cuenta de que estábamos por volcar. Fide me dijo ‘¡Mamá!’, como retándome. Le dije que no tuviera miedo, que no pasaba nada, que estaba conmigo. Y ahí empezó a dar vueltas, como cuatro o cinco. Yo me agarré del volante. Pensaba que algún árbol nos iba a frenar. No pasó. Y caímos al agua. Mi ventana estaba abierta, porque con Agustín nos íbamos dando indicaciones. El auto se llenó enseguida de agua, se empezó a hundir muy rápido, y se hacía muy oscuro. Me pude sacar el cinturón, la fui a buscar a Fide y no la encontré”, relató Eugenia quebrada por el llanto.
“Esa decisión de toda la vida”
El vehículo había caído a unos 25 metros de profundidad. Eugenia ya no podía contener la respiración: “Sentía que tenía que salir o me moría ahogada. Supe que si mis pulmones ya no resistían, Fide ya estaba muerta. También pensé, en milésimas de segundos, que iba a tener que vivir con esa decisión toda la vida”.
La mujer cree que salió por una ventana y dio al menos siete brazadas hasta que vio algo de claridad. Con mucha ropa y botas, le costó salir. Nadó hasta una roca y se sentó a gritar. “No pedía ayuda, grité porque no podía creer lo que nos estaba pasando. Pensé en volver a meterme, pero no tenía sentido”, agrega.
El terror en cámara lenta
Agustín vio el auto caer en cámara lenta. Le gritó a la vecina para que pidiera ayuda. Se acordó que tenían una tabla de stand up paddle al costado de la casa, la tiró por la barranca y, en ese momento, escuchó el llanto de Eugenia. “Ahí entendí todo, porque estaba ella sola. Bajé, nos subimos a la tabla, vimos las botitas y el casco flotar”, agregó él entre lágrimas.
La mamá de Fidelina tenía principio de hipotermia, así que volvieron a la casa y tuvieron que patear la puerta porque no tenían llave. Avisaron a los padres de Eugenia, que viven cerca, que fueran de inmediato, se dieron una ducha caliente y la familia los llevó al Sanatorio San Carlos. En la casa quedó la madre de ella y el dueño del predio, mientras llegaban la Policía, la Prefectura y la Fiscalía.
Cuando se enteraron de que los buzos habían encontrado el cuerpito de Fidelina, decidieron darse de alta voluntaria. Fueron hasta el camping Cirse a verla y despedirse. Al recordar ese momento, les tranquiliza saber que no estaba lastimada, que no dimensionó lo que estaba pasando y que el desenlace fue rápido. “Le prometí que iba a vivir mi vida lo mejor posible, a pleno, que los momentos con ella me van a acompañar siempre”, dice Agustín.
La fatal desgracia motivó que amigos y familiares del matrimonio se acercaran para acompañarlos. Pero se preparan para seguir la vida con el peso de la tragedia y ya sin su pequeña hija. Sin embargo, se sostienen el uno al otro para enfrentar el dolor, solo atenuado por el recuerdo de Fidelina. “Pensar en ella me da serenidad. La pienso feliz y hermosa”, expresó Eugenia.
Imaginan una ceremonia de despedida alegre en la playa, con amigos y familiares, para honrar la vida de Fidelina, abrazarse y “tirar piedritas al agua, como a ella le gustaba”. También quieren recuperar las cositas de la nena, por lo que piden solidaridad a la comunidad y que, quien encuentre objetos en el lago, se los hagan llegar.
"Era una nena muy feliz"
“No siento pena por lo que le faltaba vivir. Sí sé que tuvo lo que necesita un niño, nuestro amor inconmensurable, nuestra presencia. Era una nena muy feliz”, reafirma Eugenia. Por estas horas, se aferran al “paso a paso” y al “vamos viendo” para enfrentar la tragedia.
Eugenia escribió un mensaje desgarrador. “Yo deseaba mostrarle el mundo tal como lo veo, con sus maravillas, con sus injusticias también. Y se lo mostré. Con su corta edad, pudo comprenderlo bastante, a fuerza de preguntas y repreguntas. Pudo disfrutar la montaña, el bosque, la nieve, el lago. Fueron tres años compartidos, pero lo fueron todo. Te amo, hija. Fuiste brillante y seguirás brillando en el recuerdo de todos los que te conocieron”.
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