El clima en Cipolletti

icon
Temp
39% Hum
LMCipolletti mujeres

Nadie se salva sola: tres mujeres que transformaron sus historias en una red de oportunidades

Tres mujeres de Cipolletti crearon una consultora de Recursos Humanos tras superar complejos desafíos personales, impulsando el crecimiento profesional en red.

Pamela, María Esther y Aldana se conocieron estudiando Recursos Humanos en un terciario de Cipolletti. Llegaron a esa aula con recorridos diferentes, atravesadas por historias familiares complejas, trabajo, maternidad y sueños que parecían lejanos. Allí encontraron algo más que una carrera: construyeron un vínculo que años después se convertiría en Kume, una consultora de gestión humana que nació de una idea sencilla pero poderosa: las personas crecen cuando existen redes que acompañan.

Hay historias que no empiezan cuando se abre una oficina o cuando un proyecto adquiere un nombre. Empiezan mucho antes. En una conversación después de clase, en unos apuntes compartidos, en alguien que escucha cuando la vida se vuelve difícil. La historia de Pamela, María Esther y Aldana no es solamente la de tres mujeres que estudiaron una carrera y crearon una consultora. Es la historia de cómo una red de mujeres puede convertirse en una oportunidad.

Te puede interesar...

Porque nadie llega sola. Detrás de cada recorrido hay otras personas que sostienen, que acompañan, que abren una puerta. Y eso es lo que atraviesa la historia de estas tres mujeres que se conocieron en 2021, mientras cursaban la Tecnicatura en Recursos Humanos en un instituto educativo de Cipolletti.

Las historias detrás de Kume

Las tres llegaron con vidas diferentes. Pamela llevaba más de una década trabajando en una cadena de supermercados y era madre de dos hijos cuando decidió volver a estudiar. No era solamente un desafío académico: implicaba reorganizar una vida construida durante años alrededor del trabajo y las responsabilidades familiares.

Su historia personal estaba atravesada por ausencias y búsquedas. Fue criada por su abuela; su mamá había sido muy joven cuando la tuvo y no fue un lazo muy fluido. Ya adulta, Pamela emprendió una búsqueda que tenía que ver con sus propios orígenes y viajó a Chile para encontrarse con su papá y comenzar a construir un vínculo que había quedado pendiente.

Pero su historia no quedó detenida en esas heridas. Pamela eligió buscar otros caminos, y uno de ellos apareció cuando decidió estudiar Recursos Humanos.

En esa misma aula estaba María Esther, otra mujer marcada por el esfuerzo y por la historia de su familia. Su mamá logró salir de una relación atravesada por la violencia y crió sola a sus tres hijos en el barrio Caracas de Cipolletti. Durante años trabajó limpiando casas para poder sostener a su familia, hasta que una enfermedad le impidió continuar.

Entonces María Esther tomó esa responsabilidad. Comenzó limpiando casas, pero mientras trabajaba empezó a pensar que quería algo diferente para su futuro. Había una frase que su mamá repetía y que quedó grabada en su vida: que sus hijos no tenían que quemar etapas, que tenían que trabajar, estudiar y viajar.

Esa enseñanza se transformó en una guía. María Esther decidió estudiar Recursos Humanos sin abandonar su trabajo, y esa decisión fue abriendo nuevas puertas.

Una de ellas llegó de una manera inesperada: la persona para la que limpiaba casas vio su compromiso, su capacidad y sus ganas de crecer, y le ofreció una oportunidad laboral dentro de su empresa. Comenzó cargando facturas y hoy se desempeña como encargada del área de Recursos Humanos en ese mismo lugar.

El recorrido de María Esther tiene algo profundamente simbólico: pasó de limpiar espacios ajenos a acompañar la organización y el crecimiento profesional de las personas dentro de una empresa.

También cumplió otro de sus sueños: viajar. Ese deseo que su mamá había dejado como una enseñanza se hizo realidad cuando recorrió Estados Unidos.

La tercera integrante de esta historia es Aldana. Su camino hacia los Recursos Humanos comenzó después de transitar otra búsqueda. Había iniciado la carrera de profesora de nivel inicial, pero durante las prácticas descubrió que ese no era el lugar donde quería desarrollarse. Ella sentía que su verdadera vocación profesional estaba vinculada con las personas, la escucha, la organización y la posibilidad de ayudar a encontrar soluciones.

En 2021 decidió comenzar la Tecnicatura en Recursos Humanos. Mientras estudiaba, trabajaba en áreas administrativas relacionadas con ese mundo, confirmando que había encontrado su lugar.

Pero en 2023 su vida cambió nuevamente: estaba embarazada de Amelia. Entre el trabajo, la carrera y la maternidad, decidió priorizar sus estudios y a su hija. Dejó su empleo, aunque no fue una decisión sencilla, y se propuso recibirse.

En 2025 logró su título. Sin embargo, el desafío siguiente fue encontrar un lugar donde pudiera desarrollarse profesionalmente. La inserción laboral no fue inmediata y apareció una etapa de incertidumbre.

Fue entonces cuando Pamela y María Esther estuvieron ahí.

No solamente le ofrecieron una posibilidad laboral; le ofrecieron confianza. La posibilidad de empezar a construir experiencia en el área que había elegido y de formar parte de un proyecto que compartía sus mismos valores.

Ese proyecto era Kume.

La consultora de recursos humanos

Kume nació en 2025 como la consecuencia de un recorrido compartido. El nombre, que en mapuzungun remite a la idea de “algo bien hecho”, resume una construcción que no comenzó en una oficina sino en un aula: en el acompañamiento, en la escucha y en la certeza de que el crecimiento personal de una persona nunca es completamente individual.

La consultora trabaja en capacitaciones laborales y desarrollo de personas, con propuestas avaladas por la Cámara Argentina de Capacitación para la Formación Profesional, buscando transformar el potencial humano en herramientas que impulsen el crecimiento de organizaciones.

Pero detrás de esa definición profesional hay una historia mucho más profunda. La de tres mujeres que entendieron, a partir de sus propias experiencias, que las oportunidades también pueden construirse colectivamente.

Porque esta no es una historia de mujeres que pudieron solas. Es una historia de mujeres emprendedoras que se encontraron, que se sostuvieron y que, cuando tuvieron la posibilidad de abrir una puerta, eligieron dejarla abierta para otra.

A veces salvarse también significa ayudar a otra persona a encontrar el camino.

Leé más

Noticias relacionadas