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Paola Orellana: una historia de trabajo, sacrificio y superación en la lucha contra el COVID

Paola pasó más de 20 días internada en terapia intensiva, pero demostró ser una gran luchadora y pudo salir adelante. Esta semana regresó al hospital de Allen y se reincorporó a su puesto de trabajo en la jefatura del área DAPA.

Paola Orellana estuvo más de 20 días internada en terapia intensiva. Ella y su familia pasaron momentos difíciles, pero demostró ser una gran luchadora y pudo salir adelante. Esta semana regresó al hospital de Allen y se reincorporó a su puesto de trabajo en la jefatura del área DAPA.

La primera ola de la pandemia la encontró como siempre, con un enorme compromiso por la salud de la comunidad. Junto a sus compañeros del hospital “Dr. Ernesto Accame” iba de un lado a otro en la ambulancia controlando a los enfermos de COVID, brindando atención y aportando un consejo en cada consulta, una palabra de aliento, un gesto humano.

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Cuando recién comenzaba la pandemia, su mamá falleció y no la pudo despedir porque ella, en su rol de enfermera, había decidido aislarse con los primeros pacientes positivos. Ese fue el primer golpe para Paola.

El segundo fue a fines del año pasado, en la víspera del Año Nuevo, cuando la sospecha y los síntomas terminaron en un hisopado positivo para ella, su hermana y su hijo.

Pasaron los primeros días y cuando creían que habían superado el virus, comenzaron las complicaciones. Paola ingresó a terapia intensiva en el Sanatorio Juan XXIII de Roca. “Estuve muy mal, hubo dos días en los que casi muero. Tenía falla multiorgánica. Estuve más de 20 días con respirador”, contó la rionegrina.

El proceso de recuperación fue muy lento, pero cuando su cuadro mejoró, la quitaron el respirador y de a poco fue avanzando hacia la rehabilitación.

“Estuve casi dos meses sin ver a mis hijos. Cuando desperté no entendía nada, no sabía en qué fecha estaba”, explicó Paola, que sintió en carne propia lo que ella alimentó durante su carrera: el esfuerzo titánico de un equipo de Salud haciendo lo imposible para salvarle la vida. “Estoy infinitamente agradecida con todo el personal del Juan XXIII. No sólo conmigo, que soy colega, yo veía cómo trataban a los pacientes y tienen un equipo humano de lo mejor”, aseguró.

Paola se quebró en llanto con un recuerdo. Al despertar y tomar contacto con el presente, no podía creer los miles de mensajes que habían quedado en las redes sociales pidiendo por su recuperación. Cadenas de oraciones, energías y las más profundas muestras de amor, pedían por su salud y eso la conmovió para siempre.

La rehabilitación post COVID no fue para nada fácil. Una parte de su cuerpo quedó con problemas de motricidad y tuvo, entre otras cosas, que volver a aprender escribir. Salió adelante con la ayuda de sus colegas de la salud y con su fuerza de voluntad, que mueve montañas. Antes de tener el alta, en su casa pidió que le encomienden tareas del hospital para volver al ruedo y a la lucha contra la pandemia, de alguna manera.

El lunes 28 de junio regresó a trabajar y la emoción invadió cada rincón del hospital Dr. Ernesto Accame. “Volvió Pao”, se escuchaba en los pasillos, multiplicándose de boca en boca y hubo abrazos entre ambos y chaquetillas que no se pudieron contener.

“Mi única forma de agradecer es estar otra vez acá al frente y ayudar a mis compañeros. (…) Hay que seguir cuidándose, esto no termina con la vacuna. La gente tiene que consultar antes, no 8 ó 9 días después de los síntomas. Los cuadros son más graves que el año pasado”, agregó.

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