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Madre de Agustina: "A mí no me cierra lo que dice este chico (Pablo Parra)"

Silvana Cappello aclaró que no quiere culpar a nadie, pero está convencida de que su hija "se defendió de una cara conocida". A su mano izquierda se la destrozaron.

"A mi no me cierra lo que dice este chico (Pablo Parra). Yo no estoy culpando a nadie, aclaro. Pero a mi hay cosas que no me cierran", dijo Silvana Cappello, mamá de Agustina.

Accedió a una entrevista con La Mañana de Cipolletti, tras el sepelio de su hija. Con un hilo de voz y muy pocas fuerzas, quiso hablar para que se haga justicia. "Yo lo que no quiero es que esto se corte acá", sostuvo.

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Si bien la investigación avanza con total hermetismo, Silvana está convencida de algo: "Mi hija se defendió de una cara conocida, eso es lo que me dice ella". Y está claro que se defendió, de acuerdo a las pesquisas, porque tenía su mano izquierda destrozada.

Pablo Parra, quien era el amigo de Agustina, el inquilino del departamento donde fue asesinada, brindó un relato que se ajusta a la hipótesis de robo. Pero la fiscalía tampoco descarta su participación en el hecho. Tal vez no tiene pruebas contra él, pero lo investiga; como investiga también otras hipótesis de trabajo.

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"Lo que sabemos es que es el principal sospechoso, y si no está detenido es porque no tienen pruebas contra él", sostuvo la madre de Agustina.

Personalmente, no le cierra para nada que al encontrarse con su hija tirada en el piso, convulsionando, haya ido a ver la habitación, luego la puerta que estaba abierta y la escalera que estaba apoyada en la parrilla del patio, todo esto sin antes pegar un grito de auxilio.

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"Uno cuando tiene un ser querido lo primero que hace es pedir ayuda y marcar un número de teléfono. El no tenía y sube hasta arriba a pedirle el celular a la vecina. Por lo menos ahí se fueron cinco minutos. No sé, no todos manejamos la misma lógica", advirtió.

Recordemos que, de acuerdo a la hipótesis de robo, una o más personas ingresaron por el patio trasero del inmueble ubicado en la planta baja, la puerta de ingreso estaba abierta y adentro se encontraron con Agustina.

"Yo no me creo esta hipótesis. Ni se justifica que por dos celulares y mil dólares le hayan destrozado la cabeza, como lo hicieron; que mi hija se lleve toda la parte. Yo estuve cinco horas sobre la ruta pensando sobre lo mismo. No sabés como tenía su cabeza, deformada", expresó la mamá de Agustina.

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Además le destrozaron su mano izquierda. "Yo no sé lo que ha pasado ahí, pero muchas cosas no me cierran. Y mi hija ya no está. El que tiene algo para decir, que hable con la Policía o la Fiscalía", reiteró Silvana.

La joven estudiante, de 19 años, había comenzado la carrera en Ciencias Médicas de manera virtual. Cuando se terminaron las restricciones por el Covid, viajó con su mamá en febrero a buscar departamento en Cipolletti para iniciar las clases presenciales.

Recuerdo de un primer viaje

"Las dos nos fuimos con una mochila, vestidas para no llamar la atención. En el camino agarre un palo largo, porque siempre llevaba algo en la mano por si me tenía que defender, y nos caminamos todo, desde la universidad hasta la terminal. Finamente reservamos un monoambiente. 'Este mamá', me dijo. Le encantó, y nos quedamos ahí", recordó la mujer.

En los próximos días, Silvana tendrían que volver a Cipolletti a buscar todas las cosas que dejó su hija en el departamento. Pero ella no va a ir, será su esposo. "Yo no quiero volver a transitar esa ruta porque me destroza, porque vuelvo a revivir el dia que viajamos para alquilar un departamento. Me siento muy culpable, por haberla llevado, por haberle insistido. Ella era muy vergonzosa, tardaba en hacer amigos. Nos extrañaba mucho", manifestó, y se quebró.

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Hicimos silencio, y cuando pudo retomar el hilo de la conversación recordó la última vez que se vieron. Fue para el Día del Padre. Viajaron a verla y la encontraron muy bien. "La vi tan bien, tan dulce, más gordita. Hermosa. Estaba contenta porque en los últimos dos meses había encontrado algo de compañía. Me dio su frazada, sus ojotas, me trató como una reina. 'Acá tenés mi perfume, mamá', me decía. Era tan linda", contó.

Ahora que no está, no queda más nada por hacer que pedir Justicia. Ella tiene fe y confía en las personas de bien que están haciendo su trabajo y son padres.

"No podemos vivir con miedo"

En diálogo con el decano de la facultad, le pidió que le diga a sus alumnos que "no podemos vivir con miedo, andar armados, no podemos vivir así". Consideró que "los chicos tienen que tener un futuro" y reconoció el gran esfuerzo que hacen muchos padres, como hicieron ellos con Agustina, para sostener a un hijo o hija estudiante. "Nos rompemos el alma para que puedan estudiar, y es una lástima que haya chicos que no tengan esa posibilidad", cerró.

Cabe recordar que el hecho que se investiga habría ocurrido entre las 19.20 y las 20.20 del sábado. Pablo Parra, el amigo de Agustina, la invitó a pasar a su departamento. Supuestamente iban a comer. Pero el joven luego se fue y la dejó sola. Según su relato, se dirigió a la casa de su padre para entregarle una parrilla y con él se quedó hablando un rato. Luego fue por un helado a Grido y, por ultimo, pasó por la despensa que está a la vuelta del complejo de departamento de calle Confluencia al 1300, donde compró un par de cervezas.

Al regresar a su domicilio, ya encontró a Agustina tendida en el piso, brutalmente golpeada, convulsionando.

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