"La única reforma que sirve es formar buenos maestros"

Para el destacado pedagogo italiano Francesco Tonucci, una buena escuela es la que logra que sus alumnos desarrollen sus potencialidades.

POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar

A Francesco Tonucci le gusta que lo llamen “niñólogo”, un neologismo que refleja su dedicación al estudio e investigación de temas relacionados con la infancia y la educación. Sus libros, Con ojos de niño, La ciudad de los niños y Cuando los niños dicen: ¡Basta!, entre otros, han dejado importantes huellas en docentes y padres.

Este pedagogo italiano, nacido hace 78 años en Fano, Italia, ofrece un modelo de escuela alternativo al sistema educativo actual cuyo principal objetivo es brindarles a los alumnos la posibilidad de desarrollar su potencial. “Se considera a los niños como recipientes vacíos a los que hay que llenar de conocimientos sin tener en cuenta el conocimiento que ya traen, qué cosas saben o qué cosas saben hacer”, sostuvo.

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¿Cuál sería el ideal de una buena escuela y qué cambios deben darse en la educación?

La escuela, no sólo hoy sino desde siempre, debería tener como objetivo ser una ocasión para desarrollar las capacidades de todos sus alumnos. Tanto la Declaración de los Derechos del Hombre como la Convención sobre los Derechos del Niño consideran que la educación tiene como principal objetivo el desarrollo de las capacidades humanas hasta el máximo nivel posible. Esto significa que la escuela no debería estar preocupada de conseguir que los alumnos aprendan lo que está previsto en los programas de estudio sino que cada uno pueda desarrollar sus vocaciones. Esto cambia totalmente el sentido. Gabriel García Márquez, que no era pedagogo, decía que podemos nacer músicos o pintores, mecánicos o artesanos, y a veces no lo sabemos. El papel de la escuela, como el de la familia sería poder descubrir lo que él llama “su juguete preferido”. Reconocerse como el mejor en lo suyo. La escuela actual, al contrario, selecciona sólo sobre lengua y matemática.

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¿Cuál sería el papel del maestro?

El maestro debe actuar como un selector. De hecho, los niños que dejan la escuela o a los que en la escuela les va mal tienen este problema, que es no identificarse con el modelo cultural de la escuela. La garantía debería ser el derecho no sólo a tener una mesa, una silla y libros de texto sino tener un buen maestro. Es la única reforma educativa que considero válida y útil. Nuestros políticos podrían ahorrarse todo el esfuerzo para hacer reformas educativas. Todos los gobiernos que conocí han hecho reformas en la educación y no ha cambiado nada. La única reforma educativa importante es formar buenos maestros. Sobre esto se ha hecho muy poco.

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—En el marco de su propuesta, ¿de qué manera se abordaría la educación sexual en las escuelas?

Cada año que vuelvo a la Argentina hay un tema del que todo el mundo habla (risas). Si la educación es el desarrollo de la vocación y de las capacidades competentes de cada uno, esto vale para todos los ámbitos, incluso para el de la educación sexual. Lo bueno, siguiendo lo que decía García Márquez, sería encontrar en la escuela y en la familia, personas que lo ayuden. Creo que si ponemos esto como objetivo de la educación, los conflictos entre familia y escuela se resolverían porque compartirían este único fin: que los hijos y alumnos sean felices.

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