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"La pandemia de COVID disparó problemas mentales previos"

El psiquiatra José Lumerman afirmó que el sector más comprometido es el de los adolescentes y que el desafío, para la población en general, es atravesar los diferentes duelos.

El psiquiatra José Lumerman, director del Instituto Austral de Salud Mental de Neuquén, ratificó que la pandemia traerá aparejada una serie de problemas relacionados con la psiquis de la población. Particularizó que estas patologías aumentaron entre los adolescentes y advirtió sobre los daños a la salud mental que sufre el personal de los hospitales que se encuentra trabajando en la primera línea en la lucha contra el COVID-19.

La ministra de Salud de la Nación planteó que lo que habrá que atender en esta pandemia, además de lo epidemiológico, es la cuestión de la salud mental. ¿Es así?

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Sí. Esto se viene trabajando ya desde el año pasado. Se sabía que junto con el tsunami de la pandemia por COVID se venía el de los trastornos mentales. No es oficial pero se llama “coronablue”, que es un síndrome mental secundario a la situación, no solo de la gente afectada por COVID sino en general. Y era esperado porque cuando al ser humano le desaparece la posibilidad de previsibilidad, frente a semejante nivel de incertidumbre, todo esto genera una vivencia de sinsentidos, de falta de objetivos, de depresión y de miedo.

¿Tiene que ver con lo económico o no necesariamente?

Tiene que ver con la falta de visión de futuro, que por suerte con la vacuna ahora se ve una luz al final del túnel. Pero la vivencia mundial es apocalíptica. Y esto generó un fenómeno depresivo, de falta de energía y de ganas, con el que se debe convivir todos los días. Y en lo particular, por las medidas de aislamiento que afectaron a los jóvenes menores de 18 años, porque la pandemia los aisló de algo fundamental en su desarrollo.

¿Es el sector de la población más afectado?

Totalmente. Antes de la pandemia, de las consultas que teníamos, los jóvenes representaban el 20%. Hoy es del 60% o 70% del total, y con cuadros más críticos y de mayor sufrimiento. Por suerte, y a partir de generar las condiciones de distancia e higiene, pudimos atender esta demanda de modo presencial.

¿Qué se manifestó como síntoma en estos casos?

En general, la represión, y también fenómenos de trastornos de la ansiedad y angustia. Lo que disparó la pandemia fueron cuestiones que estaban latentes. Si una persona tenía alguna problemática que la llevara a hacer, por ejemplo, un brote psicótico, la pandemia lo disparó. Lo mismo con fenómenos hipocondríacos o fóbicos. Quizá en otra situación hubiesen pasado inadvertidos o se manifestaban más tarde, pero con esto se gatilló. Igual que las problemáticas vinculares, como las relaciones de pareja que ya funcionaban de manera disfuncional y que con la pandemia se dieron situaciones de separación y abandono porque bajaron los niveles de tolerancia.

¿Y cómo se aborda la salud mental del personal de salud, pensando en los casos diarios donde ven morir gente todos los días, muchas veces por no dar abasto en la atención?

El primer planteo es ver que acá hay una épica, es como ver qué se hace con un soldado que vuelve del frente de batalla. Quizá las épicas son poco reconocidas, pero lo que hacemos nosotros desde nuestro lugar es acompañar a los colegas que están en esa primera línea. Cómo hace un médico que se le murió un paciente, porque no se murió, sino que se le murió. Esta tarea se transforma en un tema central que es cómo cuidar a quienes nos cuidan. Y debe coordinarse y planificarse desde salud pública para que sean los primeros asistidos.

¿Y qué se puede hacer o cómo se debe trabajar en estos casos?

Hay técnicas de abordaje como en cualquier duelo patológico. Están las instancias para hacerlo y eso venimos trabajando en un área dentro del hospital Castro Rendón, acompañando y ayudando a la gente que trabaja ahí, para, desde lo psicológico, devolverles la posibilidad de que mantengan el centro y el sentido al trabajo diario. Porque se hace muy complicado, por ejemplo, para el que se desempeña en una terapia, que quizá se tomó unos minutos para ver un rato de televisión y ve que se desbarata una fiesta clandestina. Es muy duro eso para los que están en la primera línea de fuego.

¿Y con el resto de la sociedad?

Ahí están los otros duelos, los de la gente que perdió familiares que no pudo, en algunos casos, ni siquiera velar. Y en los jóvenes mantener los espacios de contención abiertos. Los pacientes se recuperan pese a algunos casos de gravedad que registramos en el momento en que ingresan. Son técnicas prepandémicas que las hemos adecuado a esta situación. Son alternativas ante situaciones de catástrofe como estas y los resultados son verdaderamente alentadores.

¿Cómo ve el rol de los medios ante esta situación tan compleja?

Pienso que hay una sobrecarga de información respecto de la pandemia, pero a la vez no son suficientes las instrucciones de las autoridades gubernamentales para lograr achatar la curva de contagios y así evitar el colapso de los servicios de cuidados intensivos. Hoy más que nunca, los medios de comunicación tienen que hacer hincapié en las medidas de prevención y facilitar las disposiciones gubernamentales en el manejo de la crisis sanitaria. Tienen que desterrar cualquier tipo de información que solo trae desesperación en la población y genera fenómenos paranoicos.

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