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La luz antes de morir

Tres mujeres integrantes del equipo de cuidados paliativos lograron que la cipoleña Irma Escudero muera en paz y rodeada de su familia.

Irma Escudero, docente jubilada de 72 años. En enero fue diagnosticada con cáncer de pulmón con metástasis ósea de nivel 4 -la de mayor complejidad-. Las células cancerígenas atacaron la quinta vértebra lumbar hasta devorarla provocando un dolor insoportable que impedía caminar, dormir y a veces hasta comer. Los tratamientos propuestos eran casi experimentos para conseguir un milagro de poder mejorar su calidad de vida, y con mucha suerte, extenderla. No curar; era incurable.

Con el pasar de los días el camino se volvía cada vez más oscuro. El verano se convirtió en un largo transitar entre médicos, trámites y estudios, sin ninguna certeza más que un final anunciado que nadie sabía cuándo iba a pasar, ni cómo.

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El primer gran problema a solucionar era lograr calmar el dolor. No había forma de encontrar la fórmula, y todo eran gritos de desesperación.

En ese túnel envuelto de oscuridad y tristeza, tres mujeres llegaron a su vida para traer la luz de esperanza que hasta ese momento nadie le había dado. La médica jefa de cuidados paliativos del hospital de Cipolletti, Melina San Segundo, la enfermera del hospital Castro Rendón Valeria Catriñir y la psicooncóloga Fabiana Villarreal.

Ellas lograron encontrar la fórmula para calmar el dolor físico provocado por el avance del cáncer, y también el espiritual, calmando el miedo a morir.

El trabajo en equipo dedicado y amoroso pudo aplicar dos tratamientos en simultáneo que al combinarlos fue imposible no obtener resultados positivos: el tratamiento con medicina tradicional y el acompañamiento con la palabra, con la presencia y el cariño.

El miedo a morir pudo ser trabajado de forma interdisciplinaria y reconvertirlo para darle otro sentido, para poder dejar el mundo físico con paz y tranquilidad.

El jueves 23 de junio llegó ese momento que nadie esperaba fuera tan pronto. Un cuadro irreversible en plena madrugada ameritaba la sedación paliativa, un pedido que Irma expresó con anterioridad cuando la situación clínica lo permitía.

Ese día durmió en paz por 12 horas, sedada en su cama y rodeada por sus seres queridos. Justo en el momento que comenzaron a caer los primeros copos de nieve, ella dejó de respirar.

Se fue, y entre sus recuerdos se llevó también a Melina, Valeria y Fabiana, las mujeres que lograron que su partida sea en paz, imaginando alguna de las playas que tanto anhelaba volver a caminar. Y esa tranquilidad también cobijó a toda su familia que les estará agradecida de por vida.

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