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La emocionante labor de las familias solidarias en Cipolletti

Reciben en sus hogares a niños y adolescentes en situación de riesgo y les ofrecen una familia que los contiene y asiste de forma transitoria. Una labor importantísima en la vida de los más pequeños.

En la región hay familias que se ofrecen para acoger de forma solidaria a niños, niñas y adolescentes que se encuentran en situación de vulnerabilidad y que, de forma urgente, deben ser retirados de sus familias de origen. Estas personas reciben a los pequeños con los brazos abiertos y le brindan contención, asistencia y sobre todo cariño, hasta que se resuelva el conflicto o se encuentren adoptantes. La labor es ad honorem y sumamente importante para el bienestar de las infancias.

Julieta y Leandro son una joven pareja cipoleña con dos hijas que de forma conjunta decidieron hace algunos años colaborar con los niños que atraviesan situaciones de extremo peligro vinculado a su entorno familiar. Hasta el momento acogieron a cuatro niños de forma transitoria y les brindaron el calor de un hogar. Dijeron que se trata de dejar de lado las comodidades diarias para mejorar la vida de otros, y recibir como recompensa la satisfacción de aportar a la comunidad.

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“Todo empezó hace unos 6 años cuando escuchamos en la iglesia el relato de una mujer que contaba cómo ayudaba a un nene. En ese momento nos propusimos colaborar también y buscamos en internet qué podíamos hacer. Así nos enteramos que existían las familias de acogimiento transitorio, conocidas como familias solidarias, y no dudamos en inscribirnos. Tuvimos varias entrevistas, incluso en una participaron nuestras hijas que en ese momento eran chiquitas, y les preguntaron qué opinaban al respecto. Ellas siempre estuvieron de acuerdo, incluso lo veían como un hermanito más que se sumaba a la familia para poder jugar”, expresó Julieta en diálogo con LM Cipolletti.

El primer llamado llegó al año de la inscripción, para proteger a una nena de 6.

“La nena estaba en situación de riesgo. Su madre tenía problemas de adicciones y no se podía localizar al padre. La tuvieron que retirar del hogar y estuvo en casa por seis meses. Se llevaba muy bien con mis hijas, y por las noches me preguntaba cuándo la iban a adoptar. Estuvo tres años esperando. Antes de dormir, para que se tranquilice, le pedía soñar cómo le gustaría que fuera su mamá y su papá. Con eso se tranquilizaba”, explicó la mujer.

Julieta enfermó y a los meses debió renunciar a la guarda, pero antes buscó a una familia amiga para que se haga responsable. Ellos cumplieron todos los requisitos y pudieron tenerla hasta que la nena fue dada en adopción.

“Tenía 6 años, pero siempre supo toda la verdad. Ella esperaba ansiosa a su familia adoptiva. Sabía que en casa estaba de paso. Yo me sentí culpable porque como enfermé tuvo que cambiar de hogar, y sufrí mucho por eso”, relató.

A los dos años del primer acogimiento, llegaron dos hermanitos, un bebé y una nena de 3 años, que estaban en riesgo. Esa estadía duró sólo 16 días porque la nena sufría mucho y no paraba de llorar por lo triste de la situación. Finalmente, el caso se solucionó con una restitución familiar.

familia solidaria
Imagen ilustrativa.

Imagen ilustrativa.

“Actualmente estoy con mi tercer acogimiento, de un bebé. Ahora mis hijas ya están más grandes y ayudan con todas las tareas. Siempre cuando nos llaman para proponernos un acogimiento la decisión se toma en familia; todos opinamos si podemos y queremos, y en base a eso respondemos. Entendemos que hay que dejar muchas comodidades de lado para atender a una personita que lo está necesitando”, explicó Julieta.

Dijo que el momento del despego, cuando deben irse, es uno de los momentos más difíciles y hay que tener bien en claro, desde un principio, que se trata de una situación temporal.

“Con el primer acogimiento sufrí mucho cuando se fue porque, además de que te encariñas, me sentía culpable por mi enfermedad. Es imposible no quererlos, y siempre querés que se queden, pero la labor es pasajera. Es una condición. Nos quedamos con la alegría de poder verlos sonreír y saber que pudiste ayudar a que tengan una mejor vida”, recordó.

La familia de Julieta y Leandro entienden que la mayoría de los niños que reciben están judicializados y que vienen de entornos violentos o de riesgo, por lo que toman algunos recaudos de seguridad.

“Pedimos información sobre sus familias de origen y domicilios para evitar esas zonas. También de algunos familiares. Sabemos que existe un impedimento de contacto con los pequeños, una orden de restricción de acercamiento, y estamos atentos a que eso no ocurra. Por suerte nunca nos pasó nada extraño, y cada vez que salimos llevamos la autorización de la guarda. Además, ante cualquier inconveniente, la policía debe actuar de inmediato”, relató la mujer.

La labor de las familias es totalmente solidaria y no precisen ningún tipo de asistencia económica mientras dure el acogimiento. En el caso que sea necesario, el Estado puede brindar algunos elementos como pañales, leche o medicamentos si fuera necesario.

familia solidaria

Ayudar es muy simple

El programa familias solidarias depende de la Secretaría de Estado de Niñez, Adolescencia y Familia, y los requisitos para formar parte son muy simples. Los postulantes deben ser mayores de 25 años y no es requisito estar casado o en pareja. Sí deben tener en cuenta la disponibilidad horaria para el cuidado y la protección ya que se trata de edades en las que necesitan cuidados y atención constante.

También se solicita estar en buen estado de salud y disponer de una red de apoyo familiar que pueda acompañar este proceso. El equipo de familia solidaria hace también un acompañamiento constante para facilitar la labor.

El acogimiento de familias es una construcción social basada ene l amor y el respeto los ese niño, niña o adolescente, que por determinada situación necesita ser separado de su hogar. Se debe respetar la historia con la que esos niños llegan a la familia, no juzgar, y brindar amor y acompañamiento. Esto es fundamental para la sociedad porque se relaciona de forma directa con el derecho de vivir en familia, derecho que muchas veces queda relegado. Es fundamental asegurar este derecho, y cuando no están dadas las condiciones asegurarlo a través de las familias solidarias. Que los niños que padecieron traumas puedan encontrarse en un núcleo familiar de contención, es sumamente importante”, contó Luciana Álvez de la Senaf.

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