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La difícil tarea de mantener abierto un comedor comunitario

Se multiplica la demanda alimentaria y se complican las posibilidades de ayudar a quienes lo necesitan. En el Ubuntu Ferri luchan contra la carestía de las garrafas y las dificultades para acceder a los productos para cocinar.

Cada vez está resultando más difícil sostener el funcionamiento de un comedor comunitario, lo mismo que el de otros emprendimientos de carácter solidario y popular. La mayor demanda de ayuda alimentaria se une a los inconvenientes que se vienen agudizando para conseguir lo básico para responder a las necesidades de la gente. Es lo que le está ocurriendo al comedor Ubuntu, del asentamiento de las vías de Ferri, aunque no es el único.

La cruda realidad muestra que, en lugar de mejorar, la situación de los sectores más vulnerables de la población viene empeorando. Y con ello, se multiplican los requerimientos, los de comida en primer lugar.

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En el caso de Ubuntu, antes de la pandemia brindaba en total 98 raciones de comida, una cifra que en ocasiones llegó a elevarse después a 240 y que no baja de un promedio de 200. Son bocas que reciben algo para poder nutrirse.

Siendo elevado el número de concurrentes, las posibilidades de sostener la cocina popular se vuelven más y más complicadas. Mónica Genen, referente del emprendimiento, precisó, por ejemplo, que con lo que les aporta el Municipio solamente les alcanza para 15 días, con lo que los otros 15 exigen denodados esfuerzos por conseguir los alimentos necesarios.

Además, de las entre 12 y 14 garrafas que se necesitan para la preparación de los platos y meriendas, la comuna, la única instancia pública que colabora, solamente les provee una. A todo esto, también se utiliza para las labores un zepelín de gas cuya recarga requiere contar, cuando se vacía, con 6.000 pesos para llenarlo de nuevo. Un real desafío.

A todo esto, todo el trabajo que despliega Genen y sus colaboradores es ad honorem. Nadie cobra un peso por lo que hace y, así, las cocineras cumplen cotidianamente sus tareas sin percibir ni un peso por ello, al contrario de lo que sucede en otras organizaciones.

Las dificultades son más, ya que, por ejemplo, el aporte de la sociedad, habitualmente solidaria en Cipolletti, resulta al presente y desde hace un tiempo más problemático de conseguir. Es que las estrecheces económicas afectan a todos, a unos más que a otros, en todo caso. Pero, aun así, los vecinos dan una mano. Así, hay un empresario que sigue donando bidones de agua, pero el problema es que la dirigente no cuenta con auto ni con ingresos como para poder ir a buscarlos en taxi.

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