Juntos no tienen límites

Marga está postrada hace 17 años, pero con sus amigos sube montañas.

Cuando la amistad, la pasión y las ganas de superarse día a día se conjugan, los límites para llegar a la meta no existen y los sueños se convierten, poco a poco, en realidad. Gabriela “Marga” Martín, docente cipoleña que perdió la movilidad de su cuerpo luego de un accidente de tránsito en el 2000, sigue rompiendo barreras y cruzando fronteras junto a su fiel grupo de amigos, quienes la llevan a todos los destinos a los que no podría viajar sin ayuda.

Durante el fin de semana, el equipo sumó su cuarta aventura extrema en la montaña a una lista que promete crecer y que además, inspira a otras personas con discapacidad.

La vida de Marga cambió de manera drástica el día que chocó de frente con otro vehículo sobre la Ruta Chica -entre Cipolletti y Allen- cuando volvía del trabajo. El brutal impacto le provocó una lesión medular pero, lejos de refugiarse en una vida aburrida y repleta de limitaciones, salió al mundo como nunca antes para experimentar nuevas sensaciones y escribir historias que quedarán para el recuerdo. Gracias a un dispositivo construido especialmente para ella, junto a sus amigos ya escaló el Lanín, el cerro Tronador y el cerro Champaquí.

El viernes pasado el grupo de amigos se animó a hacer un viaje en trineo con perros siberianos al hito fronterizo entre Argentina y Chile. El destino, un desierto de nieve y silencio, fue propuesto por uno de los integrantes del grupo, Sergio Gómez, y se transformó en el escenario perfecto para un reencuentro “muy fuerte”, lleno de emociones y magia. “Fue muy lindo y nos reímos mucho porque algunos se caían de los trineos, nunca lo habíamos hecho, pero logramos nuestro objetivo”, señaló Marga.

La particular aventura no hubiese sido posible sin el neuquino Hernán Cipriani, dueño de Horses and Huskies de los Pehuenches, en Pino Hachado, quien ofrece paseos en trineo durante el invierno y con caballos en el verano. Fue la primera vez que le tocó guiar a un grupo de 12 personas y armar una logística especial para resguardar la seguridad de Marga. Para atravesar 16 kilómetros y llegar hasta la cima fueron necesarios 26 perros, ocho en el equipo principal que abrió camino y seis en cada uno de los restantes, además de un trineo refaccionado para brindar mayor comodidad.

Acompañados por el mejor amigo del hombre y en pleno contacto con la naturaleza, llegaron hasta el hito y, aunque habían planeado pasar la noche, bajaron ese mismo día para celebrar en un campamento base con asado, pizza y empanadas. “Con la amistad de tu lado no hay límites para nada, lo único que hay que tener es ganas, porque Marga es el motor. Donde ella nos dice, nosotros vamos”, concluyó Sergio, uno de sus amigos.

Una vez terminada la excursión, todos regresaron a sus hogares pero el viaje no terminó ahí. Gracias a las fotos que publicaron en sus páginas de Facebook, otras personas con discapacidad se decidieron a tener una experiencia similar, abrir las alas y vivir al límite. “Hay que animarse, no hay ningún riesgo de nada, la gente tiene que saber que puede hacer este tipo de turismo”, explicó Marga, feliz de saber que inspiró a más gente a vivir sus sueños.

Cumbres: Marga y sus amigos ya habían hecho cumbre en el Lanín, el Champaquí y el Tronador.

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