Inés sorprende a los vecinos con su vivero móvil

Una de sus hijas le dio la idea para seguir vendiendo plantas de todo tipo.

Las manos verdes de la cipoleña Inés Soto hermosean un vivero móvil con decenas de plantas, de vivos colores, cactus y cítricos de estación. A ella la salvaron muchas veces de los avatares que presenta la vida, así como la fe en Dios y la fuerza de voluntad para abrirse camino sola y sostener a una familia.

“Bienvenidos a mi mundo verde. Libertad. Amor. Paz”, dice el cartel que invita a pasar y echar un vistazo a sus plantas (de interior y exterior), que exhibe en el vivero que saca a la vereda de su casa ubicada en Juan XXIII y Circunvalación. “Siempre las amé, me encantan las plantas. Ellas están ahí, y lo único que te piden es amor y agua, que las cuides”, expresó Inés.

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“La vida es placer, hay que vivir lo mejor que se pueda, buscar la libertad y tratar de vivir en armonía con el entorno. En mi caso, sin plantas no puedo vivir”, dijo Inés Soto, Sorprende a los vecinos del barrio con su vivero móvil.

En diálogo con LM Cipolletti, la mujer consideró que en momentos de crisis como los que se viven, “hay que tener la fe más grande y nunca bajar los brazos”. Confió en su propia fortaleza para sobreponerse a las adversidades y ganar el sustento de cada día. “Se puede salir adelante, yo pude criar a seis hijos, todos estudiaron, y actualmente ayudo al más chico, de 25 años, para que siga Ingeniería en Petróleo en la Universidad del Comahue”, dijo Inés, también abuela de ocho nietos.

Reconoció que no le resulta fácil, pero a la vez advirtió que “las mujeres somos guerreras, nunca bajamos los brazos, y hay un montón de cosas que podemos llevar adelante”. Segura de su potencial para ser mejor y buscar la felicidad todos los días, advirtió que es necesario que el ser humano vuelva a la naturaleza, de la que depende.

Una de sus hijas la veía cargar y descargar cajones con plantas, y tuvo la gran idea de regalarle el vivero móvil que hoy saca a la calle para vender las plantas que cuida todos los días. “Para mí fue una gran bendición este regalo, a mis 60 años”, expresó.

Es que la estructura le facilita mucho su trabajo y, además, cautiva la atención de todos los vecinos que pasan por el lugar y se paran a mirar su universo verde de plantines, cactus y cítricos.

En otro momento de su vida, también ejerció su faceta de artesana y pintora, y en ese rol, dio clases en la Isla Jordán. Hizo muchos cursos para capacitarse como emprendedora, pero al final, siempre volvió a la naturaleza viva, como fuente de ingreso. “La vida es placer, hay que vivir lo mejor que se pueda, buscar la libertad y tratar de vivir en armonía con el entorno”, reflexionó.

Nacida y criada en Cipolletti, concluyó: “Sin plantas no puedo vivir”.

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