Honores: condenaron a la prostituta por el asesinato

Fue declarada culpable y la espera una pena de prisión perpetua.

“Hoy mi papá (Eduardo Honores) descansa en paz. Y yo tengo paz”. Su hija Andrea, querellante en el juicio, se expresó sumamente agradecida y ya no pudo hablar más. Muy conmovida por el veredicto de los jueces, guardó silencio.

Ayer, los jueces Álvaro Meynet, Florencia Caruso y Julio Martínez Vivot declararon a Irene Méndez culpable de haber asesinado de un disparo en el pecho al comerciante Eduardo Honores. El veredicto fue unánime y prevé la pena máxima, de prisión perpetua, en tanto a la condenada se le reprocha un homicidio agravado por alevosía y criminis causa.

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Es decir, los jueces consideraron que Méndez obró a traición, para robar dinero u objetos de valor que pudiese guardar la víctima en su domicilio, en aquellos sitios que revisó afanosamente.

Según el veredicto, antes de matarlo, Méndez –quien ejercía la prostitución y conocía a la víctima- le propuso “convenientemente” mantener relaciones sexuales a Honores. Ella sabía que su cliente necesitaba preparar la medicina inyectable que utilizaba en estas situaciones; y mientras se encontraba en el baño, lo sorprendió en tales preparativos con los pantalones bajos y le disparó en el pecho. “Esto le permitió obrar sobre seguro, inhibiendo cualquier tipo de resistencia”, sostuvieron los jueces.

De acuerdo con el veredicto, a Méndez no le bastó la indefensión de la víctima, sino que preordenó su conducta para matarlo sin riesgo. Recurrió así a la astucia, al engaño, al acecho. Y se proveyó, además, de un arma calibre 32 para ultimarlo.

Para los magistrados, la prueba indiciaria que se presentó en el juicio fue “categórica”. Sostuvieron que “hay un cúmulo de fuertes indicios que incriminan a la acusada, graves, precisos y concordantes”.

Destacaron la colilla de cigarrillo que se encontró en la escena del crimen, cuyo estudio genético determinó su vinculación con el ADN de la imputada; y un rastro papilar hallado sobre una caja de crema, ambos elementos recuperados junto al cadáver de la víctima.

La huella del pie de calzado coincidía con la zapatilla secuestrada a la condenada.

También fue contundente el testimonio de la empleada doméstica, quien refirió que todos los objetos personales que la Policía encontró en poder de la imputada habían formado parte del ajuar de la víctima hasta el día previo a su muerte.

Otras prostitutas que ofrecieron sus testimonios negaron que Honores tuviese la costumbre de regalarles objetos.

“Es incólume la prueba indiciaria que señala a Irene como presente en el lugar donde fue ultimado Honores”, indicaron los jueces en su veredicto.

Así quedó acreditada la teoría del caso que abonaron la fiscalía y la querella, mientras que el planteo que realizó la defensa fue descartado. “Nada indica que la escena fuera alterada”, afirmó Meynet.

Los magistrados advirtieron que tal planteo de la defensa fue “un intento fallido de sembrar sospechas”, que no tenía el más mínimo rigor científico, ni supo explicar quién lo hizo, cómo y cuándo. Consideraron que la defensa no se apoyó en fundamentos, más que en su “impresión personal”, y advirtieron varios “indicios de mentira” en el descargo de la imputada.

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