Fumaba porros en la celda y no hubo piedad: condenado

El cipoleño Mauricio Barcaza aseguró ante un juez federal que lo hacía para dormir relajado.

Un cipoleño que cumple una dura condena en la cárcel de Roca por una serie de asaltos expuso un curioso argumento a la hora de defenderse por la tenencia de poco más de 50 gramos de marihuana en el interior de un termo: la necesidad de fumarse un porro para “poder relajarse y dormir a la noche”. La Justicia Federal no coincidió con el criterio de la defensa sobre el derecho a la privacidad del presidiario y consideró que debía ser castigado con un año más de prisión efectiva. De esta forma, cumplirá una pena única de 11 años.

El protagonista de la causa penal por infracción a la ley 23.737 se llama Mauricio Barcaza, tiene 26 años y se encuentra alojado en el Establecimiento de Ejecución Penal 2° de General Roca. Cumple una pena de 10 años y 6 meses de cárcel por varios delitos, que estuvieron bajo la lupa de las ex cámaras Primera y Segunda de Cipolletti.

Con estos antecedentes, llegó a Roca y nunca imaginó que los agentes penitenciarios iban a interrumpir su costumbre de fumarse un porro a diario, en horas de la noche. Según sus propios dichos, el cannabis sativa lo predisponía a dormir en forma plácida. En un procedimiento que se concretó el 23 de octubre de 2015, los penitenciarios hallaron la droga en un termo y le dieron intervención a la Policía. Lo incautado, unos siete bagullos, pesó 54 gramos.

De nada le sirvió su descargo sobre el uso del cannabis como relajante y Barcaza tuvo que ir a declarar al juzgado federal roquense por el delito de tenencia simple de estupefacientes en grado de autor.

Desde la fiscalía federal tampoco hubo compasión con Barcaza, quien evitó un juicio común y tras reconocer su culpa pudo acceder al proceso abreviado. En ese marco, la parte acusadora consideró que debía purgar un año más tras las rejas.

En lo que se refiere a la defensa, reclamó en un primer momento la absolución del presidiario y se apoyó en la jurisprudencia que resalta los casos de “consumo personal”, donde se tiene presente la esfera de privacidad y el ámbito de libertad individual de la persona.

Más allá de los esfuerzos del representante legal de Barcaza, el juez unipersonal planteó que en el caso analizado no se podía aplicar el precedente Arriola y que su privacidad quedaba limitada por el hecho de estar cumpliendo una “pena privativa de la libertad”.

Finalmente, se avanzó con una declaración de reincidencia.

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