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Familia Perilli, honraron la fruticultura y el fútbol valletano

Juan Perilli fue un inmigrante italiano asentado en Cipolletti. Su esposa Edith dio clases de labores en la Escuela 33 de la ciudad.

El arribo de migrantes e inmigrantes a estas tierras significó el engrandecimiento de los pequeños poblados que terminaban de consolidar su sistema de riego para hacer fecunda la tierra. Así nacieron las grandes chacras y sus plantaciones. Muchos de los inmigrantes fueron llamados por sus familiares, ya establecidos en este país.

Juan Perilli nació en Palese, provincia de Bari, Italia. Hijo de Domingo Perilli e Irene Gentile, vino a la Argentina a los 9 años. Formó su familia con Edith Josefina Blanco, nacida en La Plata, hija de Alberto Blanco, nacido en Sao Pablo Brasil, y Josefina Bianchi, italiana de Lombardía.

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Estos recuerdos fueron proporcionados por uno de los hijos del matrimonio, Fernando: “Se conocieron en un baile en el Club Unión Vecinal de la Plata, en Carnaval, cuando había que ir con la madre o hermanos mayores. Mi madre, al ser tan hermosa, tenía varios pretendientes, pero ella fue flechada por mi padre, alto de 1,82 metros, trigueño y jugador de fútbol, algo no tan bien visto en esa época”.

“Mi padre, en pleno noviazgo, se fue a Italia a jugar al fútbol al Torino, muy importante de la época. Luego de un año volvió y se casaron”, relató.

“Y su primera parada fue Bahía Blanca. Con un contrato de palabra con el presidente de Olimpo que, a los pocos días de llegar mi padre, falleció. Al no existir contrato, mi padre quedó a la deriva, mi mamá embarazada de mi hermana mayor: la situación lo llevó a trabajar en el puerto de Bahía, de peón”.

“Por esas circunstancias de la vida, mi papá fue a jugar un partido de fútbol con compañeros de trabajo, y ahí es donde lo ve un tal Rodríguez, que era de Cipolletti, y fue la primera vez que mi papá oyó hablar del pueblo”.

En la década del ’60 se fueron a La Plata, donde nacieron los hijos más chicos. Ya a fines de 1960/70 vinieron a Cipolletti, compraron chacra y se dedicaron a la fruticultura. Edith trabajó de maestra de labores en la escuela N° 33 de Cipolletti. Juan, como no podía ser de otra manera, se dedicó a jugar al fútbol: fue uno de los primeros jugadores de la zona. Sus padres tenían puesto de frutas en el Mercado de Abasto de La Plata, por lo que él les enviaba la fruta.

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Juan y Edith tuvieron cinco hijos: María Irene, nacida en Bahía Blanca, docente de jardín, llegó a ser supervisora. Laura Edith, nacida en Cipolletti, arquitecta, ocupó cargos en el ministerio de Obras Públicas y colaboró con la Municipalidad de Cipolletti. Juan Alberto, nacido en Cipolletti, desarrollista, contador, socio de Aspa Desarrollos Inmobiliarios. Los dos hijos menores son comerciantes: Fernando César (que nos brindó gentilmente su testimonio) y Domingo Luis, nacidos en La Plata, este último futbolista y uno de los máximos ídolos del club Cipolletti.

Sus hijos les dieron once nietos y quince bisnietos. Juan Falleció en 1999. Familia muy católica, muy unida, que sigue al lado de Edith, hoy con 92 años (se turnan para su asistencia). En el recuerdo, y pensando en toda la vida vivida y en la figura de su padre, su hijo puntualizó: “Mi papá sigue vivo, está con nosotros”.

En una de las fotos que acompañan el escrito se ve la abuela materna en 1936: “Mi abuela materna, Irene Gentiles, recién llegada de Italia, con sus 5 hijos”.

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La familia Perilli siempre estuvo ligada al fútbol: Juan fue jugador y director técnico de Cipolletti, Cinco Saltos, Fernández Oro, San Martín, en épocas en las que el fútbol local era muy fuerte. Uno de sus hijos, Domingo, Mingo, fue un crack virtuoso, no llegó a más porque no quiso. Fue jugador y técnico del Club Cipolletti: cuando descendió lo llamaron para lograr el ascenso. Su equipo estuvo 43 partidos invicto.

Tuve el honor de conocer a Edith cuando tenía en su domicilio de la calle Belgrano una cámara frigorífica donde se resguardaban los tapados de piel en épocas de verano. Siempre con una sonrisa amable y su dulzura.

Los Perilli conformaron y conforman una parte sólida de ese entramado social de la ciudad cipoleña, orgullosos de pertenecer a ella y de haber escrito con el trabajo tesonero y el esfuerzo inmigrante una página importante de la historia de la ciudad.

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