Estafados por un sueño: se ganaron una casa y nunca se la dieron 

Un merendero ganó una casita prefabricada, pero nunca se la dieron.

Casi seis meses atrás los propietarios de un merendero cipoleño fueron sorprendidos con una noticia que no sólo los llenó de alegría sino también de esperanza. Es que una empresa constructora de la ciudad les había donado una casa prefabricada para que pudieran tener un espacio cómodo y en buenas condiciones para los niños que asisten a diario. Sin embargo, lo que parecía ser un sueño se convirtió en una pesadilla. Es que el dueño de la empresa se mudó a Neuquén, comenzó con algunas evasivas, luego dejó de contestarles los mensajes y la ilusión se derrumbó en un abrir y cerrar de ojos.

Se trata del merendero Adonai, que actualmente funciona en la toma 10 de Febrero en la vivienda de uno de sus organizadores, Miguel Díaz. Allí asisten, todos los días, al menos 50 chicos del sector junto a sus familiares. Además de darles una copa de leche, también ofrecen talleres de tejido para las mamás, de guitarra y danza para todos los vecinos y clases de apoyo escolar brindadas por estudiantes de secundaria.

En diálogo con LM Cipolletti, Miguel contó que la noticia los sorprendió porque no sabían que estaban participando del sorteo que la firma Yuvisa estaba realizando a través de Facebook y que luego se enteraron de que habían sido inscriptos por una amiga cercana, que conoce del arduo trabajo que realizan.

La simple idea de tener un lugar propio para todos los pibes del barrio ya los hacía felices, por lo que decidieron no apurar el inicio de la construcción porque sentían “vergüenza”. Si bien escribieron varios mensajes de texto y realizaron llamadas, el contacto con el dueño de la compañía se perdió por completo.

“La última vez que supimos de él nos pidió las medidas del terreno, pero después de eso no se volvió a comunicar. También nos enteramos de que se mudó a Neuquén. Nosotros vamos seguir adelante y a construir el merendero, sea como sea. El único problema que tenemos es que cuando nos enteramos de esto, todos los materiales que teníamos los usamos para nuestras casas. Pero bueno, en agosto vamos a realizar actividades y venderemos muchas docenas de tortas fritas para juntar fondos”, explicó el joven de 29 años, quien maneja el lugar junto con su pareja y otras cuatro mamás.

“A los chicos les enseñamos que las cosas no llegan solas, sino que hay que trabajar para tenerlas. Y esta oportunidad no va a ser diferente”. Miguel Díaz. Responsable del merendero

Manos a la obra

A pesar del mal momento y la desilusión que les tocó vivir a Miguel y a todo el equipo solidario, aseguró no haber perdido la esperanza de levantar un merendero. “Nosotros a los chicos les enseñamos que las cosas no llegan solas, sino que hay que trabajar para tenerlas. Y esta oportunidad no va a ser diferente, nosotros vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para darles un lugar de contención”, concluyó.

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