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Es ciego, quiere ser abogado y reclama un entorno más amable

Gustavo Loncomán es de Roca, y sabe que un mundo mejor y accesible es posible. Por eso aporta su granito de arena: transcribe en braille cartas y menúes de confiterías y comercios. También incluye audios en su propuesta.

Gustavito respira y percibe el mundo en forma diferente. Lo vive, lo siente y lo enfrenta cada día. El mundo, en sí, puede ser muy diferente para todos. Según quien lo mire, según quien lo viva, según su propia realidad... Él es ciego y le toca advertir y sentir que “podría ser mejor”. Más accesible, pero real. Más acorde, más amigable para todas las personas. Necesita decirlo.

Estudia, trabaja y cobra una pensión que le alcanza ‘poco y nada’. Pero no se queda con eso. Siempre busca el cambio, hacer, proponer. Buscar el lado bueno a cada cosa.

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Y comenzó por algo. Por una parte importantísima, que le ahorra bastante camino a muchos: transcribe en braille los menúes, cartas y carteles con productos y precios para comercios, en Roca. Pero como también sabe que no todos conocen este sistema, comenzó a dar forma a las propuestas gastronómicas (en su mayoría, aún) a través de audios para enviar y reproducir a los clientes.

Solo con su esfuerzo y a pulmón, sin más manos que las suyas para ayudar, puso a trabajar su máquina para escribir y entregó terminadas las cartas a varias confiterías, bares y restaurantes roquenses.

Gustavito Loncomán vive en Roca, estudia Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales -Fadecs de la Unco- y trabaja.

Como puede y cuando puede, se las rebusca también. Lo necesita.

“La pensión que recibo a veces no me alcanza, así que trabajo de esto. Transcribo en braille, porque quiero que la accesibilidad sea real… no es lucrativo”, explicó, “pero necesito hacer cosas para vivir”.

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Deuda urbana

Locomán sale a las calles cada día, realiza sus actividades y por eso advierte que “falta accesibilidad”.

Entonces se pregunta, por qué en muchas ciudades aún no hay semáforos sonoros, en las principales arterias, para las personas que son ciegas o tienen disminuida su capacidad visual.

Por qué en las veredas, principalmente en el sector céntrico, hay carteles en cualquier parte, sillas y mesas que ocupan gran parte del espacio, bicicleteros ubicados ‘a la buena de Dios’ y demás…

“Lamentablemente las ciudades, como Roca por ejemplo, no son accesibles. A veces llego a un semáforo y tengo que esperar que alguien me diga… ojo que está en verde, o ‘podés cruzar’”.

Aseguró que hay muchas personas que tienen discapacidad visual total o disminución visual parcial y “nos sentimos excluidos”.

“Sí hay rampas para discapacitados, algunas normas se han hecho, pero para los ciegos falta mucho. No contamos con semáforos sonoros y para nosotros salir a la calle es un peligro. Ir al cine… sin un sistema de audiodescripción (solo algunos lo tienen) es como nada, no entendemos. Salir a caminar y tener miedo de caerte todo el tiempo porque ponen cualquier cosa en la vereda, hasta mesas y sillas… Veredas rotas, pozos…”.

“Tenemos derecho a desplazarnos libremente… pero es difícil. Bicicletas y motos también andan por la vereda… pero no debería haber tantas normas, más sentido común”, pidió.

Hace algunos años, desde el 2018, comenzó como iniciativa propia haciendo los menúes en braille. “Lo propongo yo, a veces me piden, y es un sustento económico para mí, pero siempre buscando la inclusión. No solo en sistema braille también lo hacemos en audio mp3 porque hay personas que no conocen el sistema braille”.

Y la idea es que esto les sirva a todos, como debe ser.

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