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Era dura la batalla, pero sus muñecos la rescataron

Carina cayó en crisis tras una pérdida familiar. Como parte de un tratamiento psiquiátrico comenzó a confeccionar títeres y eso la ayudó a reponerse. Vende sus creaciones en la feria municipal y tiene gran éxito.

Poner la mente al servicio de la creatividad y dejar volar la imaginación suele ser un desahogo para quienes atraviesan estados de crisis. Fue lo que hizo Carina Carus, una maestra jardinera que cayó en un pozo depresivo tras el fallecimiento de su mamá y su vida, de un día para el otro, quedó patas para arriba.

“No hice el duelo a tiempo y el stress me hizo estallar”, admitió. No pudo seguir trabajando, se le cayó el cabello y debió someterse a un tratamiento psiquiátrico. Hasta debió tomar medicación para calmar la conmoción.

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Con un horizonte plagado de sombras, uno de los profesionales que la atendía le aconsejó que realizara alguna actividad que la mantuviera ocupada, un cable a tierra que ayudara a estabilizarla.

Recordó que le sugirió “que buscara algo que me hiciera bien”.

Entonces alguien le comentó que el municipio dictaba distintos talleres de oficio y artesanales, y la sedujo uno destinado a la confección de muñecas. No lo dudó. A principios de 2019 se anotó y comenzó a tomar clases.

El resultado fue sorprendente, ya que tuvo el efecto “de una terapia”, destacó.

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El entusiasmo la llevó a cambiar los muñecos por títeres, ya que la incentivaba la idea de que en las manos adecuadas sus creaciones podían adquirir vida.

A fines de ese año el municipio convocó a los asistentes de los cursos para exhibir sus trabajos y después les ofreció participar en la feria de emprendedores que va girando por distintos sectores de la ciudad.

La respuesta del público la llenó de satisfacción y la alentó a seguir progresando, ya que las ventas se consolidaban en cada presentación. Así comenzó a idear sus propios personajes y a fabricar otros a pedido.

Como forma de agradecer lo que sus muñecos hicieron con ella, bautizó Gepetto a su emprendimiento, en homenajea el carpintero que talló a Pinocho.

Desde entonces su labor no para de crecer. La originalidad y el detallismo que exhiben sus creaciones ha interesado a elencos de titiriteros que se encuentran en la producción de obras para poner en escena. Recibió una propuesta de una escuela de Chimpay y de un grupo de Buenos Aires, desde donde le enviaron el guion para que componga a los protagonistas.

Por si fuera poco, también le encomendaron retratar a los músicos de Queen, otro enorme desafío, porque nunca había trabajado rostros humanos.

El arte de aprender

Carina no tenía conocimiento del arte de confeccionar títeres. Lo adquirió de cero y destaca la base que recibió en los talleres municipales. Aprendió a coser en una máquina prestada y una amiga le enseñó distintas técnicas de confección con el uso de goma espuma, pañolenci y otros tipos de géneros, materiales y accesorios.

“Me va bien gracias a Dios y me gusta lo que hago. Es como crear vida”, sostuvo la artesana, quien montó un tallercito en su casa donde compone los muñecos que auxiliaron la de ella, en la difícil batalla que tuvo que enfrentar.

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