En la escuela del Mapu ya nadie quiere golosinas
Guadalupe Maqueda
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"Dame una fruta", le dice un niño de ojos grandes a la portera de la Escuela 294, a quien todos llaman "seño". "La mandarina está rica", le sugiere. Saca de su guardapolvo un billete gastado de dos pesos y le extiende la mano. A otro chico se le notan las ganas por un postre de chocolate que, antes de comprar, ya disfruta con una sonrisa que deja ver todos sus dientes. La nena de carita redonda que está a su costado espera que la "seño" la vea para pedirle tímidamente: "Yo quiero una gelatina". Le entrega los 5 pesos que apretaba en su puño; mientras otra niña le pregunta a su compañera de grado: "¿Vos qué vas a comprar?", y ella le dice: "Un helado".
La iniciativa de Sol Patagonia surgió para contrarrestar los problemas bucales y de sobrepeso que presentaban los alumnos.
Los chicos se amontonan y en pocos minutos rodean el kiosco saludable, por ahora, móvil. Son tantos y todos quieren llegar primero en el recreo. Entonces, el montón de alumnos que se reúne y las ganas de comprarse algo rico van empujando el colorido mostrador hasta dejar arrinconadas a la "seño" Inés Saez y la directora Patricia Maneiro, que le da una mano.
La iniciativa es tan efectiva que las golosinas ya no son una tentación para los alumnos de la Escuela 294 (de jornada extendida), en el Anai Mapu. "Entre comprar caramelos y frutas, optan por las frutas", sostuvo Maneiro. Y Saez aseveró: "No consumen golosinas".
El proyecto se inició hace cuatro años por impulso de la Fundación Sol Patagonia y la escuela, luego de realizar un diagnóstico sanitario y advertir que había serias dificultades a nivel odontológico: chicos con muchas caries o que les faltaban dientes. También notaron problemas de alimentación: sobrepeso, obesidad, hipertensión o desnutrición.
Dos nutricionistas de Sol Mapu establecieron el menú del kiosco, en las proporciones aptas para que su consumo sea saludable. La lista incluye postrecitos de chocolate, dulce de leche y vainilla, y gelatinas con fruta rayada que prepara la "seño" Saez. Se venden helados testeados por las profesionales, raciones de 20 gramos de pochoclos, tutucas y puflitos; turrones y no más de cinco galletitas como las Maná y las vainillas, que tienen el valor nutricional recomendado por las especialistas (Belén Martínez y Mariana Eulalia).
Para Saez, lo fundamental son los jugos naturales y las frutas (manzanas, bananas, naranjas, mandarinas), pero como encargada del kiosco también prepara licuados y ciertos días incluye yogurt con cereales y flanes, que salen mucho.
"Los chicos quieren, quieren y no damos abasto", comentó la portera, y agregó: "Todo lo que se vende sale en el momento, es fresco, del día".
Para el cambio chico, se ofrecen hasta dos caramelos por un peso. Ese es el límite. Y con el vuelto muchas veces se les da una fruta.
Saez contó que las raciones de pochoclos y palomitas, preparadas en el momento, les encantan.
"Los chicos ya no vienen a la escuela con chicles y caramelos, esperan para comprar en el kiosco una fruta, una gelatina, un helado", reiteró Maneiro.
Recaudación
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Gracias al kiosco, no sólo los chicos comen saludablemente productos que no superan los 10 pesos y llevan la leyenda "comé sano, elegime".
El espacio también hizo posible el autoabastecimiento con la compra de una licuadora, una heladera y un freezer; y parte de los fondos recaudados en cada recreo se utilizan para cubrir otros gastos de la escuela del barrio Anai Mapu, algunos de los cuales deberían ser afrontados por el gobierno provincial. Desde los utensilios de cocina hasta los paseos de los alumnos.
En un futuro, la idea es que el kiosco tenga un lugar fijo. En la actualidad, sale al encuentro de los chicos durante los recreos de las 10:30 y las 15, de lunes a viernes. Si no corre viento ni llueve, se coloca en el patio, alrededor del cual ponen música, algunos juegos, banderines de colores y hasta pintan rayuelas. A veces lo trasladan a los jardines y siguen pensando en otras opciones. "El kiosco ya está instalado en la comunidad", finalizó la directora de la Primaria 294, Patricia Maneiro.
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