Violencia en salud: en el hospital las agresiones al personal "se viven casi a diario"
Tras el incendio en neonatología, la directora del hospital aseguró que los trabajadores son atacados a diario y deben atender a sus agresores.
El reciente y grave incidente en el Hospital Pedro Moguillansky, donde una pareja provocó un incendio tras una intervención de la Senaf, volvió a poner en el centro del escenario una problemática estructural que afecta silenciosamente a las instituciones médicas. Más allá del peligro inminente que sufrió el sector de neonatología, las autoridades locales alertan que estos episodios lejos están de ser hechos aislados.
La directora del hospital, Margarita Rizzi Salto, advirtió con profunda preocupación que las situaciones de violencia dirigidas hacia el personal sanitario se han transformado en una constante dentro del sistema público. “Son situaciones que se dan bastante seguido. Somos reflejo de la sociedad y también consecuencia de eso”, señaló la funcionaria en declaraciones radiales, analizando el trasfondo de la problemática.
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El dilema de atender a los agresores
Uno de los puntos más críticos señalados por la máxima autoridad del hospital radica en el desamparo institucional y psicológico que experimentan los empleados de la salud tras sufrir un ataque. Según explicó la directora, el protocolo actual y la naturaleza del servicio público obligan frecuentemente a los profesionales a mantener el contacto directo con quienes los violentaron.
“El paciente termina siendo atendido por el mismo profesional que sufrió la agresión. Eso se vive casi a diario”, expresó Rizzi Salto, lamentando las complejas condiciones en las que los trabajadores deben continuar desempeñando sus tareas cotidianas dentro del establecimiento.
El detonante: pánico y evacuación en el hospital
Las crudas reflexiones de la dirección médica surgen como continuidad del violento episodio que obligó a reforzar de urgencia las medidas de seguridad del edificio. El hecho se desencadenó cuando una mujer —que había ingresado para una cesárea— y su pareja fueron notificados sobre una medida de resguardo dispuesta por la SENAF para proteger a su bebé recién nacido.
La respuesta de los progenitores fue de un descontrol absoluto. “Agredieron al personal de Senaf y volvieron a la habitación donde prendieron fuego el colchón”, relató la directora. Si bien las llamas fueron sofocadas con rapidez por una enfermera y el padre de otro paciente utilizando un matafuegos, el daño emocional en el área fue severo. “Hubo humo, incertidumbre, mamás primerizas muy asustadas y se tuvo que evacuar el servicio”, detallaron desde el centro asistencial.
Tras el ataque, el hospital quedó bajo una tensa calma. Mientras que la madre de la menor fue detenida poco después del hecho y el padre continúa siendo intensamente buscado por las autoridades, el foco de la gestión hospitalaria se mantiene hoy en cómo resguardar a un cuerpo profesional que, de manera cotidiana, trabaja expuesto a la violencia social.
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