El verdadero "manos de tijera" vivió en Cipolletti

Richard murió hace dos años, pero sus clientes aún van a su histórico salón.

Silvana Salinas - acipolletti@lmneuquen.com.ar

La vida en la peluquería Richard (hoy de Gabi) parece transcurrir en un universo paralelo.

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Casi puede verse el instante fugaz cuando un nuevo cliente traspasa la puerta y su cara simplemente cambia. Cualquier gesto adusto parece alivianarse de repente, cuando pone un pie en la “pelu” y deja en la calle -durante minutos- el traje de un día pesado cualquiera. La mochila de las preocupaciones, algún que otro problema o el cansancio rutinario.

¿Un café? ¿Agua? ¿Un caramelo? El recibimiento ya es gustoso. Unos segundos esperando el turno, con revistas (¡nuevas!), diarios y libros de autores locales al alcance de la mano, y de ahí directo al sillón. Sin vueltas.

Las manos y las tijeras de Gabriel Bianchi vuelan y hacen el resto. Y es que el oficio no es solo el oficio. Él ostenta una tradición heredada. Sus tijeras tienen peso propio. Lleva las riendas de una peluquería que fundó su padre, quien falleció años atrás, y dentro de poco cumplirá 50 años.

Y sí, es un salón más de Cipolletti, pero no cualquiera. Es la peluquería de Richard. Un emblema de las últimas décadas que no solo supo marcar tendencia, sino ganarse un lugar en la historia popular cipoleña. Miles de cabezas masculinas pasaron por sus manos y a la clientela, de generación en generación, la recibe hoy su hijo Gabriel.

¿Cuál Richard? “El que organizaba los primeros desfiles de modelos en la región”, recuerdan los más memoriosos. “El que traía las modelos más importantes del país”, “el que organizaba miles de eventos (en Zakoga, en Tarkus), participaba en concursos de belleza y coordinaba avant premier de estrenos en VHS”. “El que ‘comenzó a lavar las cabezas’ en el local”, “el que introdujo en la zona el corte a navaja”, recuerdan otros.

Peluqueria Cipo

También era el que conocía la movida nocturna cipoleña y neuquina como la palma de su mano.

El local de calle San Martín 47 es el escenario de la magia desde hace más de 45 años. Donde el aire se entremezcla con las historias que cobijan sus paredes.

¿Pero quién fue Richard realmente? Un personaje. Un hombre de cuna humilde, laburante, con un espíritu arrollador y emprendedor como el de pocos.

Su hijo Gabriel casi no sabe por dónde empezar. “¿Qué querés que te cuente?”, dice.

“Mi padre fue un buscavidas. Y este oficio le dio la oportunidad de ser alguien en la vida”, cuenta. Nació en Treneta, una pequeña localidad a los pies de la Meseta de Somuncura, a 100 kilómetros de Ramos Mexía y a unos 80 de Valcheta.

Menudo pero fuerte. Testarudo en sus ideas y sus ganas. Vendió diarios en los trenes de chico, nadie se resistía a sus pastafrolas… y no dudó, ya de muchacho, en unirse al mundo ferroviario.

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Nunca pudo terminar la primaria. “Decía que tenía sexto grado mal aprobado”, se ríe Gabi, que siente un orgullo por su padre que no le cabe en el pecho, “pero hizo todo lo que se propuso”. Vivió en varias localidades rionegrinas, entre ellas San Antonio, donde a los 9 conoció el helado y el cine. Los descubrimientos lo fascinaban.

“Mis abuelos -sigue- eran ferroviarios, mi papá fue guarda… y siempre fue un buscavidas. Ya de más grande se fueron a Bahía Blanca. Ahí se casó y abrió su primera peluquería, pero no le iba muy bien y un amigo que corría en motos le habló del Valle”.

Edgardo Ricardo Bianchi –“Richard”- decidió venir a probar suerte. Cipolletti lo recibió y en 1973 abrió su propio local.

Rápidamente se insertó en toda la movida local. “Él solo empezó a contactarse con todo el ambiente social, de gastronomía, de boliches, de la moda”, relata su hijo. Y comenzó a abrirse paso como organizador de eventos, de desfiles, de fiestas, de concursos. “A traer a la zona todo lo más novedoso”, agrega.

Políticos, empresarios, funcionarios, deportistas, artistas, vecinos en general, de a montones, han dejado sus cabezas en manos del gran coiffeur. Y hoy muchos siguen pasando (quizá con menos pelo que antes) “aunque sea a charlar, a tomar un cafecito o a saludar”, cuenta su hijo.

“Él disfrutaba de cortar el pelo a grandes amigos. Hace dos años y medio murió, y hoy seguimos atendiendo a la tercera generación de sus fieles clientes. ¿Qué más podemos pedir?”, finaliza Gabi.

“Mi padre fue un buscavidas. Y este oficio le dio la oportunidad de ser alguien. Hace dos años murió, y seguimos atendiendo a sus fieles clientes”. Gabriel Bianchi hijo de richard, actualmente atiende la peluquería

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Los vecinos más reconocidos, clientes de Richard

De repente, los fines de semana, la peluquería se transformaba. Podía ser un lugar de charla, de encuentro y hasta de “transmisión” deportiva.

Allá por los 70, iban todos los jugadores del Club Cipolletti. “Se hacían cortes modernos de la época”, dice. “Se usaba tipo Rolando Rivas taxista”, agrega. Y a veces se hacían programas de radio. Se armaban grandes “picadas” y entrevistas en el medio.

“El Bambi Flores, Strack, Michelini… muchos jugadores pasaban por acá, y venían (¡cómo olvidar!) las leyendas de la radio, Néstor Radivoy, Pedro Brody, Lucho Gil… ¡qué épocas!”, comenta Gabriel.

“Mi papá murió, pero con mi hermano seguimos la tradición. Él tiene otro local de cortes para mujeres y niños, y yo acá”, dice.

“¿Nunca pensaste dedicarte a otra cosa?”, le preguntamos desde este medio. “¿Yo? ¡No! Aprendí desde muy chico al lado de mi papá y hasta se enojaba cuando algún cliente me prefería”, exclama entre risas. “¿Otra cosa?”, insistimos, y él piensa, tratando de hacer memoria: “¡No! Si no sé hacer ninguna otra cosa”, sostiene.

Entre corte y corte, tijera va, tijera viene, más de un político no resistió y preguntó: “¿Qué dice la gente?”. Y Gabi, no duda en responder: “El que habla en esos casos es el sillón. De ahí sale lo bueno, lo malo. Aunque no le guste, surge todo lo que uno escucha. Pero ellos saben que ‘todo queda ahí’”

Los chismes van y vienen, pero no salen de la puerta.

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