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El kiosco saludable ahora llegó a la escuela de Ferri

Gustosos, los alumnos cambiaron las golosinas por frutas, tal como ocurrió en el Anai Mapu.

Guadalupe Maqueda

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Un tropel de guardapolvos blancos sale corriendo al recreo de la Escuela 36 con muchas ganas de tomar un yogurt, chupar el jugo de una naranja, compartir unos puflitos, unas tutucas o unos pochoclos. Son chicos, espontáneos, de sonrisa fresca, atropellados, no pueden esperar. Todos quieren llegar primero y se apiñan para comprar algo rico en el kiosco saludable, mientras una música de fondo ameniza el juego, las corridas, los diálogos. “Les decimos que esperen, pero igual se amontonan”, dijo Inés Moscoso, la portera que pone manos a la obra en el kiosco.

El pasado 21 de marzo, la comunidad educativa, junto a la Fundación Sol Patagonia, puso en marcha esta iniciativa, y al cabo de un mes, prácticamente, los resultados son muy alentadores. “Los chicos piden lo que hay, ya se acostumbraron a todo lo que ofrecemos en el kiosco. Lo que son tutucas, puflitos y vainillas se vende mucho. También pochoclo. Y lo primero que piden es yogurt. Estamos por empezar a darles con cereal”, comentó Inés a LM Cipolletti.

Una de las nutricionistas que sostienen este proyecto, Mariana Eulalia, aseguró: “Los niños cambian hábitos, de modo que si les das alimentos sanos, aunque estos sean lo opuesto a lo que están acostumbrados a comer, los van a incorporar”. Algo similar advirtió la directora de la institución, Teresa Martínez, quien agregó: “Hay que fomentarlo desde que son niños y darle continuidad hasta el secundario”.

Además, el hecho de incorporar hábitos saludables no sólo mejora la calidad de vida de los alumnos, ya que estos, a su vez, se convierten en multiplicadores en otros contextos de referencia.

El proyecto debutó en la Escuela 294 del Anai Mapu; y la experiencia ahora se replicó en Ferri, donde sus docentes vieron con muy buenos ojos tener un kiosco saludable, en reemplazo del tradicional. Tanto es así que comenzaron a capacitarse el año pasado. “Nos parecía importante que sea saludable”, expresó Martínez.

Eulalia destacó la enorme predisposición que tuvo la comunidad educativa desde el inicio, para hacer posible esta iniciativa en la Escuela 36, adaptándola a la realidad del grupo, desde los alumnos hasta el personal no docente. “En Ferri, el puntapié inicial lo dieron ellos. Vieron algo que estuvo a su alcance y quisieron hacerlo. Empezamos con talleres de capacitación, luego distribuimos tareas y pusimos en marcha el kiosco”, contó la nutricionista. Y Martínez acotó: “Todos le ponen el hombro”.

Una maestra lo diseñó y reforzó para que el kiosco sea móvil. Ponen música de fondo y tienen en mente la idea de pintar rayuelas en el patio. “Más allá del kiosco, buscamos generar un espacio saludable, que el kiosco despierte en el chico otras atenciones. No se trata sólo de venir a comprar, sino de disfrutar de la música, los colores y leer la cartelera, donde otros alumnos trabajan en el aula la limpieza bucal, los hábitos alimentarios, los cuidados del cuerpo”, detalló Eulalia.

“Los niños cambian hábitos, de modo que si les das alimentos sanos los van a incorporar. Hay que fomentarlo desde que son niños y darle continuidad hasta el secundario”. Mariana Eulalia. Nutricionista que sostiene el proyecto

10 son los productos que ofrece el kiosco saludable.

Dos de ellos pueden no ser sanos, como los caramelos y los cubanitos. Se les llama no sanos porque aportan alto contenido de azúcar, de grasas saturadas y de sodio.

Es muy rentable

Al principio, las frutas y el yogurt bebible estaban de adorno, pero al cabo de un mes, los chicos lograron incorporarlos, a tal punto que el consumo es cada vez mayor. “Con el kiosco saludable vendemos más, los chicos compran mucho”, sostuvo la directora.

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