El joven golpeado por Oliva aseguró: "Yo ya pagué"

Estuvo siete años preso y dice estar arrepentido. Jura que él no molesta y que busca reinsertarse.

Muy molesto por la violenta situación vivida en los tribunales cipoleños el miércoles por la mañana, Pablo M. habló con este diario y dijo no entender la reacción de Marcelino Oliva, quien lo golpeó y le produjo un corte en una mano durante una audiencia de ejecución de pena. “Yo no molesto a nadie y ya pagué: estuve en un instituto de Buenos Aires y pasé encerrado en Devoto y Marcos Paz; fueron casi siete años”, recordó el joven de 25 años.

Pablo goza de la libertad condicional desde hace poco más de tres años luego de cumplir dos terceras partes de su condena de 10 años y 8 meses como partícipe en el homicidio de David Oliva, un hecho ocurrido el 29 de diciembre de 2008. “Estoy arrepentido de que haya pasado eso. Entiendo que le quitaron la vida a su hijo pero no se qué quiere inventar: me lo he cruzado en el centro y no lo miro para evitar problemas”, resaltó el joven.

A la hora de repasar las etapas de la causa judicial, Pablo indicó que tenía sólo 16 años cuando empezó todo y que durante varios años estuvo alejado de su familia, cumpliendo la pena impuesta por la justicia local y con la única posibilidad de ver a sus allegados en el último tiempo. Desde que consiguió la libertad, el joven destacó que cumple con las pautas de conducta, no cometió nuevos delitos y además, se las rebusca como vendedor ambulante. En el verano, explicó, vendía cerezas y “Oliva pasaba y se reía, parecía que me estaba buscando, que reaccionara”.

Más allá de lo que la gente piense y el peso de llevar un apellido ligado al delito, Pablo aseguró que insistirá en reinsertarse en la sociedad y que así lo demostró a las autoridades judiciales y penitenciarias porque, además de terminar quinto año, fue el abanderado. “Me cuesta conseguir trabajo porque mostrás un curriculum, ven el apellido y ya te miran mal”, precisó. Igualmente, el joven insistió: “Yo ya estuve adentro, lo pasé una vez, sin ver a mi familia y no quiero volver a pasarlo otra vez”.

Ayer, Pablo declaró como testigo por el ataque sufrido en el interior de la sala de audiencias del Juzgado de Ejecución Penal 8. Sobre el hecho, dijo que tras ser golpeado se limitó a abandonar el sitio y pedir ayuda a la guardia policial para que protegieran a su abogado y al juez Lucas Lizzi.

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