El guardavidas que escribió la historia de Las Grutas

Tito Mazza lleva 37 años cuidando a los turistas en el balneario.

Francisco Mazza observa por detrás de sus anteojos oscuros a los bañistas que se alejan un poco más de la costa y relata sus impresiones como un pensamiento en voz alta. El oleaje es tenue, lo que reduce los riesgos, pero de todos modos sigue escudriñando el mar con atención. Un joven que nada hacia el interior lo inquieta, pero el muchacho vuelve sin problemas, y eso lo serena.

Era una criatura cuando comenzó a ir a la playa con sus padres. No recuerda cuándo, pero sostiene que tiene fotos de cuando tenía 6 años y Las Grutas era otro de los balnearios de los sanantonienses con apenas un puñado de casas.

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Tito, como todos lo conocen, ya es parte del inventario de la villa turística. Lleva 37 años de guardavidas, muchos de ellos en la Tercera Bajada, el sector más concurrido y con mayor movimiento debido a que allí alquilan las bananas y descargan las embarcaciones.

Se interesó por la natación de muy chico, y con apenas 12 o 13 años era habitual para él cruzar a nado la ría de San Antonio, que en algunos lugares alcanza los 200 metros.

En esa época comenzó a acercarse a los guardavidas, que entonces custodiaban sólo dos bajadas, las únicas que existían para el descenso de los veraneantes. Ayudaba con las sillas y las sombrillas, y con eso rescataba unos pesos “para la coca y el sanguchito”.

Inquieto y arriesgado, cuenta que en pleamar se tiraba en la Primera Bajada y buceaba entre las cuevas que se conectan.

Una tarde colaboró en un salvataje, y planeó seriamente incorporarse al cuerpo de guardavidas. Lo logró al año siguiente. Con el tiempo se capacitó, en Neuquén y Viedma, y comenzó a tener mayores responsabilidades, como ser jefe de playa, y se convirtió en referente de los demás jóvenes que se fueron incorporando al equipo de salvataje.

A lo largo de tantos veranos ha participado en tantos rescates que muchos los olvidó. “Cada tanto viene alguien y me recuerda alguno. Debe ser que me estoy poniendo viejo”, bromea por las lagunas de su memoria.

Sostiene, también con humor, que si fuera por él continuaría en el puesto en la arena de Las Grutas “hasta los 120 años”.

Desde la orilla vigila el mar, al que conoce de memoria. Nació en San Antonio y pasó de los clavados en la Primera al cuerpo de rescatistas.

“Cada tanto viene alguien y me recuerda algún rescate. Debe ser que me estoy poniendo viejo”. Trabajaría hasta los 120 años”.Francisco Mazza. Guardavidas de Las Grutas

Aconseja no confiar en el mar los días de viento

Para Mazza, el peor escenario en la playa es el viento del sur. El mar se pone bravo y el oleaje es más intenso. Entonces se incrementa el riesgo. “La gente por ahí viene al mar y el día es como hoy, tranquilo, con pocas olas. Pero después viene con sudestada y se confía, se mete con el agua hasta el pecho y por ahí no pueden salir”, explica.

El fenómeno ventoso también suele provocar “chupones”, que son altamente peligrosos. Cuando una persona cae en uno, la corriente lo arrastra mar adentro y por más que intente salir nadando, difícilmente lo logre. Usualmente el cansancio lo vence, más el nerviosismo del momento la situación se convierte en crítica.

Los especialistas aconsejan dejarse llevar por la correntada y tratar de mantener la tranquilidad, para luego salir nadando por uno de los costados. O esperar hasta que un guardavidas lo rescate.

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