A 36 años de la histórica campaña de Fernández Oro y el duelo ante Atlanta
Los héroes del Trueno Verde volvieron a reunirse para rememorar el histórico duelo ante el Bohemio. Con un asado de por medio volvieron a posar para las cámaras con las casacas.
Hay campañas que quedan archivadas en tablas de posiciones y otras que sobreviven para siempre en la memoria de un pueblo. La de Club Fernández Oro en el Torneo del Interior 1989/90 pertenece claramente al segundo grupo.
Pasaron 36 años, pero en Oro todavía se sigue hablando de aquel equipo del “Trueno Verde” que se animó a recorrer la Patagonia, eliminar rivales pesados y terminar jugando nada menos que frente a Atlanta, uno de los históricos del ascenso argentino.
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El recuerdo volvió a aparecer esta semana con una nueva juntada de los protagonistas de aquella epopeya futbolera.
Alejandro Raúl “Cato” Martini fue uno de los impulsores del encuentro y contó cómo nació la idea de mantener vivo el reencuentro. “Yo un poco tomé la aposta del tema, imaginate que ya se cumplen 36 años de aquella ocasión y año a año no hemos tenido una continuidad de poder juntarnos por diferentes cuestiones. Por ahí éramos un grupo minoritario de ese plantel”, relató.
“El año pasado, que se cumplieron 35 años, decidimos todos los años, cuando llega esta fecha, o sea la fecha indicada es el 28 de abril, pero coincide que justo el fin de semana es el Día del Trabajador, entonces aprovechamos el 30 para hacerlo”, agregó.
La reunión se realizó nuevamente en la casa de Daniel Villarroel, quien fuera el capitán en aquel equipo. “Lo bueno de todo esto es que el grupo está completo. Entenderán por qué lo digo, a veces te falta uno, te falta dos. Acá estamos todos completos y la verdad que lo vivimos con muchas ansias”, contó.
Un grupo que se armó para hacer historia
La base del equipo comenzó a construirse en 1988 bajo la conducción de Domingo Colantuono. Primero llegó el subcampeonato en la Liga Confluencia y luego, en 1989, el título que clasificó al Trueno Verde al viejo Torneo del Interior. “Fue un grupo que se armó más o menos en el año 88. Iniciamos junto conmigo y Domingo Colantuono, que era el técnico de Fernández Oro en ese momento. Se armó un grupo de personas fundamentalmente y futbolistas”, recordó Martini.
“En el 88 salimos subcampeones de la Liga Confluencia, en el 89 salimos campeones y eso nos permitió clasificar al torneo del interior, como se llamaba en esos años”, repasó.
La mayoría de aquel plantel continuó unido durante toda la aventura nacional. “Ese grupo, en su mayoría, fue el mismo con el que tuvimos esta gran oportunidad después de jugar un torneo casi a nivel nacional”, destacó.
En tiempos donde el profesionalismo todavía parecía lejano para muchos clubes del interior, el equipo funcionaba prácticamente a pulmón. “Este equipo ni siquiera era semiprofesional. Si bien el club tenía o en algunos momentos, los fines de semana por ahí nos daba un mango, por decirlo de alguna forma, esto era todo a pulmón tanto en lo institucional como en los futbolistas”, afirmó.
Como sigue pasando en el amateurismo, los jugadores dividían sus días entre el trabajo y los entrenamientos. “Todos trabajábamos o en su gran mayoría y nos juntábamos siete y media, ocho de la noche, practicábamos hasta las diez. A veces con temperaturas de frío, a veces con lindas temperaturas, pero era parte de esto”, mencionó.
Mientras algunos rivales tenían presupuestos mucho más importantes, Fernández Oro sobrevivía gracias al esfuerzo colectivo. “Todo fue mucho sacrificio, por eso tiene más valor todavía llegar a la instancia que llegamos. Había equipos que jugaron contra nosotros, como All Boys de La Pampa o Independiente de Neuquén, que tenían otra realidad y otro presupuesto”, reconoció.
El recorrido hasta Atlanta
El Trueno Verde comenzó a dejar rivales en el camino y rápidamente empezó a llamar la atención en toda la región. “La primera eliminación fue con todos los equipos de la región, Bariloche, Río Colorado, La Pampa, luego Gaiman de Trelew, Independiente Neuquén hasta llegar a los octavos de final y nos tocó con Atlanta”, recordó Martini.
Cada viaje era una verdadera odisea y una aventura para un plantel amateur. “Cuando fuimos a La Pampa dormimos en el batallón del Ejército. No teníamos presupuesto ni para ir a hotel. En Bariloche dormimos en un albergue y en Gaiman en una especie de gimnasio que tenía habitaciones”, enumeró.
La única vez que pudieron hospedarse en un hotel fue justamente cuando viajaron a Buenos Aires para enfrentar al Bohemio. “Después del campeonato fue prácticamente casi un año del Torneo del Interior porque en algunos momentos se frenaba, en otros seguía y también estaba el Nacional B. Era toda una mixtura de torneos”, explicó.
Pese a todas las dificultades, el grupo nunca perdió la ilusión. “Armamos un grupo que sabía de qué se trataba y de todas formas lo llevamos a cabo siempre con responsabilidad”, aseguró.
La locura del pueblo
Con el correr de los partidos, Fernández Oro empezó a vivir algo completamente inesperado. El pueblo se identificó de lleno con el equipo y acompañó cada paso de la campaña. “Cuando nos fuimos deberían haber 2.500 o 3.000 personas y no nos podíamos ir. El colectivo salía de la sede del club y no nos dejaban ir”, recordó Martini.
Los hinchas seguían al Trueno Verde por toda la Patagonia sin problemas e ingeniándoselas. “La gente nos acompañó a todos lados. Cuando fuimos a Bariloche, Río Colorado, La Pampa. Se juntaban grupitos, se subían a un colectivo, en auto como podían llegaban. La gente estaba más entusiasmada que nosotros”, afirmó. El vínculo entre el plantel y el pueblo se volvió cada vez más fuerte.
"La gente se acercaba, nos ofrecían los fines de semana comer en casa, hacernos algo en el club. En ese sentido, bárbaro”, dijo. Y después de la eliminación ante Atlanta, el reconocimiento fue todavía más emocionante en la localidad. “Cuando volvimos nos estaban esperando, nos aplaudieron y escucharon el partido por radio obviamente. Todo el mundo estaba feliz de la vida porque habíamos representado a Fernández Oro”, recordó.
“La gente nos festejó como si hubiésemos ganado. A nadie le gusta perder, pero en esta circunstancia sabíamos a dónde habíamos ido y con quién habíamos jugado”, agregó.
El día que enfrentaron al Bohemio
El cruce con Atlanta quedó grabado para siempre en la historia deportiva del club. “Para nosotros eso fue un regalo del cielo”, aseguró Martini. Atlanta tenía un plantel de enorme jerarquía y terminaría ascendiendo al Nacional B ese mismo año. Del otro lado aparecía un equipo amateur del Alto Valle al que en Buenos Aires prácticamente nadie conocía.
“En los diarios decía que venía un equipo de la Patagonia o de Río Negro. Ni siquiera sabían de Fernández Oro”, contó. Sin embargo, el Trueno Verde sorprendió a todos porque en los primeros 45 parecía que el marcador se iría al descanso sin goles, lo que molestó a la hinchada local.
“La cancha estaba llena y hay algo muy significativo, terminábamos el primer tiempo 0 a 0”.
Entonces llegó la jugada más recordada de la historia del partido cuando se acercaba el descanso. “Gastón González, el arquero, tuvo una desgracia de esas que suelen suceder. Intentó sacar rápido y un jugador de Atlanta le saltó adelante. Se le escabulle la pelota y cae adentro del arco”, repasó.
Hoy, 36 años después todo el plantel piensa igual, que con la tecnología del futbol moderno, esa jugada debió haber sido revisada. “Hoy con VAR capaz que no era gol, pero el árbitro hizo pim y marcó al medio”, sostuvo. El joven arquero quedó totalmente golpeado. “En el vestuario, los 15 minutos que descansamos, no paró de llorar. Tenía 17 años y no había forma de consolarlo”.
Después, en el complemento, llegaron las expulsiones y todo se hizo cuesta arriba para el equipo regional. “Irían 15, 20 minutos, en una jugada con un tiro largo, antes se acostumbraba a tirar a Ley del Offside y no salió. El arquero salió a cortar la jugada y le pegó al delantero, lo volteó, penal y expulsión. En aquel momento solo se permitían dos modificaciones y ante un contexto adverso Hugo López terminó improvisando como arquero. Entró Hugo López, que era el número cuatro. Tuvo que atajar el penal y obviamente hicieron el gol”.
A pesar de la derrota, Martini reconoce que el equipo estuvo a la altura aún jugando con 9 todo el complemento. “Teníamos un equipo bien armadito, bien estructurado. Si había que pegarle de punta se le pegaba de punta no había problema y si se podía parar una pelota y salir jugando se salía jugando”, describió.
También destacó la jerarquía ofensiva que tenía el plantel. “Los dos delanteros potentes hacían diferencia. Claudio Sícolo venía de Independiente de Neuquén, Fernando Iglesias de Unión de Allen y Mirko Ledema del Deportivo Roca”, comentó. El resultado final fue 4 a 1 para Atlanta, pero el regreso al Alto Valle tuvo sabor a hazaña. “Cumplimos con lo que teníamos que cumplir, que era representar a Fernández Oro y hacerlo de la mejor forma. Así lo hicimos. El resultado es otra historia”, afirmó.
Las anécdotas que siguen vivas 36 años después. Las historias se repiten, todos lo saben, todos ya las escucharon mil veces pero nadie quiere que se terminen y así volvió a suceder. “Siempre contamos las mismas anécdotas, pero cada vez que las contamos igual nos reímos. Hacemos de cuenta que nunca las escuchamos”, dijo Cato entre risas. Con asado, alguna bebida, mesas largas y muchas horas hablando de fútbol. Solamente de fútbol. “Se habla de fútbol nomás, eso lo puedo garantizar, no hay ningún tema que se cruce”, cuentó.
Y es lógico porque en esas reuniones aparecen nombres pesados para la historia futbolera de la región. Futbolistas que después hicieron carrera importante, jugaron en Cipolletti y hasta llegaron al Nacional B.
“Están Mingo Perilli, Claudio Siccolo, Fernando Iglesias. Ellos arrancaron con nosotros en el 89-90 y no hay otra forma que no hablar de fútbol”, afirmó. Las cargadas tampoco faltan, nunca faltan porque hay una escena que quedó inmortalizada en la memoria del grupo fue aquella desafortunada jugada de Gastón González.
“Esto también es parte de Gastón González, que se le cae la pelota y hacen el gol antes de terminar el primer tiempo”, recordó Martini.
Con ello automáticamente aparecen las bromas de siempre. “Después siempre aparece alguno diciendo ‘vos estabas en el arco cuando me hicieron los goles, tres goles’. Entonces siempre está esto de ‘perdimos por culpa tuya’”, sostuvo.
Nadie se salva. Todos reciben alguna factura pendiente de hace más de tres décadas. Una mala salida, un penal, una expulsión o algún gol errado siguen siendo tema de discusión como si el partido hubiese terminado ayer.
Pero detrás de cada chicana hay algo mucho más fuerte. Está el orgullo de haber sido parte de un grupo que quedó para siempre en la historia de Fernández Oro. Por eso volvieron a reunirse, por eso siguen hablando durante horas del viaje a Buenos Aires, de las canchas llenas en La Pampa, de las noches durmiendo en gimnasios o en un batallón del Ejército y de aquel equipo amateur que se animó a jugarle a Atlanta.
Treinta y seis años después, el Trueno Verde sigue vivo en esas sobremesas eternas donde el fútbol todavía parece no haberse terminado nunca y por eso, el plantel volvió a vestirse y a posar para las cámaras como en aquel duelo.
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