Del Valle a dirigir misiones espaciales en la NASA

Miguel San Martín se convirtió en un ingeniero de renombre mundial.

Por Alberto Rivero

riveroa@lmneuquen.com.ar

Miguel San Martín nació en una chacra en Villa Regina, donde volvía cada verano con sus padres para escapar de la ruidosa Buenos Aires. Años después se convirtió en uno de los científicos más reconocidos en el mundo tras dirigir dos de las misiones más importantes de la NASA en Marte: Pathfinder y Curiosity.

En enero de 1959, en una chacra a la vera de la Ruta Nacional 22, Miguel llegaba al mundo rodeado de plantas de manzanas y peras. El predio había sido entregado como parte de pago a su padre, un ingeniero civil que trabajó en el diseño del sistema de riego.

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“Desde chico tenía una pasión por la ingeniería, por todo lo que tenía movimiento y electricidad. Me producía mucha curiosidad, al borde de la obsesión. Siempre tuve en claro lo que quería ser de grande. Empecé a seguir de cerca el programa espacial Apolo, cuando el hombre pisó la Luna, y me emocionaba. Eso me dio vuelta la cabeza”, recordó San Martín.

El 20 julio de 1969 el Apolo 11 alunizó y los astronautas Neil Armstrong y Edwin Buzz Aldrin fueron las primeras personas en pisar la superficie lunar. Ese momento marcó un hito en la historia de la humanidad y de la tecnología, ya que también fue la primera transmisión en vivo y en directo para todo el planeta Tierra a través de un enlace satelital. “Ahí caí que para trabajar de eso me tenía que ir de Argentina. Cuando la NASA descendió su primera misión en Marte (1976), yo estaba en Regina. Se llamó proyecto Viking. Yo seguí todo el aterrizaje por radio, y al otro día me levanté temprano y fui a comprar el diario. Ahí leí que había sido un éxito”, relató.

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Terminó el colegio industrial, con orientación en electrónica, y se mudó a Estados Unidos. Estudió ingeniería electrónica en el Estado de Nueva York, y luego aeronáutica y astronáutica en la Universidad de Cambridge, en Massachusetts. Con 26 años se presentó a un llamado para trabajar en la NASA y el gran sueño comenzó a ser realidad.

“El primer proyecto en el que trabajé fue Magallanes, para poner en órbita una sonda en Venus. Luego surgió trabajar en una misión a Marte llamada Pathfinder, un proyecto que todos rechazaban porque era pequeña, de alto riesgo y con un presupuesto súper acotado de alrededor de 350 millones de dólares. Conformamos un grupo de jóvenes rebeldes, que, pese a todo, logramos aterrizar de forma exitosa el primer vehículo robot, el Sojourner, en 1997”, expresó.

Luego continuó siendo parte de otras misiones marcianas y se destacó por Curiosity, que aterrizó en 2012 con un vehículo de exploración, gracias al cual se hallaron evidencias de vida microbiológica en el planeta rojo.

Sus próximos dos proyectos

Miguel San Martín vive en California y forma parte de dos proyectos. “En el 2020 tenemos otra misión que tomará muestras en Marte. También trabajamos en la exploración de Europa, una luna de Júpiter que tiene más agua líquida que la Tierra bajo una capa de hielo. Allí podría haber vida microorgánica. El problema de esta misión es su distancia y el campo de radiación intenso que la rodea”, explicó el ingeniero.

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