"Quiero volver a la cárcel": Educa a presos cipoleños y describe escalofriante panorama
Adrián, ejemplo de vocación, no se achica pese a las dificultades y la violencia interna y espera retomar ese rol. Hoy el Profe impulsa el secundario nocturno.
La cárcel es un lugar al que la mayoría le evita. Sin embargo, Adrián Ciancio la extraña y admite sin dudar “quiero volver”. Pero atentos que no se trata de un expreso, ni siquiera de una persona con antecedentes penales. Todo lo contrario: es un profesor.
Cancio intenta educar incluso a personas que, según los prejuicios que en algunos casos lastimosamente se cumplen, parecen tener conductas incorregibles o están poco dispuestas a aprender las cosas buenas.
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Llegó a la región en 1989 y sus primeros trabajos fueron como Jardinero. Eso, sumado a su rol de docente, le abrió las puertas del penal.
“Yo trabajaba en el Cens 15 y se le agregó como anexo la cárcel de Cipolletti. Ahí me agarró el impulso de explorar en esa especialidad”, indica sobre su vinculación con los establecimientos penitenciarios.
“Primero entré a dar taller de jardinería, fueron como cuatro años. La base era el tema de la huerta, para que estudiantes privados tengan futuro. Luego se fue el anexo y llegó el Centro Educativo para jóvenes y adultos. En ese momento, me seleccionan para ser coordinador administrativo pedagógico en la cárcel. Hice un curso acelerado en contexto de encierro, estuve 2 años allí, de lunes a viernes, de 9 a 13”, amplía este fanático de Boca.
Vivió situaciones reconfortantes y otras no tan gratas en el centro de detención. Por ejemplo, se jacta humildemente de ser uno de los impulsores de Marcos Bravo, el talentoso escultor que realizó sus primeras obras estando preso.
El alumno más famoso
“Un día le pido a Marquitos que me suelde un banco de la escuela, lo felicité por lo bien que lo hizo y ahí me comentó que lo que le gustaba hacer eran las esculturas, los animales. Le imprimí fotos específicas, se las llevé y ahí creció. Mérito suyo y orgullo nuestro”, celebra el éxito actual de quien supo reinventarse y reinsertarse.
No es el único exconvicto que salió adelante y le sacó una sonrisa al profe. “Algo muy lindo me pasó hace poco, que me crucé en la calle a un estudiante que tuve en la cárcel y estaba haciendo trabajos de jardinería en el barrio, el tipo se encausó, tiene un oficio”.
También recuerda con el pecho inflado el “proyecto de apicultura que en 2018 logró el primer premio en un concurso prestigioso que se hace en Entre Ríos, ganamos con mieles oscuras”.
A pesar del clima de “tensión” que se palpa y la adrenalina que se siente al ingresar a la cárcel, reivindica el trato entre presos y maestro. “Hay muchísimo respeto al docente, más de lo que cualquiera pueda suponer. Son agradecidos que gente de civil vaya, no son pocos los que se animan. El compromiso que tienen los docentes con ellos se valora. El resto del mundo carcelario está ligado a la justicia y ahí ya están más alertas”, explica sintiéndose un privilegiado.
La parte más dura
En el tramo más picante de la charla admite que “existe la agresión entre ellos. El protocolo actúa enseguida en esos casos, pero me pasó de tener que quedarme quieto y resguardarme en algún lugar seguro o abandonar el aula. Se ponen ciegos en las peleas y te podés comer un garrón. El problema es cuando están encerrados por causas que se ubican en distintos pabellones y ahí vienen y se juntan”.
Seguidamente realiza un crudo diagnóstico de las condiciones carcelarias que claramente “no son las mejores”.
“Y muchas veces no se cumplen algunas reglas, se cruzan con presos viejos los que recién ingresan y los de adentro se encargan de que la pasen mal. Lástima que las cárceles no están hechas para rehabilitación, honestamente. Por eso siempre digo que los mejores docentes deben estar en la cárcel”, reflexiona a la vez que prepara la primera clase para jóvenes y adultos del ciclo lectivo 2024 -ver más abajo-.
Se le viene a la mente otra anécdota triste: “Un día le digo a un alumno, vamos a trabajar dándole una palmada en la espalda, pero no va que se resintió, le dolió porque según él le habían dado una golpiza en la requisa”.
“Allí muchos no la pasan bien y sacan lo peor de sí. Dentro del pabellón es la ley del más fuerte. Tienen jerga carcelaria para que se puedan comunicar sin que se den cuenta de lo que están hablando. Por eso, el trabajo del docente es importante y admirable”, asegura con plena convicción tras describir un escenario alarmante.
Vaya si es palabra autorizada quien fuera “Director Provincial de contexto de encierro en Neuquén y quiero volver a la cárcel. Muchos reconocen que quieren cambiar ya que, en definitiva, lo peor es estar privado de la libertad”.
Mientras, da clases en el nocturno
Hoy Adrián está a cargo en el Cens 15 del Bachiller para jóvenes y adultos e invita a la comunidad a “sumarse”. “Por ahora hay pocos estudiantes, después de la pandemia bajó la asistencia y estamos intentando difundir que hay un bachiller de 3 años, apenas, de duración. Arrancamos la semana que viene y la inscripción se inició en marzo y estará abierta hasta junio”, adelanta.
“Hicimos una linda movida en La Corrida, con panfletos, docentes que colaboraron, fue muy bien recepcionado. Hay gente que no tiene idea que existe un nocturno y deben saber que el secundario es clave para conseguir trabajo. Pueden anotarse en Paraguay 1050, de 20.15 a 23.30”, resalta la importancia de culminar el nivel medio.
“Tuvimos un estudiante que rondaba los 80, hoy a una señora de 60. Es cuestión de animarse”, finaliza Adrián, el profe audaz, justamente. El que siente orgullo de dar clases en la cárcel y allí desea regresar. Un Maestro.
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