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Por qué razón volvió a sonreír el popular vendedor de alfajores del semáforo cipoleño

Hacía años que Aldo aguardaba otra oportunidad y se le dio este martes. Los emotivos detalles. El vendedor ambulante de Circunvalación y Ruta Chica está feliz.

Le compren o no, él suele obsequiarles a los automovilistas un papelito con una frase religiosa. Por estas horas, nadie le quita la idea de que aferrarse a la Fe y a Dios fue lo que lo ayudó a cumplir ese sueño que en un momento parecía imposible por cómo estaba el clima y humor familiar...

Aldo es un histórico vendedor ambulante de Circunvalación y Ruta Chica y a pesar de que no todo es color de rosa en su vida, de que asume haber cometido errores, suele mostrarse empático y respetuoso con los conductores.

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Pero este miércoles, diplomacia al margen, el humilde trabajador tenía una verdadera razón por la que sonreír. El mismo fue el que decidió abrir su corazón y contárselo a LM Cipolletti mientras el eterno semáforo permanecía en rojo.

El vendedor de alfajores está feliz

“Hacía 3 años que no veía a mi único hijo Joaquín Lautaro y ayer justo tuve esa oportunidad después de tanto tiempo”, reveló y la felicidad no entraba en su cuerpo.

“Sentí algo muy hermoso, una emoción bárbara. He dejado todas las cosas en manos de Dios y él hace la obra como tiene que ser. Es inteligente mi hijo, va a la escuela, juega al fútbol…”, compartió sus gratas sensaciones el día después de un reencuentro que al menos para él será inolvidable.

En anterior contacto con LMC, Aldo se hacía responsable del enojo del pibe: “Es culpa mía por no ir a verlo”. Es más, admitía que “con mi señora también estuve flojo porque no me acerqué, capaz que al no poder pasar la mantención por no disponer de los recursos, me dio cosa y fallé. Pero trato de ser buena persona, la gente me quiere porque no tengo maldad. Soy autocrítico, espero resolver esos temas pendientes con ellos, trabajando duro y parejo sé que lo lograré”.

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Aldo vende alfajores y torta fritas en la calle.

Aldo vende alfajores y torta fritas en la calle.

Pues bien, ahora sueña con un antes y un después, fundamentalmente, en la relación con Joaco. “Por supuesto que a partir de ahora va a ser distinta la relación, voy a intentar con la ayuda de Dios brindarle todo lo que mi hijo me pida y necesite”, se comprometió Aldo por esta vía.

Y se fue a vender, nomás. Auto por auto, apelando a sus clásicos latiguillos de comerciante: “Si tenés maripositas o ruidos en la panza y pensás que es el amor, en verdad es el hambre de torta fritas, budines y alfajores…”, le dijo a un vecino para romper el hielo. Hubo risas de ambas partes aunque su verdadero motivo para recuperar la alegría pasaba por otro lado…

Su dura historia

“Desde los 7 años que ando con la venta ambulante. Me gusta, lo hice siempre. Empecé en la calle, lustré zapatos, estuve en lavaderos de autos, fui mozo pero siempre volví a las ventas callejeras”, supo contar.

“Gracias a Dios pasan buenas buenas personas por acá. Saludan, dan palabras de ánimo y yo trato de devolverles con creces con lo que ofrezco, siempre de buena calidad”, reconoció.

Consideró “hermanos en Cristo” a sus amigos y socios Luis Fuentes y hermana Daiana Morales, un matrimonio de evangélicos al igual que él con el que: “vamos siempre a la iglesia”. Aldo, en el nombre del padre, del hijo…

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