Museo Carlos Ameghino: una vieja vitrola que aún funciona, fotos antiguas y muchos fósiles de dinosaurios
El Museo Provincial Carlos Ameghino atesora recuerdos del pasado cipoleño, colecciones de animales embalsamados y fósiles de dinosaurios.
Con una vitrola que aún funciona, fotos de lugares y personajes históricos y una estupenda colección de fósiles de dinosaurios, el Museo Carlos Ameghino es un lugar que merece ser más conocido por los cipoleños y eventuales turistas. La falta de señalización para guiar a los potenciales visitantes conspira contra un mayor conocimiento de los tesoros que alberga.
Además, para una más grata recorrida por sus instalaciones sería conveniente que se concretaran algunas refacciones edilicias, por ejemplo, para evitar goteras y el agrietamiento del cielorraso, y también resultaría necesaria la restauración de un par de carretas que se encuentran en el predio exterior y un mayor orden en el patio interior, que en el pasado lució un verde césped.
Te puede interesar...
No deja de asombrar la cantidad de cosas que atesora el Museo Ameghino en la hermosa y antigua casona que ocupa y que perteneciera a doña Lucinda González Larrosa, esposa del general Manuel Fernández Oro, fundador de Cipolletti. En el amplio espacio disponible, hay mucho para ver y apreciar, pero la ubicación del inmueble, rodeado completamente por las dependencias del Marabunta Rugby Club, no permite un fácil acceso.
Camino a la casona rosada
El camino más conveniente para hacer es por calle Mengelle hasta su intersección con calle Homero Manzi hasta el portal de ingreso al club deportivo. Desde ese punto, resulta visible el rosado que identifica, inconfundible, las paredes de la vieja edificación. Ésta, en realidad, consta de dos alas, separadas por un patio interior, en una de las cuales están depositados la mayor de la parte de los fósiles, ya estudiados, en vías de estudio o todavía a la espera de ser escrutados por la ciencia.
En la otra ala, la más grande y con una planta alta con varias habitaciones y un estrecho y bajo pasillo, se encuentra el Museo abierto al público, con una amplia sala de ingreso y cuartos donde se guardan y exhiben fósiles, réplicas de fósiles, los objetos y las fotos de la ciudad de antaño y una colección de animales embalsamados, ya algo ajados por el tiempo.
Entre una y otra edificación, hay un espacio intermedio y a cielo abierto donde se encuentra, cerca del portón frontal de entrada, una mesa larga y una parrilla. El espacio desemboca en un patio al que cierra un muro y en donde subsiste un árbol de damascos, rodeado de distintos materiales viejos, algunos para desechar y otros que esperan ser resguardados. Debajo de todo, en otros años, hubo césped. El muro merecería ser repintado y el predio emprolijado.
Un callejón al Museo
Para acceder al Museo, existe una vía más, menos conocida, pero más directa, por un callejón que separa el Gimnasio N°1 del Centro de Educación Técnica N°9. A la corta traza también se ingresa desde Mengelle, a la altura del 1800, pero hasta algunos taxistas desconocen ese trayecto, que igualmente lleva a Marabunta.
Como la señalización pública ralea o simplemente falta, para muchos cipoleños, incluidos los tacheros que no se han aventurado por esas huellas, la sede del Museo constituye un auténtico misterio. Ni que hablar para los turistas de otras localidades de la región, de otras provincias y también del extranjero. Para ellos, la ubicación puede convertirse en un enigma casi imposible de resolver.
Está demás decir que el esfuerzo por llegar vale la pena. Pasar un buen momento contemplando los materiales expuestos está prácticamente asegurado. Empero, sería menester que aumentara la cantidad de fósiles de dinos y otros animales del remoto pasado destinados a exhibición, como era la tónica hace unos pocos años. También debería disponerse de más réplicas de los esqueletos de algunos de los dinosaurios que más representan a la región.
Conservación e inventario
El personal sostiene que actualmente no se pueden mostrar más restos fósiles porque se están desarrollando tareas de conservación y también porque se está inventariando todo el patrimonio de la institución. En cuanto a las réplicas, algunas han sido prestadas a otras entidades y se aguarda su devolución.
Por todo esto, merecería que se aceleraran los tiempos de preparación del material paleontológico y de revisión del número de fragmentos óseos que las eras han convertido en piedra. Y que volvieran, una vez concluya el tiempo de su préstamo, las réplicas que están en otras partes. También debería regresar la mandíbula fósil del célebre Abelisaurus, el carnívoro predador que descubrió el recordado cipoleño don Roberto Abel. La pieza también ha sido prestada a otra institución.
Según expresaron el actual referente del Museo, José Aravena, y la joven paleontóloga Rocío Agüero, cuyas respectivas labores dependen del Estado provincial, las tareas de conservación y mantenimiento de los fósiles tenía que realizarse sin posibilidad de postergarlas, lo mismo que la elaboración del inventario general de los bienes de la entidad museológica. En cuanto a los préstamos, se trata de una actividad habitual.
Materiales en exposición
El menor número de materiales en exposición, mayormente de fósiles, lo explicaron, además, por el objetivo que se han impuesto de seleccionar las piezas a exhibir y acompañarlas de elementos ilustrativos.
A todo esto, hay algunas réplicas y unos contados fósiles que se habían deteriorado por el paso del tiempo y las horas que lo derruyen todo y se volvía imposible mostrarlos al público.
Los empleados manifestaron, por otra parte, que han cumplido el escaneado de las fotografías históricas de la ciudad y la región que se guardaban en los depósitos del Museo y solamente están todavía pendientes de similar proceso las fotos del pasado que se exponen en las paredes interiores de la institución.
Ya han concretado, a todo esto, un informe general sobre la situación del Museo, que fue remitido a las autoridades pertinentes hace un tiempo.
Tapar las goteras
En ese documento, consignan entre otras cosas las filtraciones que se propagan desde el techo y por paredes y que deriva en una cantidad numerosa de goteras. También hay marcas en ciertos puntos del cielorraso y algunas superficies interiores que delatan la humedad que las ha venido agrediendo.
El personal está contento, sin embargo, por las visitas que recibe la institución, siendo las más habituales las de escolares de la educación primaria y de estudiantes del secundario, que recorren, miran y consultan. Al efecto, hay empleados que brindan la información y las referencias necesarias.
Junto con los alumnos, hay cipoleños que suelen repetir varias veces su concurrencia, en tanto que hay otros vecinos que se presentan por primera vez, muchos de ellos adultos entrados en años que nunca antes habían tenido oportunidad de conocer el lugar.
Turistas y redes sociales
No faltan tampoco los turistas que, camino a la cordillera, se enteran por internet y las redes sociales, como facebook e instagram, de la existencia del Museo Ameghino y de su riqueza, en particular, de fósiles de dinosaurios. Y se les suman, cada tanto, habitantes de localidades de Río Negro y Neuquén.
Además de empleados dependientes del Estado provincial, en la institución cumplen funciones algunos trabajadores del Municipio. Junto con ellos, hay tres profesionales de la paleontología vinculados al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
La música de la vitrola
El patrimonio cultural a disposición de los visitantes es muy variado. Como muestra, se puede mencionar la antigua vitrola, o victrola, que es su nombre preciso por la marca originaria, la Victor Talking Machine, que se exhibe junto con otros aparatos antiguos, de la historia pretérita de Cipolletti.
El hecho es que la vitrola, con su correspondiente manivela, aún funciona y al girar un disco se puede escuchar música y sorprenderse de qué bien y qué durables hacían las artículos domésticos en otras épocas. Aunque rasposo y acelerado, el sonido fluye y llena el cuarto donde se aloja el aparato. Fluye veloz, con un ritmo alegre que, en su apuro, no parece conocido y sí claramente remoto.
Junto a la vitrola, están para contemplar objetos como una muy vetusta centralita de teléfono, máquinas de escribir metálicas y robustas, una máquina de coser, una silla desvencijada, un envejecido carrito para bebés, baúles añejos, radios desintonizadas, muebles y diversos artefactos que se fabricaron y usaron años.
Las fotos de personas que vivieron y trabajaron en las primeras décadas de la pasada centuria, de sitios urbanos que ya no existen y hasta de soldados que combatieron por las tierras patagónicas en el siglo XIX, conviven con arcaicos uniformes militares, libros gastados, colecciones de mariposas, trofeos de cabezas de animales salvajes y la fauna embalsamada, fantasmal en su eternidad amenazada por las polillas de las horas.
Fósiles y réplicas de dinos
Lo que ha hecho más famosa a la casona en la región y el mundo son, sin embargo, sus tesoros en restos fósiles, principalmente, de dinosaurios. Hace poco, saltó a la fama el dinosaurio carnívoro Taurovenator violantei, un dino rionegrino de más de 90 millones de antigüedad, cuyos huesos pedregosos fueron estudiados en Buenos Aires, aunque volverán a la provincia y se quedarán en el Museo.
Son numerosos los fósiles de dinos que pertenecen a la institución. Además del muy famoso Abelisaurus, entre los terópodos carnívoros figuran Buitreraptor, Alnashetri, Bonapartenykus, Quilmesaurus y Bicentenaria, junto con los herbívoros saurópodos Rocasaurus, Bonitasaura y Pellegrinisaurus. También se cuenta el dino ornitópodo Willinakage, y especies de otros linajes de lejanísimas eras, como la serpiente Najash, el esfenodonte Priosphenodon y el mamífero Cronopio dentiacutus. Esta nómina se encuentra en internet, en un artículo dedicado al Museo en la Wikipedia.
Si los restos fosilizados son muchos, su exposición hoy es más limitada que antes. En cambio, sobre todo están para contemplar réplicas de esqueletos reconstituidos parcial o totalmente y que pueden ser del agrado y el asombro de niños y de adultos que conservan el espíritu de maravillarse.
No se irá a otra parte
Según los empleados, el Museo seguirá en su actual emplazamiento por un tiempo que se supone indeterminado. La casona de Doña Lucinda le sirve de sede desde 1987, merced a una gestión de quien fuera por entonces jefe comunal, Pedro Dobrée.
Con el paso de los años y las décadas, se han buscado otros edificios, más céntricos, para reubicar la parte paleontológica. En 2013, se abrió un espacio en Perito Moreno 70, donde actualmente están las oficinas de Edersa. Se generaron muchas expectativas, pero la experiencia duró solo unas cuantas semanas.
En la ex administración municipal de Claudio Di Tella, se hicieron trabajos para mudar los fósiles de dinosaurios hasta las instalaciones del Centro Cultural de Toschi y Tres Arroyos. Se llevaron muchos restos fosilizados y los paleontólogos y el personal empezaron a habituarse a su nuevo y parcialmente acondicionado destino. Durante un brevísimo tiempo, lució como que todo iba viento en popa. Pero, de pronto, se paralizó la iniciativa y se procedió a desandar lo andado.
Con el advenimiento del actual intendente Rodrigo Buteler el Centro Cultural, terminado de remozar, fue rebautizado con el nombre de Roberto Abel, pionero de la paleontología regional y fundador del Museo Ameghino, en 1971.
Leé más
Los vestigios de una histórica sidrera que se convirtió en museo
Nuevos restos fósiles revelan más detalles sobre un dinosaurio que habitó la región
Noticias relacionadas
Lo más leído






















