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El desgarrador posteo de la mamá de Agustina a dos años de su crimen

"La noticia me la dio el asesino", escribió Silvana Cappello en un día sumamente doloroso para ella y toda la familia. Conmovedor de principio a fin.

"Un día como hoy, hace dos años atrás recibía la noticia más dolorosa de mi vida, el asesino de mi hija sería quien me daría esa noticia". Así comienza el desgarrador posteo que subió a su cuenta de Facebook Silvana Cappello, la mamá de Agustina Fernández, en una fecha especial y sumamente dolorosa para ella y toda la familia.

"Hoy como hace dos años, como cada día, me siento en la punta de mi cama... y me digo: "¿otro día?"... Y sí, pesan los hombros, la espalda, la lucha..., ¿lucha para qué? Si nos siguen matando, hoy no me pude parar, hoy no me quise bañar, hoy no puedo ni con mi alma", agregó en una reflexión conmovedor, llena de angustia e impotencia.

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"Hoy la guerrera bajo la espada, el corazón duele como jamás me imaginé, hoy el dolor del parto no tiene ni comparación con la explosión de huesos que hay adentro mío, ¿son huesos o emociones? Ya no sé pero quema. Si hay alguien que no merecía tanto daño, eras vos mi niña, hoy mamá no puede mas. Perdón...", redondeó en un dramático mensaje.

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Como se recordará, a Agustina Fernández le declararon muerte cerebral. Días después, sus órganos fueron donados, cumpliendo el más profundo deseo de una joven de 19 años que llegó a la ciudad para convertirse en médica. Quería ser doctora para curar a su abuelo enfermo.

El 6 de junio de 2022, a las 19, la comunidad cipoleña, a la luz de velas, inició la primera marcha de silencio en pedido de verdad y justicia por Agustina. Allí se pudo ver un primer cartel que decía: “No fue un robo,” llevado por compañeras de la facultad de Agustina.

Silvana fue contundente en sus primeras declaraciones: “El único narrador de la historia que tenemos es Pablo Parra”. Un identikit que dio vueltas sin resultado alguno y una comunidad que empezó a abrazar a esa madre en su camino de verdad y justicia.

La intuición de madre

Una madre sin pelos en la lengua, Silvana usó hábilmente sus redes sociales para expresar su dolor y lanzar un grito desesperado de justicia. Mientras tanto, Parra se mostraba sonriente en una fiesta electrónica poco después del femicidio. Se mudó a la zona céntrica, a un departamento casi nuevo, y seguía su vida como si nada, viviendo en total libertad durante seis meses, aunque seguía bajo la lupa de la investigación.

Silvana recurrió a todo lo que estaba a su alcance, se refugió en las compañeras de la universidad de Agustina, se unió al movimiento feminista “Ni Una Menos” de Cipolletti, y recibió el apoyo de activistas como Rosa Castro, Ofelia Villar y Martha Pelloni, quien se manifestó ante medios nacionales pidiendo verdad y justicia.

La segunda marcha se realizó al mediodía, algo que llamó la atención de muchos, ya que era en horario laboral. Silvana marchó sola al frente, con una bandera argentina que decía "Justicia por Agustina” en color rojo. Detrás de ella, muchas mujeres la acompañaban. Silvana explicó: “Los comercios están todos abiertos y es una manera de visibilizar a todos los que están ahí, que sepan que hay una madre pidiendo justicia por su hija”. Fue una mañana fría, pero soleada, y la gente salió de los comercios a aplaudir en silencio.

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Parra seguía libre, yendo al gimnasio, trabajando, jugando al fútbol, reuniéndose con su familia y amigos, y usando redes sociales como cualquier persona libre.

Agustina se había mudado a Cipolletti con todos los sueños de una joven de 19 años. Venía de una familia trabajadora, era sencilla y austera. Sus amigos y familia la describen como alguien que estudiaba mucho. Los vecinos del complejo donde vivía, que testificaron en el juicio, la recuerdan como una joven tranquila y dedicada a estudiar.

Tenía un grupo de amigas llamadas “Las Flores”. Una de ellas la recuerda como una leona, estudiando día y noche hasta aprobar lo que se proponía. Amaba y extrañaba a su hermana Paulita, y mantenía contacto constante con su familia a través de videollamadas.

La tercera marcha fue una tarde calurosa de verano. Pablo Parra ya estaba detenido en Cipolletti, y se podían ver carteles que decían: “El pueblo y la familia lo sabían, Parra femicida”. Fue detenido el 23 de diciembre de 2022, en su departamento en el barrio San Pablo.

El pueblo, la familia y su madre, Silvana, sabían que no había sido un robo, sino un femicidio.

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