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Casos de condenados con beneficios que cometieron delitos

Lo que ocurrió con Davis Bastías es una situación recurrente en la ciudad. Falta de controles y de revisión de antecedentes, factores determinantes.

El violento episodio que protagonizó David Alejandro Bastías reaviva la polémica por los beneficios que reciben los condenados por delitos graves y la falta de controles. La prisión domiciliaria, al parecer, en Cipolletti se transforma en una liberación anticipada. En los últimos años se repitieron en la ciudad los hechos delictivos cometidos por delincuentes que aún no habían cumplido su pena. El más doloroso fue el asesinato de Claudio Araya, pero hay más antecedentes.

Bastías, que fue condenado a diez años de cárcel por provocar un choque fatal en la Ruta 151. Junto a un cómplice, escapaba de la Policía luego de robar un auto. Actualmente está en su casa por ser discapacitado, pero en la madrugada del miércoles lo apresaron por balear una camioneta. El único control, al parecer, es su obligación de ir a la comisaría a firmar un acta dos veces por semana. Habría un alerta si se fuga, pero mientras esté en Cipolletti, al parecer no tiene impedimentos para estar en la calle.

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En muchos casos, la polémica situación se repite por una cuestión numérica. Si el preso cumple los dos tercios de condena, los beneficios son automáticos. No pesa el historial delictivo, ni siquiera en los casos más violentos.

Hay una excepción que desbarata el argumento de que la prisión domiciliaria o las salidas transitorias no pueden negarse. Claudio Kielmasz, el único condenado por el primer triple crimen, no ha logrado beneficios. Cumple con la cantidad de años de condena exigidos y no tiene mala conducta en el penal. En su caso, de alto impacto público, sí se analizan sus antecedentes y los distintos jueces que intervinieron decidieron mantenerlo encerrado.

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Los antecedentes de delitos cometidos por condenados en Cipolletti van desde hurtos a asesinatos. Carlos Jara, condenado a cadena perpetua por homicidio, fue atrapado por robarle la cartera a una mujer en una salida transitoria, por ejemplo. Ramón Geldres, quien tenía tres condenas por asaltos a mano armada y lesiones, tenía salidas laborales cuando le robó una cartera a una mujer y asesinó a Claudio Araya, un vecino que quiso ayudarla. El lugar que había declarado como trabajo no existía y la Justicia no lo descubrió hasta que cometió el asesinato.

Además de condenados por crímenes y asaltos violentos, en la región hay antecedentes de sentenciados por accidentes fatales que hacen vida normal mientras transcurre el tiempo de su pena. La Justicia rionegrina ha dictado fallos inéditos, enviando a prisión a conductores que mataron al volante.

Sin embargo, esas sentencias no se cumplieron en un calabozo. Maximiliano Cabrera, un policía condenado por provocar la muerte de un cipoleño en la Ruta 65, fue descubierto manejando sin carnet, y alcoholizado, luego de la condena a cuatro años de prisión. En su caso, no había sido encerrado porque el fallo no estaba firme, pero en el tiempo que duró su apelación, los controles fueron inexistentes. Hay antecedentes similares de abusadores condenados que se fugaron porque no les dictaron prisión preventiva tras la condena.

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