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Casi un tercio de los presos cipoleños son abusadores

Cumplen sus condenas sin tratamiento psicológico para no reincidir.

En Cipolletti casi un tercio de los presos son abusadores sexuales. Los reclusos con condena firme que están a disposición del Juzgado de Ejecución Penal local, a cargo de Lucas Lizzi, son 175 y, de ese universo criminal, 47 cometieron delitos contra la integridad sexual de una persona, lo que representa más del 25 por ciento, y están alojados en distintas unidades penitenciarias de la provincia.

Los datos suministrados por ese juzgado tienen, además, su correlato en la cárcel cipoleña, que refleja un porcentaje similar. Puntualmente, allí son 45 los ofensores sexuales (35 condenados, el resto procesados) y sobre el total actualizado de reclusos (155) representan casi el 30%.

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Es uno de los penales que más abusadores sexuales tiene en su haber en la provincia, ya que la cárcel nació con el propósito de alojar a condenados con este perfil delictual, aunque en su derrotero el objetivo se desvirtuó por la emergencia carcelaria y actualmente sean mayoría los internos que cumplen sentencia o están procesados por cometer un robo violento o un homicidio, en ese orden.

Se sabe que la mayoría son de la zona y cumplen largas condenas, una de las cuales recién agota en 2030. Sin embargo, entre los internos más veteranos de la cárcel, hay un abusador que lleva 23 años encerrado y que recobrará la libertad en estos días.

En tanto, de los 35 agresores sexuales detenidos, distintas fuentes penitenciarias consultadas indicaron que dos ya acceden a beneficios otorgados por la Justicia: uno está con salidas transitorias y con monitoreo eléctrico a través de una pulsera para que no se mueva del domicilio; y otro está con semilibertad bajo un régimen laboral. En el otro extremo, hay tres reclusos que cumplen la pena máxima de prisión perpetua.

35 condenados de la cárcel cipoleña están presos por abusos. Otros diez esperan el juicio.

Sin tratamiento

En junio de 2016 se abrió un expediente judicial por los reclamos de la cárcel cipoleña, desde la falta de calefacción hasta la escasez de personal penitenciario y todas las dificultades que conlleva tener un penal superpoblado. Lizzi exigió la puesta en funcionamiento del Gabinete Criminológico (que es el organismo encargado de evaluar y calificar a los presos), la falta de médicos y de un equipo especializado –interdisciplinario- para el tratamiento de ofensores sexuales. Luego, el Ministerio de Seguridad y Justicia informó que iba a garantizar la atención primaria y ofreció un listado de profesionales, pero se cumplió a medias. Se destacó la incorporación de un odontólogo, un médico y una psicóloga, quien por ahora es la única referente de un equipo -inexistente como tal- para tratar a los ofensores sexuales.

Esta profesional realiza entrevistas y monitoreos. Sin embargo, trascendió que, como aún no está formado el equipo, los abusadores no reciben tratamiento. Se necesitarían profesionales de distintas disciplinas para lograrlo, entre ellos psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales. Las incorporaciones están en trámite, pero el proceso se ha demorado mucho.

2 abusadores tienen salidas transitorias.

Uno de ellos está a punto de recuperar la libertad y sale a trabajar, mientras que el restante pasa tiempo en su casa monitoreado con una tobillera electrónica.

Promedio similar al de Neuquén

El porcentaje de los abusadores respecto del total de los presos es similar al del sistema carcelario de Neuquén, donde más del 25 por ciento de los presos de la provincia cumplen condenas por violación. Son 420 los presos y 110 están detenidos por delitos contra la integridad sexual.

No reciben tratamiento y el Registro de Identificación de Personas Condenadas por Delitos contra la Integridad Sexual (Ripecodis), sancionado por ley en 2006, no se ha instrumentado por falta de presupuesto, por lo que sus datos no están incorporados al sistema judicial de otras provincias.

La mayoría de los ofensores sexuales ha violado, pero hay otro grupo de perversos que han cometido abusos simples -tocamientos- que recibieron condenas en suspenso inferiores a los tres años, por lo que están en libertad.

La causa del perfil de baja seguridad para el penal local

La cárcel cipoleña fue diseñada con bajas medidas de seguridad y un objetivo: albergar a presos de buena conducta y violadores, apuntando a procesos de reinserción social y de recuperación para los abusadores. “Va a ser un premio en el servicio penitenciario, nadie va a querer fugarse”, vaticinó un miembro del Superior Tribunal de Justicia antes de su apertura.

Cuenta con divisiones internas pensadas para preservar a los ofensores sexuales –un patio exclusivo– y apenas dos alambrados perimetrales. Cuando comenzaron a llegar ladrones y asesinos con largas condenas y todo se desvirtuó, se multiplicaron las fugas.

Hoy la situación es preocupante y en gran parte del perímetro falta uno de los cercos.

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