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Un balazo lo dejó ciego cuando era un nene y hoy es ejemplo de superación

Pasaron 30 años de ese tremendo hecho ocurrido en Fernández Oro, cuando un vecino jugaba con un arma de verdad. Matías Iraira sufrió un tiro cerca del ojo que le lesionó el nervio óptico y no vio más. Se recuperó y lo cuenta. Ahora transcribe la Carta Orgánica de su localidad al sistema Braille.

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Un vecino de Fernández Oro, que hace poco más de 30 años quedó ciego por un estremecedor incidente en el que por poco pierde la vida, está transcribiendo la Carta Orgánica de ese municipio al Braille, el sistema que permite leer y escribir a las personas que carecen del sentido de la vista.

“Arrancamos en julio del año pasado, pero tuvimos que parar por la pandemia”, explicó Matías Iraira, responsable del proyecto que llevan a cabo en el ámbito del Concejo Deliberante.

En el transcurso de la semana anterior volvieron a retomar la labor, y piensan terminarlo en un par de meses. Llevan extractado más de la mitad del texto, que contiene alrededor de 130 artículos.

Considera que la edición va a ser de gran utilidad para quienes no pueden ver, sobre todos para los niños y jóvenes en edad escolar, para quienes estará disponible.

La tarea es paciente y requiere de un asistente que le narre el contenido del documento, mientras él, con una máquina de escribir específica del lenguaje, tipea en el papel los símbolos establecidos para cada letra, consistente en puntos sobre relieve que permiten decodificar la grafía con el roce táctil.

“Hay que sentarse y escribir. Me gusta hacerlo. Me hace sentir bien. Quiero colaborar con mi ciudad, porque también colaboraron conmigo”, destaca Iraira, quien asume el trabajo con notable entusiasmo y aspira a lograr un puesto estable en la estructura comunal. Ya cumplió otras funciones en distintas áreas bajo contrato.

Destacó que estuvo en Servicios Públicos, donde refirió que se pudo acoplar a la rutina laboral, y que logró “buena relación con los trabajadores”.

En sus palabras revela que se niega a ubicar en el sitial de los derrotados, a pesar de que su historia tiene un trazo trágico. Pero es un ejemplo de superación. Resiliencia, como denomina la psicología.

“Podría salir a vender golosinas a los colectivos, como ya lo hice alguna vez. Pero prefiero trabajar en un lugar donde no tenga que estar contando lo que me pasó a cada rato”, destacó.

Desde el lugar que le toque planea darle visibilidad a la problemática de la discapacidad. Ha reunido información acerca de gestiones que se pueden realizar para mejorarle la calidad de vida a quienes padecen algún tipo de imposibilidad visual.

Menciona, por caso, la instalación de carteles indicadores de calles con la escritura Braille, como también la señalización de edificios y dependencias públicas, como ya están avanzando en distintas localidades de la región.

Como también contar con una oficina para realizar los trámites en la localidad, y no tener que viajar a Cipolletti.

Romper barreras

Matías tuvo que enfrentar las carencias educativas que un alumno especial encontraba en aquel tiempo. Pero nada lo amilanó. Hizo la escuela primaria en Cipolletti con una maestra integradora, y el secundario en Fernández Oro. No fue fácil por su limitación.

“Tuve que romper un montón de barreras”, admitió.

Inquieto, después intentó carreras universitarias que no llegó a completar. Su amor por la música lo llevó a anotarse en la escuela de Neuquén y en el IUPA de Roca. Toca la batería y la guitarra “de oído”, aclara. En esa época de estudiante estuvo en pareja con una chica. De esa relación nació una nena que hoy tiene tres años y es su adoración.

Como para reafirmar que no hay obstáculos para explorar el placer del arte aunque se carezca de visión, Matías cuenta que disfruta de la literatura con audio-libros que baja de internet.

También goza del cine a través de un sistema con audio descripción que reproduce el sonido original de la película, pero locutores van describiendo las escenas para una mejor comprensión de la trama.

“Para mí, como ciego, fue lo más cercano a volver a ver una película”, destacó.

Además, hay abundante material en Braille, como revistas, que se pueden adquirir en sitios especializados.

La tarde fatídica

Matías quedó ciego por un hecho que quedó en el rincón de los recuerdos más tristes del pueblo. El tiro todavía se siente. Hoy, a sus casi 40 años, lo puede recordar sin resentimiento, a pesar que le cambió la vida. Arrancaba la década del 90. Tenía entonces 9 años y un amiguito le mostró un revolver calibre 22 que le había regalado el padre, que era policía. Estaban en la vereda, y por hacerle una broma le apuntó en la cara. Alcanzó a girar la cabeza cuando escuchó la detonación. La bala le había ingresado sobre el párpado inferior de uno de sus ojos y le cortó el nervio óptico para enclaustrarlo en la oscuridad.

Hubo una demanda, un juicio ganado y una indemnización.

“Hasta los 9 años tengo un montón de fotos en la cabeza, de cosas que he visto”, afirmó.

Le costó asumir el golpe. Su nueva condición. Hoy lo puede recordar sin resentimientos. Logró salir airoso tras el duro golpe.

“Me tocó una situación fulera, pero acá estoy de pie, con ganas y con proyectos”, resaltó.

De todo el drama padecido puede concluir que perder la visión le agudiza los otros sentidos y le permite escudriñar el interior de las personas, y eso los hace especiales.

“El ciego te ve más el carácter y las intenciones que la forma que tenga de vestirte, o el color de pelos o de ojos. Miramos adentro. Eso me gustó de la ceguera”, resaltó

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