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Sr. Roberto Abel y el Museo Carlos Ameghino, Pichi Ruca, en Cipolletti

Labor desplegada por el Sr. Carlos Muñoz.

La búsqueda de testimonios de elementos que atestigüen épocas pasadas en esta región nos hizo trasladarnos al Museo Carlos Ameghino, ubicado en la antigua casa, situada en el norte cipoleño, cuya dueña era Lucinda Larrosa de Fernández Oro, esposa del fundador de Cipolletti.

Los orígenes de la familia Abel se remontan al casamiento –en la región del Volga- de Santiago y Luisa Schneider que, en 1910, compraron campos en Alpachiri, La Pampa, donde nacieron sus hijos Clotilde, Paulina, Roberto, Luisa, Arturo y Nelly. Allí estudiaron la escuela primaria.

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Roberto nació el 11 de agosto de 1919: hizo la primaria entre Alpachiri y Santa Rosa, y luego en Bs. As. terminó el secundario en el Colegio San José. Trabajó de mucamo, según el escrito del Sr. Francisco Dehais: ahorró hasta que leyó un aviso buscando un empleado capacitado para Cipolletti: llegó en 1946, era un pequeño poblado de calles de tierra. Luego se presentó a concurso en la Municipalidad, ganó y quedó a cargo del secretario Alfredo Kossmann. Fue un autodidacta abocado a la difusión cultural.

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El Sr. Muñoz en la entrada del Museo.

El Sr. Muñoz en la entrada del Museo.

En la década del ’50 se casó con Amalia Sánchez, con la que tuvo dos hijas. Ingresó a la Bodega de Franco Hnos. y luego en la empresa de Zoppi Hnos. Más adelante abrió una oficina contable, compró terreno y construyó su casa en España al 500. Se dedicó a la búsqueda de fósiles, investigar en la paleontología, reunió varias especies y abrió el Museo Carlos Ameghino el 3 de octubre de 1971, que primero funcionó en la Mansión Peuser, donde realizó exposiciones sobre historia, archivos cartográficos e indigenismo. Ayudó a formar la biblioteca en la escuela de frontera Auca Pan. Unos años más tarde el museo se trasladó a Pichi Ruca, como dijimos la casa de doña Lucinda González Larrosa. Allí el Sr. Abel fue su director, encontró un carnívoro patagónico a quien llamaron Abelisaurus Comhuensis, animal que vivió en el Cretácico. Una vez jubilado, el Sr. Abel comenzó a escribir sobre historia argentina.

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Poesía por Arín Leuvú (el río que arde), Sr. Jacinto Rodríguez

El centinela de la Estación está a mi frente

y miro como el viento sacude el gran ramaje,

susurrándole en torbellinos de llantos el mensaje

al gran eucaliptus recortado en el paisaje.

¿Qué nuevas me traes amigo viento?

Preguntas mientras se mece ante su fuerza

ha muerto Don Héctor, el soñador que en su momento

se arrimó a tu sombra, para contarte historias nuestras.

De su inquieto y generoso corazón

quedaron para el pueblo cipoleño,

cinco libros llenos de pasión, Fe y de Vida.

Se llamó Héctor José Lizaso el impaciente,

que grabó para siempre en nuestro tiempo,

los llantos y alegrías de la gente.

15 de agosto de 1993

La Poesía la escribió el Sr. Rodríguez a su amigo Héctor Lizaso. Rodríguez fue un trabajador de Bramac en donde era gerente contador; y uno de los creadores del Centro de Escritores de la ciudad, nos relató el Sr. Muñoz.

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Homenaje al Sr. Lizaso

Extensa la trayectoria del Sr. Héctor José Lizaso, casado con la Sra. Esther Nelly Isidro; concurrió a escuela primaria en Cipolletti; como aún no había escuelas secundarias comenzó a trabajar en el Diente de Oro; luego vendió repuestos en la firma Carlos Vera y luego ganó concurso como inspector vendedor de la Compañía de Ultramar S.A. Petrolera Argentina, permaneció ocho años en Bahía Blanca lugar donde conoció a su esposa. Cuando en 1952 la empresa se vendió a YPF, regresó al negocio de su padre para atenderlo. Fue Concejal Municipal, uno de los miembros fundadores del Colegio Manuel Belgrano y rotario. Sus hijos se llaman Graciela Susana y Héctor Fernando.

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Adiós a Héctor José Lizaso

Adiós a Héctor José Lizaso

Hoy el encargado del Museo es el Sr. Carlos Muñoz, que se formara al lado del Sr. Abel. Con amor por el Museo y sintiéndose parte de él nos acompañó a recorrer sus instalaciones. Allí nos mostró los bustos realizados por el Escultor Atilio Morosin, sus vitrinas exhibiendo animales fosilizados, entre tantas muestras. Lo que pudimos observar fueron sus paredes muy deterioradas por el paso del tiempo, la lluvia ha horadado sus muros, su pintura, su humedad aflorando.

Señores políticos (de Municipio y Provincia) no vamos a deslindar responsabilidades, ambas jurisdicciones deben ocuparse de la cultura, deben ocuparse de preservar los testigos de épocas remotas. Hoy como prueba de lo que solicito fue esta última tormenta, el Museo está anegado.

Sin ese pasado no podemos explicar nuestro presente.

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