Solidaridad y fe, pilares para soportar la inundación
La crisis que atraviesan los habitantes de los barrios ribereños de Cipolletti por la extraordinaria crecida del río Neuquén encontró en la fuerza de la solidaridad y la fe en Dios cimientos para enfrentarla.
Lo atestiguan Sonia y Elisa, vecinas linderas de Costa Norte, cuyos patios están totalmente inundados llegan a tapar vehículos, y el agua está a punto de ingresar a las viviendas.
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Sonia dice que están preocupados, pero no desesperados. “Confiamos en Dios en su protección”, afirma. Aunque de todos modos admite que vigilan al río, al que ven como una figura omnipresente que no se debe desafiar.
Las últimas horas que vivieron fueron de suma tensión, con vigilias interminables, incertidumbre, miedo y mucho frío.
Pero tal estado sacó a la luz el sentimiento de solidaridad que se propagó entre las calles cubiertas de barro.
“Somos muy unidos. Nos ayudamos entre todos. Hay gente que está más complicada”, afirma Sonia.
Se organizaron para construir taludes con pedregullo que llevó el municipio y cargaron en bolsas para usar de contención, entre otros gestos de empatía.
Es resultó es alentador para ella, en este sentido.
Sin embargo, advierte que esta emergencia desnudó el abandono que sufre el barrio por parte de las autoridades y sostuvo que les prestan atención en épocas electorales.
Elisa, que hace 28 años vive allí, coincide en la queja y lamenta que son olvidados.
Según su opinión, hay responsabilidad humana en esto, se ha ocupado parte del cauce.
“Son cosa de la naturaleza. El río tiene memoria. El río va a cobrar sus tierras”, advierte.
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