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"Ella se despidió pensando que volvía": Desgarrador relato de familia solidaria que pide que "escuchen a la nena"

Se encariñaron con la niña que tuvieron 15 meses en su casa y denuncian que se la sacaron de manera abrupta para dársela a los padres adoptivos. Dolor y esperanza en la charla con LM Cipolletti.

"Ella sabía que había nacido en la panza de otra mamá, que había nacido el año pasado en mi corazón y que le quedaba nacer en el corazón de otra mamá... Lo que cuestionamos son las formas y ahora queremos que se la escuche", resume con una frase llena de sensibilidad Melina Quiroz a LM Cipolletti.

A su lado, su esposo Alan Uribe denuncia que si bien las reglas del juego siempre estuvieron claras, habían acordado una salida en adopción mucho menos traumática y admite que no pierden las esperanzas de que se imponga la voluntad de la pequeña y vuelva "con nosotros de ser lo mejor".

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Son una familia solidaria de Allen que en medio del dolor aceptan contar su versión a este portal.

Con tan solo 25 años, abrieron las puertas de su hogar para cobijar a una pequeña durante un año y tres meses. Sin embargo, la abrupta separación de la niña, que hoy tiene 3 años, dejó un vacío inmenso y un firme reclamo.

Un amor que buscaba evitar la institucionalización

La decisión de formar parte del programa Familias Solidarias nació de una convicción profunda: ofrecer un entorno seguro y afectuoso a las infancias vulneradas.

"Lo que nos llevó a inscribirnos en el programa fue justamente el deseo de poder brindar un hogar, amor y un vínculo sano a aquellos niños, niñas y adolescentes que, por razones y decisiones ajenas a ellos, no pueden tenerlo en el entorno en el que se encuentran. Poder acompañarlos y, de alguna manera, evitar que más niños tengan que atravesar una institucionalización", expresan Alan y Melina.

Durante el tiempo de acogimiento, aseguran que la niña se integró por completo a la dinámica cotidiana del hogar y a la vida social de Allen. La rutina diaria incluía mañanas compartidas con su "bebé hermano" -el hijo de 1 año de la pareja—, paseos por el barrio donde saludaba a vecinos, bomberos y comerciantes, además de asistir a clases de folclore y a la iglesia local.

Las quejas

La pareja consultó sobre la posibilidad de una adopción definitiva, pero el proceso se orientó rápidamente hacia una nueva familia adoptante cuya procedencia desconocen.

El punto de mayor conflicto se desató durante la fase de vinculación. Tras contraer un virus que obligó a su internación, la niña experimentó un deterioro de salud que la familia atribuye al impacto emocional del proceso. A pesar de su estado de vulnerabilidad, los plazos según su relato continuaron de forma acelerada.

Según la pareja, lo que debía ser un proceso gradual sufrió modificaciones intempestivas. Durante la estadía en el centro de salud, afirman que la niña quedó en un momento a solas con la madre adoptante sin acompañamiento técnico del área emocional.

"Ante nuestros planteos por el bienestar de la menor, del equipo del Juzgado nos decían que entorpecíamos el procedimiento y fijaron el cese de acogimiento para el día miércoles".

El desgarrador adiós y la respuesta judicial

Para atenuar el impacto psicológico en la menor, no le dijeron que ya no volvería. "El día de la despedida, convocamos a toda nuestras familia, nosotros lo vivimos también desde un lugar de mucho dolor. Ella se despidió de todos diciéndoles "chau", pensando que al día siguiente nos iba a volver a ver para ir a la plaza, tomar un helado o bailar folclore. Y cuando llegó el momento de despedirnos en casa, lo último que le dijimos fue que iba a ser muy amada, pero también que fue, es y será muy amada por nosotros", recuerdan con emoción.

Al alertar al Juzgado sobre el sufrimiento que atravesaba la pequeña, "nos contestaron que se trataba de una niña de tres años y que era la etapa que le tocaba atravesar".

El reclamo por la excepción y la escucha activa

Aunque Alan y Melina entienden el marco legal que rige el sistema de acogimiento temporal y adopción, cuestionan las formas en que se concretó la transición. Y exigen que las autoridades contemplen la voluntad de la niña y evalúen su deseo de retornar con la familia donde construyó sus principales afectos.

La parejita resume el espíritu del programa, pero también la herida abierta que deja este caso: "Ser familia solidaria también es eso: amar, acompañar, sostener y, llegado el momento, aprender a soltar, aunque duela. Pero si existe la posibilidad de que ella vuelva, por su propio bien, seguiremos pidiendo que se la escuche".

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