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Juicio por el femicidio de Agustina Fernández: "No considero que haya sido un robo"

Un perito dijo que no había huellas de desconocidos. Había rastros del acusado, su madre y Agustina. Y una marca de una zapatilla, que podría ser clave.

En el departamento de Pablo Parra no hallaron rastros de personas extrañas. Ni en el interior ni en las dos puertas de acceso: la principal que da al centro del complejo ubicado en la calle Confluencia 1301, ni tampoco la que da al fondo del inmueble, por donde se sospecha que ingresó el asesino de Agustina Fernández.

Un perito del Gabinete de Criminalística de Cipolletti que realizó un relevamiento papiloscópico en el lugar desestimó de manera tajante la presencia de un intruso.

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“No considero que haya sido un robo”, sostuvo para despejar dudas Fabián Fernández, que tiene 11 años de experiencia en la disciplina científica que permite identificación física de una persona a través de los surcos de las yemas de los dedos.

El especialista declaró este martes en la segunda jornada del juicio por jurados populares que se realiza en los tribunales locales, en el que Parra es el único acusado del femicidio de la joven, que había llegado de La Pampa para estudiante medicina. Hizo una descripción detallada con el aporte de imágenes para dejar clara su exposición.

Perito policial Fernández .jpg

Su afirmación entusiasmó a la Fiscalía y la querella, porque refuta con evidencia científica la coartada que impulsa la defensa de trabajador petrolero, que sostiene que la estudiante fue salvajemente golpeada por un ladrón que entró a robar mientras ella estaba sola y el dueño de casa había salido a comprar helado y cerveza.

En tanto que ratifica la hipótesis de la parte acusadora que expresa que planeó el asesinato por venganza, porque estaba obsesionado con ella y no toleró su rechazo luego de haber tenido un flirteo.

Porque las únicas huellas dactilares que encontraron fueron nueve del mismo Parra, una de su madre y otra de la víctima. Precisó que son once en total que alcanzaron el “rango de confronte”, es decir con calidad de nitidez que permita cotejarla con otras. Aclaró que las que no llegan a ese rango se descartan.

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Fernández sostuvo que esas muestras las recogieron de la puerta-ventana que da al patio interno, en la puerta principal por donde Agustina intento escapar (donde también hallaron un rastro de ella) y el resto en el dormitorio.

En esa habitación los miembros del Gabinete centraron su labor ya que, según la denuncia de Parra, de ahí el ladrón y asesino se habría apoderado de unos 1.000 dólares y una mochila con varias prendas de vestir, además de su teléfono y el de la joven. Además, fue la única habitación donde encontraron desorden, aunque solo parcialmente.

El foco de atención fue una mesa de luz en cuyo interior había guardado el dinero. Más en lo concreto un cajón, en el que recuperaron improntas en dos oportunidades y luego lo trasladaron a la sede de la dependencia, donde le realizaron pericias más complejas. Es decir que fue examinado “por triplicado”, destacó.

El análisis más detallado arrojó el hallazgo de una impresión que se correspondió con el dígito del dedo índice de la mano derecha de Parra y otra del índice de mano izquierda, también de Parra. También detectaron otra de una policía que manipuló el cajón, por lo que se considera que se contaminó accidentalmente.

Tres factores clave para el juicio

El perito enfatizó la labor desarrollada por los integrantes del Gabinete, al afirmar que “trabajamos mucho para intentar recolectar la mayor cantidad de rastros papilares”.

En este marco, pidió “dejar constancia que la efectividad de trabajo en analizar los soportes aptos para confronte en un 100% no ha quedado ningún rastro sin identificar” y que, según su experiencia, ese resultado despeja cualquier tipo de dudas.

“Para que se quedan una idea en los distintos procedimientos recolectamos entre 1 y 3 soportes de rastros papilar, aquí recolectamos 11”, manifestó.

El especialista describió que su hipótesis demuestra que no ingresó ninguna persona desconocida al departamento del Parra al momento de producirse el homicidio de Agustina y lo remarcó con tres evidencias.

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Por empezar no detectaron la utilización de guantes, como suelen emplear los ladrones que buscan no dejar huellas.

“En varias ocasiones han ingresado delincuentes a las viviendas y dejan rastros de sus guantes, que son tramas que se difieren de las líneas de los dibujos papilares. Se observan a simple vista”, indicó.

En segundo lugar se suelen encuentran rastros de calzados ajenos, que no son del damnificado ni de sus allegados o su familia. El tercer de los casos, es que en la gran mayoría se hallan “rastros papilares dubitados de personas sin identificar”.

De allí que aclaró que “traspolándolo a este caso en particular no tenemos trama de guantes, no hay calzados extraños y no hay rastros papilares extraños que hagan presumir que una persona extraña estuvo en esa vivienda”.

La marca de la zapatilla

Otro elemento que sumó el perito policial fue el hallazgo de una marca de una zapatilla en una mesa azul ubicada en el patio de la vivienda que ocupaba Parra, por donde se presume que el autor del hecho ingresó y escapó. La hipótesis de la acusación señala que el delincuente saltó un paredón de 3.14 metros que tenía una concertina (alambre de seguridad con elementos filosos).

Fernández destacó que encontraron dos huellas de calzados. Una no tuvo capacidad de confronte por falta de nitidez , mientras que la otra determinaron que se correspondía "en forma y dimensión con el diseño de una zapatilla tipo urbano camuflada con logo Nike perteneciente a Parra".

Aclaró que las únicas marcas de calzados ajenas pertenecían a un empleado de salud, que socorrió a Agustina.

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El abogado Juan Coto, quien encabeza la defensa de Parra, le consutó si se podía establecer en que momento se produjo esa pisada, pero Fernández aclaró que no fue posible.

Coto también ahondó en cómo el Gabinete accedió a esas zapatillas, y el perito respondió que el mismo Parra las entregó voluntariamente.

Por pedido del defensor Fernández abrió una caja -que contaba con la documentación de cadena de custodia- donde guardaban esas zapatillas y las exhibió al jurado.

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