“Llegamos bien, sólidos como equipo”
Por Oscar Méndez
Matías Sosa es de los jugadores que no abundan en el fútbol de ascenso. Nacido en Neuquén y criado futbolísticamente entre las inferiores de Estudiantes de La Plata y las selecciones juveniles de AFA, el ex Nacional de Uruguay, Colón de Santa Fe y Sporting Gijón de España ya se encontró con el gol en el Federal A y, lo que es más importante, consigo mismo.
“La verdad es que estoy cómodo, poniéndome cada vez mejor después de haber llegado realmente mal. Estoy contento de estar en Cipo”, dice a modo de autocrítica y aprobando las formas en que se fue produciendo su inserción en el equipo de Ricardo Pancaldo.
–¿Te costó verlo tanto de afuera en las primeras fechas?
De verdad que no. Sabía que iba a ser así porque llegué con muchos kilos de más, de 8 meses y medio de no jugar. No tenía sentido apurarme, me hubiese roto todo. Hoy me siento mejor, con ganas de seguir progresando.
–¿Qué sos?
Yo jugué siempre de enganche, también en Estudiantes. No todos los equipos juegan con esa posición en cancha, pero es lo que a mí me gusta. En los esquemas 4-4-2 trato de hacerme fuerte acompañando al punta, porque el carril es muy sacrificado.
–¿Cómo se da esto de llegar a Cipolletti habiendo estado tan cerca de la elite?
Muchas cosas, personales, deportivas, de todo. Hoy seguro que me arrepiento de momentos de calentura, pero tengo en claro que haciendo las cosas bien, se puede volver. Para eso me tiene que ir muy bien acá y es lo que más quiero.
–Tuviste de técnico a (Marcelo) Gallardo en sus inicios, ¿te sorprende hoy en River?
Siempre fue así de técnico. En Nacional trabajaba mucho con la pelota, le gusta eso. La verdad yo me esperaba que le fuera bien en River cuando asumió.
–¿Y cómo te trata el Federal A?
Es brusco, mucho choque. Te desgastás un montón en eso. Veo que se hace mucho gimnasio (risas), pero te acostumbrás. Lo más importante es intentar jugar siempre. Me pasó en el primer partido con Roca en el Maiolino que no me acuerdo de haber tocado la pelota. Se me fueron los minutos corriendo para todos lados.
–¿Qué compañero te sorprendió?
(Mariano) Torresi tiene muy buen pie. No lo digo por la pelota parada solamente, no la pierde, es bueno.
–¿Aunque no te deje ningún tiro libre?
No lo corro de ahí ni loco, está derechísimo. A mí me gusta probar al arco, pero con los goles que está haciendo (hizo dos ante Madryn por esa vía) para qué me voy a meter. Lo que está bien no hay que tocarlo.
–Todos imaginamos cancha llena para lo que viene, ¿cómo lo viven?
Imaginamos lo mismo. Es lindo jugar este tipo de partidos, llegamos bien, Independiente también. Conozco a algunos de ellos de inferiores, de haberlos enfrentado, Nicolás Alegría por ejemplo.
–¿Nunca estuviste relacionado a Independiente?
No, incluso en Lifune soy hincha de Sapere, del barrio. De chico lo iba a ver siempre. Arranqué ahí, después me fui a jugar a Patagonia hasta la prueba que Claudio Vivas hizo para Estudiantes en la cancha de Banco Nación y después ya me fui de Neuquén.
De vida
Joven padre e hijo único
Detrás de todos los profesionales que no suelen tener un camino sin retrocesos se esconden historias de vida, sensaciones, orígenes que ayudan a comprender decisiones. El deporte no suele ser excepción, y mucho menos el fútbol.
Matías Sosa explica sin ocultar las contingencias que lo han traído hasta acá, después de haber cumplido un ciclo de cinco años en selecciones juveniles de AFA, bajo la tutela de pesos pesados como Hugo Tocalli, Miguel Ángel Tojo, el Pato Ubaldo Fillol y Jorge Theiler.
Sucedió entonces que después de haber sido un destacado de las formativas de Estudiantes de La Plata, con 17 años de edad y la noticia de la llegada de su primer hijo, reclamó ingresos económicos.
En el Pincha se los negaron, y el ruego a su madre que siempre estuvo en Neuquén lo trajo en cuestión de semanas de nuevo al Alto Valle.
A partir de allí, Uruguay, España, Argentina y hasta Hungría fueron destinos laborales para él.
Cinco años después, Cipolletti, Federal A y un volver a empezar para tomar impulso y tratar de llegar más alto, siempre con el deseo de seguir viviendo de esto, una posibilidad para pocos que Nello, primer nombre que heredó de su padre que no ve de los 7 años de edad, no quiere volver a dejar pasar.
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