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Las encargadas de poner las reglas para frenar al virus

Un grupo de trabajadoras del hospital analiza cómo evitar el contagio del temido Covid-19.

Las normas de bioseguridad en los hospitales y centros médicos deben implementarse sin posibilidad de error para evitar que el personal sanitario contraiga el temido virus Covid-19. El Comité de Control de Infecciones del Hospital Pedro Moguillansky es el área encargada de capacitar a todo el personal, desde maestranza hasta médicos, y verificar su correcta aplicación. Una falla en los protocolos podría afectar gravemente la atención en tiempos donde todos los nosocomios están al límite.

Eugenia Sandoval es licenciada en Enfermería y está a cargo del comité conformado también por una infectóloga, dos enfermeras especializadas en control de infecciones y tres bioquímicas del hospital. Se trata de un grupo de trabajo compuesto íntegramente por mujeres.

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Según explicó Sandoval, el comité tiene el gran trabajo de elaborar las normas de bioseguridad orientadas a cuidar la salud de todos sus compañeros de trabajo dentro del hospital y también extramuros, es decir, en su vida fuera de la jornada laboral. También son las encargadas de elaborar las normas sanitarias para pacientes y la comunidad en general.

Eugenia Sandoval comité de enfermedades hospital

“Cuando hablamos de cuidados sanitarios no sólo hacemos hincapié en el cuidado individual de las personas sino también en las normas que se debe cumplir para el cuidado del medioambiente, como la forma de acopiar y procesar desechos patológicos. En este tiempo de pandemia es cuando más tenemos que trabajar en capacitaciones porque el Covid-19 se trata de un virus que no conocemos y tenemos que estudiar la mejor forma de protegernos. Para eso confeccionamos normas sanitarias nuevas que poco se conocían entre el personal, y trabajar en que se conviertan en hábitos. Lo fundamental es cumplir con la reglamentación para evitar lo que llamamos contagios cruzados, entre pacientes y el personal”, explicó Eugenia a LM Cipolletti.

Afirmó que la seguridad biológica del hospital depende de todo el personal, incluso aquellos que no deberían tener contacto con pacientes, como el personal de cocina o de mantenimiento. “Todos son actores involucrados y deben cumplir las mismas normas. "Esto ya existía, sólo que ahora se sumó la pandemia de Covid, hubo siempre enfermedades infectocontagiosas de las que teníamos que cuidarnos en el hospital, como los gérmenes multirresistentes, por ejemplo. El comité siempre elaboró planes de trabajo seguro para evitar contagios, y ahora tuvimos que afilar esas prácticas”, indicó.

Otro gran punto en el que trabaja el comité es la manipulación de los residuos hospitalarios. “Toda la comunidad depende mucho del correcto tratamiento de residuos patológicos porque también pueden generar enfermedades en las personas. Nosotras gestionamos que reciban un tratamiento adecuado para que no enferme a la población y no contamine el medioambiente. Es una base estratégica que no se la puede descuidar”, comentó.

Eugenia Sandoval comité de enfermedades hospital

“Cuando llegó el primer caso al hospital de Cipolletti fue terrible. Recuerdo que fue a las 21, nos llamaron y nos convocaron para acompañar el protocolo. Ingresó por Clínica Médica, y mientras era sospechoso siempre se lo trató como positivo, hasta que se confirmó. Nadie podía acercarse sin el equipo de protección personal. Había mucho miedo, y era nuestra primera experiencia en campo, ya no se trataba de un simulacro. Era mucha la responsabilidad, y por suerte tuvimos tiempo para prepararnos, pero todo cambia cuando se pasa de la práctica a la realidad", contó.

Luego de esa noche todos teníamos miedo de volver a nuestras casas, incluso muchos decidieron separarse un tiempo de sus familias para evitar el contacto. Estábamos todos en pánico, pensamos que podíamos transmitirlo a nuestros seres queridos. Fueron momentos horribles”, recordó Eugenia.

Desde esa noche el personal del hospital debió extremar al máximo las medidas de seguridad. No podían circular con el ambo por la vía pública, debieron aprender a lavar y desinfectar su vestimenta y hasta qué temperatura de agua utilizar, además de cómo usar de manera eficiente los equipos de seguridad personal. Las capacitaciones son constantes, y con el tiempo los protocolos se fueron actualizando. Un claro ejemplo de cambio drástico del protocolo fue cuando se conoció que existían los pacientes asintomáticos, que sin tener síntomas compatibles con la enfermedad eran portadores del virus con alto potencial de contagio.

“Es esencial la protección en la denominada Zona T que involucra la nariz, los ojos y la boca, principales vías de ingreso de las gotas que exhalan los pacientes enfermos y que transmiten el virus. Por eso es esencial el uso de barbijos y antiparras. Si no se usan estos elementos de seguridad personal y no se respeta la distancia, lo más probable es que se contagien”, alertó.

Con los protocolos se volvió a fomentar y a rescatar el hábito del lavado de manos, tarea que se había relajado en los centros de salud.

“Lavarse las manos se había convertido en una práctica que a veces se olvidaba de hacer, y ahora volvió a ser hábito indispensable. También la limpieza de las superficies. Son tareas esenciales que, al no existir un peligro relevante, lo habíamos relajado”, añadió. Y expresó que todos estos controles sanitarios fueron efectivos porque evitaron grandes brotes de contagio entre el personal. Aseguró que es más probable contagiarse fuera del nosocomio que adentro, por los extremos cuidados.

Eugenia Sandoval comité de enfermedades hospital

El miedo de enfermar a la familia

Eugenia tiene 50 años, y 30 dedicados al hospital cipoleño. Empezó a trabajar muy joven como auxiliar de enfermería, luego se recibió de enfermera profesional y al tiempo alcanzó la Licenciatura y el Postgrado en control de infecciones. Pese a sus conocimientos, nunca imaginó vivir en carne propia una situación de pandemia como esta que llegó a modificar las costumbres de la familia.

“Viví la pandemia de la Gripe A en 2009 pero no se puede ni comparar con esto. Esa gripe era igual de contagiosa, pero no registramos la dimensión de casos que tenemos ahora, sumado a que teníamos medicación para combatirla. Ahora no existe un tratamiento lo que complica todo. Es muy grave y la gente debe entender que es algo serio, y que los cuidados para evitar contagiarse son muy sencillos de cumplir”, reflexionó.

Dijo que luego de esa noche en la que recibieron al primer paciente con Covid en el hospital, se alejó de su familia. Ella vive con su hija y su madre, una mujer adulta y con patologías de base, y que sentía temor porque ella misma podría ser el nexo de contagio.

“Tengo pánico por mi madre que es diabética e hipertensa, y está bajo mi cuidado por lo que tengo que verla. Tengo una gran familia, a la que amo, pero no la veo hace seis meses para protegerlos. Es muy difícil estar separados, pero entendemos que por ahora es lo único que podemos hacer”, relató entre lágrimas.

Aseguró que el hospital está desbordado de pacientes y que las camas de terapia están llenas. “Muchas veces se sostiene a los pacientes en la Guardia hasta conseguir una derivación. La Guardia se sobrecarga de trabajo porque además de los pacientes Covid que necesitan un respirador tiene que atender la demanda habitual como accidentes, heridos, o diabéticos descompensados, y la pandemia suma aún más demanda. Estamos trabajando a camas llenas, recargados y con mucho cansancio. Apenas se desocupa una cama, se usa de inmediato. Es un momento crítico, y la población debería cuidarse más”, suplicó.

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