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La historia de don Ariste Omar Mendoza, militante peronista

Fiel a la doctrina del General Perón, sufrió los avatares de la persecución con su hermano Héctor Maximiliano Mendoza, detenido y torturado.

En el día de la Lealtad Peronista, homenajeamos a un hombre que hizo honor a su afiliación. Nació en Santiago del Estero en el pueblo de Herrera, en el año 1933. Como su padre era ferroviario, se trasladaron a San Nicolás de los Arroyos para luego irse a vivir a San Martín, provincia de Buenos Aires. Allí realizó la escuela primaria.

Compartimos algunos fragmentos de una entrevista realizada hace ya unos años.

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La militancia peronista

Ariste decía que fue peronista desde que nació. Su padre era irigoyenista pero se hizo peronista debido situaciones que le tocó vivir y que Ariste relata con gran emotividad: “En Santiago del Estero mi padre manejaba un sulky y el turco Elías Hubiera, que era el patrón, lo vio un día esperándolo a la sombra de un árbol –por las altas temperaturas de esa provincia– y le dijo que fuera la última vez porque si no lo iba a echar. Cuando murió mi madre no le permitió ir al velatorio”. Por esta razón se hicieron peronistas: “por las reivindicaciones sociales que el peronismo dio”, decía.

Ariste continuaba el relato: “Perón y Evita fueron nuestros líderes, lo niños pobres teníamos juguetes, guardapolvos, pelotas de fútbol, monopatín, muñecas Pierangeli. Antes los Reyes Magos nos traían dos o tres caramelitos. A partir de Evita todo cambió”. Por ello es que los llamaban el líder y la abanderada.

“Un día Evita llegó a San Martín, fue a la Municipalidad con Mercante, yo estaba con el cajón de lustrar zapatos, nos acercamos ¡era hermosa! Nos guiñó el ojo y nos hizo una mueca. Cuando terminó el acto subimos al palco y nos besó” relató Mendoza.

Ariste continuó relatando su pasión por los ideales peronistas: “El peronismo es religión, eso se entiende si pensamos en lo que Evita hizo, por la nobleza que puso al servicio de los pobres. Ella solucionaba los problemas y las necesidades de manera inmediata”.

En el año 1962, el diario porteño Democracia publicaba que su hermano Héctor Maximiliano había sido “asesinado por el único delito de poner su pensamiento al servicio de la Patria”. Esto se dio bajo el plan represivo denominado Conintes.

Cuando llegó a Neuquén, don Ariste concurrió a reuniones de los primeros tiempos de la creación del MPN, pero no estuvo de acuerdo con la negativa a las órdenes que Perón enviaba desde el exilio.

Recordaba y evocaba la hombría de bien de don Carlos Juan Sobisch, Donato Ruiz, Nélida Álvarez de Del Pin, don Musatti, gente que hacía peronismo hasta levantada la proscripción” y considera que “el partido provincial no persigue a la gente que no estaba afiliado, yo adoraba a Carlos J. Sobisch hombre carismático, ayudaba a la gente, lo recuerdo con admiración y estima”.

Agregaba también Ariste: “El general Perón a muchos dirigentes les enseñó a ladrar y con el tiempo lo mordieron, por ejemplo, López Rega”.

El fútbol y la militancia

Sus primeros pasos en el fútbol fueron en Chacarita Juniors, equipo en el que jugó por diez años en todas las divisiones (de n°4 marcador de punta), junto a sus compañeros J. Montero y R. Moreno y los llamaban las Tres “M” Funebreras. Cuando tuvo una lesión, rotura de ligamentos, y un técnico que lo perseguía por su militancia política, quiso irse de allí. Entonces don Donato Ruiz (peronista de alma) que era dirigente de Lanús, lo trajo a Neuquén en 1961, al club Independiente. También jugó en Cipolletti llevado por el Dr. Julio Dante Salto. Además, fue entrenador de futbol y logró varios triunfos, entre ellos la medalla de plata por dirigir el seleccionado infantil Evita 1947.

En 1963 fue detenido por Gendarmería Nacional junto a otros compañeros como doña Dora Alonso que era la coordinadora del Justicialismo en Zapala, por cantar la marcha peronista que estaba terminantemente prohibida por el Decreto 4161. Estuvieron tres días en la comisaría de Zapala y luego llevados a la U9 en la que estuvieron sólo veinte días (les hubiera correspondido de seis meses a un año) debido a la intervención del Dr. Matera, el Comando del Partido Justicialista y a don Jaime Francisco de Nevares. Este último era amigo de la madre de Ariste pues se habían conocido cuando ella era presidente de la Juventud Obrera Católica, en Villa Maipú, San Martín. Ariste recuerda y relata que “Dora Alonso estuvo en el pabellón con La Raulito, conocida simpatizante boquense”. Recibían las visitas periódicas de militantes como el Dr. Ahumada, don Jaime de Nevares, don Celestino Sagazeta y el Dr. Quarta.

Entre sus variados trabajos se desempeñó en el comedor de la Universidad del Neuquén y el Sr. Milanesi quiso que formara la escuela de fútbol para posteriormente nombrarlo en la sección Deportes de dicha casa de altos estudios.

En el año 1969 fue entrenador de fútbol en el Batallón de Soldados 181 lugar en el que formó una selección de fútbol y salieron campeones invictos.

También tuvo relevancia su participación en la creación del Club San Cayetano junto al padre San Sebastian, a Luis Soto, Luis Martín e incansables padres de apoyo. Este club surgió en el Polideportivo del barrio industrial no sólo para enseñarles futbol a los chicos sino también conductas de comportamiento.

Ariste no era solo un entrenador, era un forjador de conductas. Y les aconsejaba a sus alumnos “fundamentalmente tomar a conciencia las indicaciones de sus técnicos y el sacrificio que hacen las instituciones, a sentirse compenetrados con lo que hacen. Respetar al rival y a los mayores, que tienen más experiencia. Que el día que lleguen a la primera división se sientan humildes; que nunca olviden lo que han vivido para llegar a ‘ser algo en la vida’; el fútbol les brinda esa posibilidad y no tienen que desaprovecharla”, decía.

Continuó su tarea docente en el Club Independiente junto con Julio Martín y Carlos Leone, institución en la que lo llamaban “el abuelo” con afecto. Conformaron una gran familia en la escuelita de fútbol.

La cesantía en la Universidad

Cuando cayó el gobierno de Isabel Martínez de Perón en 1976, llegó un interventor de fútbol a la Universidad y realizó una reunión en donde cuestionó su militancia, don Mendoza le dijo “me llamo Ariste Omar Mendoza argentino, macho y peronista”. Este fue el motivo por el quedó cesante. Le contestó: “Señor, yo estoy acostumbrado a entrar por la puerta grande y me voy por la puerta grande como me enseñó Perón”. A partir de allí comenzó a trabajar en el EPEN, llevado por el contador Oscar Hernández.

Kiosco “Madrid”

Mendoza relataba también que, en esta etapa del golpe de Estado, tenía un kiosco llamado “Madrid” que trabajaba muy bien hasta que el comando de la SIDE lo llamó para cuestionarle el nombre a lo que nuestro entrevistado replicó: “Le puse ‘Madrid’ en agradecimiento al pueblo español por haber cobijado en un injusto exilio al argentino más grande de la historia”. A lo que le replicaron: “¿Y San Martín, Belgrano, ¿qué fueron?”. Mendoza contestó: “A ellos no los conocí”. Le dieron veinticuatro horas para retirar la mercadería y el negocio fue demolido.

La persecución era tal que en julio de 1974 cuando concurrió al sepelio del General Perón, Ariste narró que “cuando nos tocó pasar frente al féretro, me quedo parado llorando y la Policía Federal me dijo “prosiga”, yo gritando le dije: “déjeme, murió mi padre, es un líder, lo más grande que tuvo la Argentina”.

Ariste fue un ferviente peronista y dejaba reflexiones todo el tiempo tales como “Perón creó el Justicialismo, el pueblo le puso peronista” y le pedía un favor a quienes se decían (o dicen) peronistas “tomar las palabras que el General Perón pronunció en su último discurso: “retempla el espíritu volver en presencia de este pueblo que toma en sus manos la responsabilidad de defender a su Patria” y agrega “les digo a los dirigentes que mientras hablemos el verbo peronista, vamos a ser artífices de nuestro destino que es la Patria pero no instrumento de la ambición de ellos”.

Sin dudas que en este relato puede el lector estar de acuerdo o no con estas ideas, pero de lo que no podemos dudar fue de la lealtad al peronismo que Mendoza promovió. Hoy lo homenajeamos también por la gigantesca labor en pro del deporte neuquino.

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