El clima en Cipolletti

icon
13° Temp
47% Hum
LMCipolletti familia

La familia de don Luis Ramos y doña Petra Hernández

Inmigrantes españoles, andaluces, asentados en Cipolletti en el Siglo XX, realizaron una intensa labor comunitaria y solidaria.

Las narraciones de las historias de inmigrantes realizada por sus descendientes son de un valor incalculable. Está formada por relatos y anécdotas que no se encuentran en los repositorios locales sino en la memoria de la gente.

En este relato, escrito por Carlos Ramos, uno de los nietos de la familia homenajeada, se puede advertir la abnegación y admiración del relator hacia sus abuelos.

Te puede interesar...

“Mis abuelos paternos fueron Luis María Daniel Ramos Albacete y Petra Manuela Hernández. Al abuelo Luis no alcancé a conocerlo, según sus hijos una persona muy buena, recto, justo, callado, de perfil bajo como decimos ahora, falleció en 1951. Pero la abuela Petra, Doña Petra como le decía todo el mundo, era una persona con una atracción especial, muy valiente ante cualquier situación, de carácter fuerte, pero con alegría de vivir a pesar del desarraigo, el sacrificio del rudo trabajo y la ceguera de sus últimos años.

Luis y Petra eran vecinos desde niños en su Uleila del Campo natal, una hermosa aldea de Andalucía, al norte de la provincia de Almería, España. Luis era de la familia Ramos de “los escoberos” ya que esa era la profesión de casi toda la familia y Petra de “los Micaela” que llevaban ese nombre en honor a Micaela, la abuela de mi abuela Petra, fue una especie de líder del grupo familiar.

Petra y Luis se casaron a principios de 1900 y luego de nacer sus hijas mayores Francisca y Natividad, en 1910, Luis vino a Argentina acompañado de su suegro Juan Hernández, a trabajar en la construcción del dique Ballester.

La idea del abuelo Luis era trabajar un par de años y regresar con dinero. Pero en 1913 hizo venir a la abuela Petra y sus dos hijas. Al igual que muchos colonizadores del Alto valle, los abuelos decidieron llegar a estas tierras porque aquí había trabajo y un futuro para sus hijos y sus descendientes.

Petra e hijas llegaron al puerto de Buenos Aires, un 12 de octubre de 1913, a bordo del barco Infanta Isabel. Los recibieron y almorzaron en el viejo Hotel de los Inmigrantes y por la tarde subieron en algo que no conocían …el tren. Viajaron toda una noche y parte del otro día. El abuelo Luis las fue a esperar a lo que hoy es Villa Regina acompañándolas hasta la Estación Limay de la Colonia Lucinda, hoy Cipolletti.

"La estación, recordaba mi tía Kica, la mayor, era sólo un rancho gaucho a dos aguas de maderas, ramas y palos sobre un terraplén, a un costado una letrina que consistía en cuatro palos con bolsas de arpillera”.

familia ramos1.jpg

De la estación ferroviaria fueron caminando hasta las oficinas de administración de las obras del dique (hoy, las oficinas del consorcio de Riego, San Luis esquina Santa Cruz). Allí la Abuela Petra se reencontró con su padre Juan, “mi bisabuelo”, que oficiaba de cocinero de los administrativos e ingenieros que dirigían la obra.

Desde allí fueron trasladados en zorras ferroviarias hasta Puente Colorado punta de riel, a un kilómetro de lo que es hoy Contralmirante Cordero y desde allí caminando a las obras del Dique, hoy Barda del Medio.

El abuelo Luis trabajó en el Dique hasta 1917, se radicaron luego en Colonia Lucinda trabajando siempre de “medianeros”, emparejando tierras vírgenes y compartiendo lo producido con los propietarios de la tierra. En 1929 lograron comprar un lote de 8 hectáreas donde produjeron peras, manzanas, uvas y manzanas, en la zona de la confluencia del Neuquén con el Limay (calle Estado de Israel y los Viñedos), nosotros decíamos en la calle del matadero al fondo.

Luis y Petra tuvieron 10 hijos, 7 mujeres, 3 varones (Quica, Naty, Encarna, Juan, María Luisa, Petra, Lucho, Ema, Pepe y Lita) y 29 nietos. Además, criaron a cuatro hermanitos, huérfanos de unos primos del abuelo Luis que vivían en Colonia La Picasa (Cinco Saltos). Al casarse sus hijas e hijos y nietos se emparentaron con otros inmigrantes como las familias Santarelli, Polla, Rolo, Cia, Gazzola, Neira, Chiacchiarini, etc.

Lo solidario en esos tiempos estaba presente. “Algunos recuerdos que me contaron mis tíos y me quedaron grabados: los abuelos tenían un vecino viudo que en ese entonces era juez de Paz de Cipolletti. Este señor tenía una hija de la edad de mi papá José (Pepe), que quedaba sola encerrada en su hogar, en los horarios de trabajo de su padre, en el juzgado. Cuando mi Abuela se enteró de esa situación habló con el Juez y casi le “ordenó” que, al irse a trabajar, llevara a su hija todas las mañanas hasta su chacra, allí desayunaría, almorzaría, además de ir a la Escuela 50 con mi padre y sus hermanas”.

A otro vecino de la chacra, luego de enviudar, “le ofreció compartir la mesa de los almuerzos y cenas en su casa para mitigar su dolor. Así estuvo unos años, hasta que rehízo su vida. Según contaba ella, había trabajado con un médico en su España natal, así que acá en la zona atendía los partos de las hijas, nueras, vecinas, amigas y la que le pidiera. Contaba mi padre que le avisaban de una parturienta en fecha y para allí salía en sulky, tres días, cinco o quince, hasta que la criatura naciera. Desde Barda del Medio hasta Ingeniero Huergo. Por supuesto, que los padres agradecidos, le ofrecían el recién nacido como ahijado. Mis tías creen que llegó a tener más de cien. Yo fui el último nieto que atendió al nacer, luego su primer bisnieto y “colgó las tijeras” en 1953”, recuerda que su abuela dijo:

“…Te llevas el mejor de mis nietos…” le dijo mi Abuela Petra en 1972 a la que luego sería mi esposa, con ese acento andaluz tan característico.

“…trabajador por demás…” agregó exagerando. Exagerar también es de la idiosincrasia andaluza.

En reconocimiento a su labor comunitaria, el Municipio de Cipolletti, en 1991, la distinguió designando a una plazoleta con su nombre. Se trata de la plazoleta de la intersección de las calles Fernández Oro, Mengelle y las vías del ferrocarril.

Su nieto Carlos cerró el escrito.” Siempre pienso en el desarraigo. Ella cruzó los mares pensando en volver algún día a su aldea, pero íntimamente sabía que no lo lograría. Despidió a su madre Natividad a los 26 años y no volvió a verla”.

Petra formó parte de ese conjunto de abnegadas mujeres que hicieron la historia y el crecimiento de Cipolletti. Una maravilla de homenaje, el sentir de su nieto, los grandes recuerdos de sus abuelos andaluces, el amor por la comunidad, la solidaridad.

Leé más

Noticias relacionadas