La eterna búsqueda de una vida mejor
Muchas cosas han avanzado en el país en materia económica y social. Pero siempre hay problemas pendientes. En la provincia y la ciudad, también.
Los efectos positivos de la economía nacional resultan, a esta altura, innegables. Hay quienes lo atribuyen a un "viento de cola" inusualmente prolongado. Pensamiento mágico o mal intencionado: los largos años de la decadencia argentina tuvieron otros momentos internacionales favorables y el país, paso a paso, se fue hundiendo hasta lo más siniestro de la dictadura del 1976, la hiperinflación de fines de los ´80 y la debacle total de 2001. Por el contrario, la recuperación nacional desde 2003 en adelante ha sido sostenida, mientras la eurozona se acerca al abismo y Estados Unidos al default. El crecimiento chino no puede ser la única causa del progreso argentino actual.
En la región, la proliferación de autos y motos para los más diversos poderes adquisitivos y gustos, la cada vez más variada y numerosa oferta comercial y gastronómica, la existencia de un crédito bastante accesible para el consumo, y la mayor o menor continuidad en la obra pública y privada, revelan, en la práctica, los efectos de los cambios macroeconómicos del país.
Sin embargo, siempre hay un sin embargo. Y así como el gobierno nacional tendrá que atender las muy notorias desigualdades salariales, que potencian a la clase media pero relegan a muchos trabajadores a vivir con lo justo o a cobrar en negro por debajo de lo que merecerían; y avanzar en medidas fiscales para que los impuestos no sean tan regresivos y paguen nítidamente más los que más tienen, en la provincia y en la ciudad hay muchos temas pendientes.
Los problemas de la fruticultura no pueden ser eternos. Ni tampoco puede ser un modelo vigente la cada vez más acentuada concentración productiva en pocas manos. Por estos días, un grupo de chacareros protesta ruidosamente en la Secretaría de Fruticultura, en Allen. La expresión, si bien no general del sector, muestra que el Estado debe intervenir mucho más en procura de hacer las cosas más justas. El precio de la fruta en las góndalas dista demasiado de lo que perciben los productores en sus chacras. Alguien se queda con la parte del león.
El acceso a la tierra y la vivienda debe tener una mejor y más rápida respuesta. El negocio inmobiliario está prácticamente desregulado y los precios exorbitan en materia de ventas de inmuebles y alquileres. La renta petrolera neuquina se ha convertido en una maldición para las mayorías que no tienen nada que ver con ella. El techo propio es un sueño muy caro y los sueldos de la industria hidrocarburífera, y otros sueldos muy altos, son una mínima proporción en la sociedad.
La inflación existe y afecta más, quizá con algún ingrediente político maquiavélico, a los sectores más populares: los precios de la comida tienden a subir en forma más sensible que otros. Basta comparar sus cambios en comercios entre un mes y el siguiente. Pero en la región hay un problema extra. Todo es mucho más caro aquí que en Buenos Aires y otras provincias. Las distancias golpean fuerte sobre el precio de las mercaderías, pero habría que ver hasta dónde es lo real y dónde empieza lo abusivo.
El crecimiento demográfico y la mayor riqueza circulante, potencian, como efecto no querido, ciertos males sociales. El alcoholismo y el mayor consumo de drogas, entre ellos. En Cipolletti, año a año se dispara el ingreso de bebidas alcohólicas y muchas faltas y accidentes viales tienen su origen en su ingesta. La circulación de estupefacientes, en tránsito o para consumo local, no deja de llamar la atención.
Las próximas autoridades de gobierno tendrán, pues, mucho trabajo. Trabajo que también tendrían que asumir más las actuales, siempre con ese fin excluyente de la política: mejorar la vida de los ciudadanos.








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