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La emprendedora de Neuquén que fabrica mundos en miniatura

Fernanda Páez recrea ambientes de la vida cotidiana en menor escala. La paciencia y la motricidad fina son la clave para lograr el mayor detalle y perfección.

Cuando cualquier persona ve una tapita de una botella para tirar, Fernanda Páez se imagina una lámpara. Lo que algunos usan como escarbadientes, para ella son agujas de tejer. La punta de un hisopo es rápidamente un foco de luz. Y los palitos de helado pueden convertirse pronto en un piso de parquet reluciente.

Con sus manos, su mente y su paciencia, esta emprendedora de Neuquén fabrica terrarios con escenas y ambientes de la vida cotidiana en miniatura y recrea, en menor escala, (casi) cualquier objeto: computadoras, escritorios, mates, escaleras, ovillos de lana.

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Todos incluyen cactus y plantas (reales y ficticias) ya que, inicialmente, su emprendimiento "Mi primer cactus" surgió como vivero, junto con su hermana Tamara, y después se expandió con la inclusión de estas obras artesanales. También busca la presencia infaltable de libros y comida en cada uno de ellos.

Fernanda Paez fabrica mundos en miniatura

En su delicado trabajo artesanal, Fernanda arma distintas escenas como estudios de fotografía, de costura, cuartel de bomberos, gomería, balcón, casita del árbol y todo lo que le pidan. Pero no trabaja sola ni es la única apasionada por las miniaturas en la región: Nerina Fimpel, también de la capital neuquina, es quien le provee de los muebles; mientras que Dana Muñoz, una joven de 16 años de Senillosa, fabrica las “mini comidas” en porcelana fría.

Así, a partir de un solo pedido, se genera una cadena de ventas de miniaturas entre las mismas emprendedoras. “La idea es ayudarnos entre todas. Si nos compramos entre nosotras, esto sigue adelante. Entre todas nos complementamos”, sostuvo Fernanda a LM Neuquén.

Su principal fuente de inspiración y aprendizaje fue Nerina, a quien conoció en la Feria de China Muerta cuando ella sólo iba a vender sus cactus y suculentas. Primero, le pidió a su colega que le hiciera su propio vivero en miniatura y, cuando fue conociendo el trabajo, se entusiasmó y fue aprendiendo de ella.

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“Cuesta que la gente aprecie el trabajo artesanal”

Muchos de los materiales que utiliza Fernanda para sus creaciones son reciclados, ya que aprovecha cualquier elemento que iría a parar al tacho de basura. “Yo ya no tiro nada”, asegura, y se preocupa porque su entorno tampoco lo haga y le guarde todo: el cablecito que ya no sirve, la tapa perdida de un marcador, el vaso que se rompió, una caja de cartón.

Aún así, tiene gastos en otro tipo de materiales y herramientas, y esto se suma a lo más dificultoso de costear: su fuerza de trabajo. Según cuenta, hay terrarios que le llevan hasta tres semanas de fabricación y, a medida que fue aprendiendo del oficio, también fue necesitando elementos precisos para poder crear cada objeto con mayor detalle y precisión.

Fernanda Paez fabrica mundos en miniatura

“Algunos pegamentos son caros y tienen que ser esos sí o sí. También se usan pinzas, cutter, porcelana, acrílico. Ahora me compré un mini torno. Si hago un piso de madera hay que pegar, secar, tratar la madera, usar enduido, distintas pinturas, pasar barniz, lijar, esperar que se seque. Es todo un trabajo y un gasto que uno hace”, detalló la mujer.

Lo que empezó como hobby, sin embargo, hoy significa una fuente de ingreso más en su vida -ya que es empleada provincial- y participa en gran cantidad de ferias de la zona.

“Los terrarios son un ingreso muy lindo pero lo que cuesta es ponerle valor. Hay gente que reconoce el trabajo, que se da cuenta que estuviste días o semanas trabajando, que aprecia el valor y lo compra”, resalta, pero admite que también se encuentra con gran cantidad de gente a la que “le cuesta mucho apreciar el trabajo artesanal”.

Fernanda Paez fabrica mundos en miniatura

Su sueño es poder tener un local propio que fusione el vivero y el taller donde hacer las miniaturas. “Fantaseamos eso con Nerina, hacerlo juntas, porque nuestros trabajos se complementan y hay mucho respeto por el trabajo de la otra. Pero hoy en día necesitas muchísima plata y mucha inversión”, asegura.

Por el momento, ambas usan sus redes sociales para vender sus productos y Fernanda participa de la feria de Balsa Las Perlas, Germinar, entre otras.

Paciencia, la clave

La paciencia es algo que, en su vida cotidiana, no caracteriza al temperamento de Fernanda. Aún así, cuando hace sus creaciones no le queda otra y esto implica, necesariamente, que se desafíe a ella misma.

“Necesitás mucha paciencia y yo no la tengo. Cuando empiezo algo lo quiero ya y lo quiero ver terminado ya. Por eso hago dos terrarios al mismo tiempo”, cuenta. Así, los niveles de ansiedad le disminuyen un poco y, mientras espera que algo se seque, puede ir avanzando con otra obra.

El mayor desafío al que se enfrente es “cuando te piden algo muy parecido a la realidad” ya que, si bien tiene la ventaja de poder imitarlo, es muy grande la presión de tener que replicarlo de forma idéntica. Igualmente, la mayoría de las veces es ella quien deja volar su mente y solo basta que se imagine la obra en su cabeza para poner manos a la obra.

Fernanda Paez fabrica mundos en miniatura

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