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La batalla por las chacras

El avance del petróleo genera temor e indignación a productores.

Sin rentabilidad ni sucesores dentro de sus familias, los chacareros valletanos pelean desde hace años no sólo para no fundirse sino para mantener la cultura de las chacras, una marca registrada que el Alto Valle va perdiendo a ritmo acelerado ante el avance de los loteos y el boom petrolero.
El hormigón sobre la tierra productiva generaba fuerte rechazo y preocupación, pero los pozos en busca de oro negro se convirtieron en el principal enemigo de los chacareros. Muchas ciudades de la región protegían las zonas productivas con restricciones a los loteos o votaciones especiales para cada proyecto de urbanización. Ante las perforaciones en busca de hidrocarburos, sin embargo, los fruticultores casi no tienen resguardo.
Por eso esta semana, el intento de llamar la atención del gobierno nacional no fue con cortes de ruta, sino con un bloqueo a YSUR-YPF. Protestar lejos de los puentes, sin afectar a los valletanos y causándoles un dolor de cabeza a los petroleros, fue la determinación unánime de los productores y no se trató de un experimento. Si esta semana no hay avances en las gestiones de un plan sanitario para todos los chacareros, la mayoría de las cámaras votará por volver a bloquear la producción de la petrolera nacional.
La batalla por las chacras era silenciosa hasta que aparecieron las primeras “cigüeñas” en tierras productivas de Allen, ya que los derrames y la licitación de nuevas áreas de exploración en el Alto Valle calentaron los ánimos. Los productores aseguran que cuentan con menos respaldo de los gobiernos, cuando generan mucho más empleos directos e indirectos que el gas y el petróleo. ¿La razón? Las regalías son mayores y las inversiones se comprometen por contrato, algo que el Estado no puede exigir a productores y exportadores de peras y manzanas.
La Provincia quiere adjudicar seis nuevos bloques de extracción de gas y petróleo, varios de ellos en cercanías de Villa Regina, el último polo frutícola donde la producción primaria sigue dinamizando la economía.
Convencidos de que luchan contra molinos de viento, muchos chacareros reconocen que darán pelea para mantenerse a flote tanto tiempo como puedan y, fundamentalmente, para dificultar el avance de la industria hidrocarburífera hacia las zonas productivas del Alto Valle rionegrino.

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