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La acosó un pervertido que se masturbaba en la calle, a plena luz del día

La adolescente cipoleña iba a su casa cuando en la esquina de Río Paraná y Bolivia, un hombre la saludó y le preguntó por una calle, mientras se masturbaba y le decía palabras obscenas.

Una adolescente, de 16 años, vivió este martes a las 10 una situación violenta y muy desagradable: la acosó un pervertido en la esquina de las calles Río Paraná y Bolivia. De estatura mediana, tez blanca y cabello crespo y negro, el hombre se encontraba parado, en esa intersección, como si la estuviese esperando. "Se dirige a mí y me dice 'hola, ¿sabés dónde queda la calle Paraguay?', mientras se masturbaba", contó.

"Yo, al verlo, traté de alejarme, pero este señor seguía en la misma posición, masturbándose y diciéndome cosas obscenas", agregó la menor.

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La chica, con domicilio en Cipolletti, pasa por esa calle con frecuencia y aseguró que nunca la habían acosado en la calle, de esta manera. Dijo que tiene miedo de volver a cruzar al pervertido y, ante la duda, ya no sale a caminar sola, si no es con la compañía de su novio. Prefiere andar en bicicleta.

Compartió su testimonio públicamente para que otras jóvenes y mujeres expuestas a la violencia machista estén alertas. "Lo que me pasó a mí, le puede pasar a cualquiera. Cuidémonos", expresó la adolescente.

En su resguardo, LMCipolletti se referirá a ella con las siglas L.R.

"Este hombre apareció enfrente mío y comenzó a masturbarse. Yo entré a gritar, pero no había nadie en la calle. En eso, apareció una camioneta con una familia en su interior, que dobló por Bolivia, en dirección a Circunvalación. Quise sacarle una foto, pero entonces se fue corriendo por Río Paraná", relató la adolescente.

Acoso en Bolivia y Rio Paraná01.jpg

Recordó que el pervertido vestía una remera manga larga, un jean azul y botines de trabajo. También llevaba una mochila naranja y negra. "Me impresionó que los ocupantes de la camioneta me vieran llorar y no pararan", acotó.

Cuando el pervertido huyó de la escena, ella se fue hacia una plaza cercana, donde se encontró con un muchacho que hacía delivery y le preguntó por el número de la Policía. "Llamé al 911, me atendieron pero luego me pusieron un mensaje de voz. Yo colgué y me fui a casa", prosiguió en su relato.

Cuando la adolescente llegó a su domicilio, se encontró con su profesora particular y le contó lo que le había pasado. Su madre, en ese momento, no estaba presente. Es trabajadora esencial. Dijo que se comunicó con una tía, quien efectivamente y después de insistir mucho pudo hacer la exposición policial en Viedma, donde vive. No obstante, la burocracia del sistema la obliga a ratificar el escrito donde ocurrió el hecho.

"Supuestamente, los policías que me tomaron la exposición se iban a comunicar con sus compañeros, ellos iban a ir a la casa de mi sobrina para ver que estuviera bien y ratificara los dichos. Iban a mirar las cámaras de la zona, pero no hicieron absolutamente nada", dijo su tía a LMCipolletti.

Mientras tanto, L.R. expresó que tiene miedo de volver a cruzarlo. "Por eso, no he vuelto a salir a caminar", concluyó.

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