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Intentó evitar un arrebato a una mujer y el motochorro lo asesinó

El dueño de un vivero, junto a su hermano menor, quiso detener a un ladrón que huía tras asaltar a una señora de unos 65 años. El delincuente apuñaló a los dos. Fue atrapado a los pocos metros.

El detenido estaba condenado y tenía el beneficio de salidas transitorias. El robo ocurrió frente a la clínica Moguillansky y el crimen se produjo a la vuelta, en Urquiza.  
 
Un hombre de 49 años fue asesinado por un motochorro ayer a plena mañana tras haber intentado recuperar la cartera de una mujer que había sido asaltada frente a la clínica Pedro Moguillansky. Al observar el arrebato, la víctima y su hermano, que estaban en su vivero, corrieron tras el delincuente por algunos metros hasta que éste sacó un cuchillo y los apuñaló a ambos.  
El más joven sobrevivió pese a las heridas que sufrió, aunque deberá permanecer internado. Ayer se encontraba estable y fuera de peligro. En el hecho intervino personal de la Comisaría 32, Criminalística y a cargo de la causa quedó Gustavo Herrera, titular del Juzgado de Instrucción Seis.
Las víctima fatal fue identificada por la Policía como Claudio Fabián Araya, de 49 años. El herido es su hermano Natanael, de 26, quien recibió tres puntazos. El padre de ambos es un conocido pastor de la ciudad. El fallecido tenía tres hijos, de 16, 13 y 9 años.
Eran cerca de las 10 cuando una mujer, de 65 años, fue interceptada por un delincuente frente a la clínica a la que iba a ingresar, informó Darío Cravotta, a cargo de la Unidad 32. El ladrón forcejeó con ella y logró quitarle su bolso. Luego emprendió su huida por Mengelle hacia el Norte.  Éste había dejado estacionada a la vuelta sobre Urquiza su motocicleta, de color roja, marca Jincheng. Pero antes de poder subirse a su rodado fue interceptado por dos vecinos, quienes alcanzaron a ver cómo había asaltado a la señora. Los hombres son dueños de un vivero que se encuentra en la esquina de Primera Junta y Mengelle y desde allí pudieron observar todo. Ambos fueron testigos del arrebato y al ver por dónde huía, salieron a perseguirlo.
Apenas lograron alcanzarlo se abalanzaron sobre él. Nunca imaginaron que en la motocicleta había dejado escondido un cuchillo, de gran tamaño, con el que terminó apuñalándolos.
En ese momento, un policía vestido de civil advirtió la situación y de inmediato se comunicó con el Comando Radioeléctrico. La cuadra fue rodeada por agentes en escasos minutos por lo que no pudo huir, porque además estaba lesionado por los golpes que recibió. 
Los hermanos fueron trasladados en dos ambulancias, pero, desafortunadamente, Claudio Araya murió en el camino. “No alcanzó a ingresar con vida. La herida que recibió a la altura del abdomen era muy profunda y había perdido mucha sangre”, comentó una fuente policial.
 
Investigación cerrada 
La moto en la que se trasladaba el sospechoso fue secuestrada y se trataba de establecer si era robada. En el lugar, personal de Criminalística levantó algunos rastros del casco y del rodado. También el cuchillo fue encontrado en la escena y se levantaron muestras de pelos, que pertenecerían al delincuente.
Las evidencias y testimonios no dejaron dudas de la autoría. El delincuente es conocido en el ambiente delictivo. Se supo que estaba purgando en el penal cipoleño una condena unificada, que concluía en 2015. Tenía el beneficio de salidas transitorias desde enero del año pasado.
En principio fue alojado en la Comisaría 32º, pero luego lo trasladaron a la alcaidía de General Roca. Se espera que en el transcurso de esta mañana sea indagado por el juez Herrera.
 
El horror
Los vecinos del sector quedaron conmovidos ante la situación vivida ayer por la mañana.
“Lo vimos tirado en el suelo. Estaba pálido y había mucha sangre por todos lados”, comentó una vecina.
Muchos de ellos explicaron que en los últimos años han sido blanco de innumerables hechos de inseguridad y que frente a este escenario se sienten permanentemente vulnerables y desprotegidos. “No podemos vivir tranquilos, ni en paz. Muchos ya han sido víctimas de robo a mano armada y no encontramos ninguna solución a esto. Esta cuadra se convirtió en algo impensado, donde se registra un gran número de delitos”, aseguró otra mujer.

El detenido Ramón Geldres cumplía una condena unificada por varios delitos

Ramón Geldres, de 42 años, quedó detenido tras haber asesinado de una puñalada a Claudio Araya y de haber herido también a su hermano menor.
El sospechoso cuenta con un frondoso prontuario. En 2009 había sido condenado por la Cámara Segunda de esta ciudad a 17 años y cuatro meses de prisión. El fallo fue el resultado de una unificación de penas. Fue sentenciado por tres robos.
Cinco años atrás en esta ciudad, Geldres protagonizó una situación similar a la que vivieron Claudio y Natanael Araya. En esa oportunidad, el recluso ingresó a una vivienda de Venezuela al 1.600. Allí forcejeó y apuñaló a su propietario. Por este hecho fue condenado a 7 años de prisión, a los que se sumaron otros 11 por un robo ocurrido en Roca.
También se supo que en mayo de 2009 se evadió de la alcaidía roquense y que luego de haber sido recapturado fue trasladado al penal cipoleño. 
 
Polémica por las salidas
Desde enero del año pasado que contaba con el beneficio de salidas transitorias. Pero fue hasta agosto de 2012 que era llevado y nuevamente trasladado al penal por agentes penitenciarios. Luego de esa fecha y hasta ayer podía hacerlo solo. El recluso argumentó que necesitaba el permiso, ya que se encontraba trabajando en una carpintería. Podía salir de lunes a sábados de 8 a 14.
Frente a la polémica que se abrió por las salidas transitorias que le otorgó el juez Juan Pablo Chirinos a Geldres, el magistrado dijo que nunca había tenido inconvenientes con el recluso y que inclusive cumplía con la medida. Sólo en algunas ocasiones no llegó a horario por lo que se le llamó la atención. Luego de eso no repitió esa conducta. Chirinos también aclaró que el fiscal que intervino en la causa no se opuso a las salidas.

"¿Qué esperan, que nos maten a todos?"

Con récord de comentarios, en www.lmcipolletti.com.ar se repudió lo sucedido. Coincidieron en la impunidad delictiva. 

Las redes sociales como Facebook y Twitter explotaron ayer en Cipolletti tras el ataque sufrido por Claudio Araya y su hermano Natanael. Y los comentarios en la web de La Mañana de Cipolletti llegaron en forma incesante durante todo el día con muestras de repudio y un pedido urgente de justicia.
La indignación, en muchos casos, recayó sobre las autoridades y Leo, uno de los lectores, reclamó “renuncias ya, intendente, funcionarios, juez, comisarios, basta de mentiras y versos”.
Algunos vecinos se encargaron de poner paños fríos y de manera reflexiva puntualizaron que “es horrible lo que pasó, pero no hablemos al pedo. Sabemos que esto no lo arregla ni (Abel) Baratti ni el gobernador ni la presidenta sino se cambian las leyes. Hagamos la pueblada pero con propuestas exijamos el cambio de leyes, todos sabemos que los jueces se atienen a lo que está escrito, a la Policía le pasa lo mismo, por eso entran por una puerta y salen por la otra los asesinos y los chorros. Son las leyes, si no se modifican hablamos al pedo, participemos y hagamos algo pero en serio”.
En tanto, una mujer no dudó en afirmar que la comunidad deberá salir a la calle armada para protegerse de los delincuentes. “No puede ser lo que pasó, que muera una persona valiente porque ya casi nadie quiere meterse en estos casos. Ya no podemos andar tranquilos en la calle ni en tu casa. Estos chorros andan por todos lados como si nada y cuando la Policía agarra a alguien, los jueces lo largan. ¿Qué esperan, qué nos maten a todos? No nos va a quedar otra de andar armados para poder defendernos ya que no estamos seguros en Cipolletti hace mucho, ya no es ciudad para vivir”.

Escenario
Los delincuentes, dueños de las calles

Qué lejos quedó aquello de “Cipolletti, ciudad para vivir”
Por más que suene repetitivo, el asesinato de este comerciante es la famosa crónica de una muerte anunciada. Desde hace meses, los motochorros se adueñaron de la ciudad y la impunidad con la que se manejan fue tema de muchas notas que se publicaron en este medio. 
Atacan en lugares cercanos al centro, pero a su vez eligen sectores que no les demanden un gran recorrido de cuadras para huir y escabullirse en algunos barrios donde a la Policía se le dificulta ingresar. Aunque tampoco esta es una regla fija porque se han denunciado estos delitos en toda la ciudad.
Ya es cada vez menos sorprendente cuando en un asado alguien cuenta que un amigo o un familiar fue víctima de un arrebato o un robo a mano armada protagonizado por delincuentes que circulan en motocicletas. Se dan a toda hora, sin importar la condición socio-económica del asaltado. Incluso agreden a jóvenes y adolescentes de su misma barriada para sacarles un teléfono celular. Es un vale todo. Las mujeres, son los principales blancos.
El hilo que pendía para que no haya una tragedia era muy finito. Y en la mañana de ayer se cortó. Con un agravante más, en los tiempos que hoy corren, una de las críticas que nos hacemos como sociedad es la falta de solidaridad. El “no te metas” rige la vida de la mayoría. Lamentablemente, el involucrarse para ayudar a que no le roben a una señora mayor terminó de la peor manera para estos hombres que estaban trabajando en el vivero familiar. Le podría haber pasado a cualquiera, les pasó a ellos.
Le podría haber pasado a alguno de los automovilistas que en las últimas semanas fue sorprendido por ladrones cuando esperaba el paso del rojo al verde en semáforos de calles troncales de la zona Norte. Les podría haber pasado a los vecinos a los que se les han metido en sus propiedades y los han desvalijado. 
La situación no da para más y es momento de que el Estado intervenga con políticas fuertes y serias porque así no se puede seguir. Se deberán revisar las salidas transitorias de los presos ya que no es el primer delito que comete en la calle un recluso bajo esta modalidad. ¿Quién le explica a los seres queridos del muerto por qué ese delincuente estaba suelto? ¿Qué respuesta tiene para dar el juez que brindó el beneficio? ¿Cómo circulaba con total normalidad en un vehículo supuestamente robado? ¿Por qué si los policías conocen a la gran mayoría de los delincuentes, nadie notó que esta persona deambulaba en busca de sus posibles víctimas? ¿Qué van a hacer esta vez los legisladores que suelen desaparecer de los ámbitos mediáticos cuando ocurren estas situaciones?
Los cipoleños debemos volver a movilizarnos masivamente, como aquellas jornadas de 1997 tras el Primer Triple Crimen, porque si bien las connotaciones de estos aberrantes hechos son diferentes, este crimen vuelve a marcar un punto de inflexión en la historia de la ciudad porque está claro que las calles hoy pertenecen a los delincuentes y criminales. La Justicia tiene que dar explicaciones y el poder político también porque la prevención del delito es su responsabilidad. Está claro que hoy en Cipolletti no existe seguridad. 

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