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Ingeniero Hugo Rimmele, un cipoleño que contribuyó al engrandecimiento de la ciudad 

Su extenso currículo explica la historia de la ciudad rionegrina: su desempeño en la fruticultura, en el dictado de horas cátedras en distintos establecimientos educativos y su trabajo en empresas de la ciudad cipoleña, entre tantas tareas llevadas a cabo.

El Ingeniero Hugo Rimmele hijo es portador de muchas historias cipoleñas que contribuyen a contar la historia de la ciudad. Su padre, don Hugo Rimmele, era alemán y llegó tempranamente a estas tierras.

Era descendiente de protagonistas de las Cruzadas de la Cristiandad Occidental para expulsar a los musulmanes de los Santos Lugares: un vasallo de apellido Rimmele logró sobrevivir a las batallas y al regreso fue recompensado por el rey alemán con tierras y declarado caballero.

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Esas tierras estaban ubicadas cerca de la aldea de Hulhen, región de la Suabia. Pasaron los siglos y la chacra siguió en manos de los Rimmele por medio del mayorazgo: el mayor de los hermanos iba heredando la propiedad.

Allí, el 10 de octubre de 1899, nació el papá de nuestro protagonista. Creció en una chacra con plantaciones de manzanos, peras, frutos de carozo y ganadería. Allí vivió su infancia y juventud, terminó sus estudios en un colegio Técnico Industrial, donde adquirió conocimientos en carpintería, mecánica y electricidad.

En 1917 fue convocado a la Primera Guerra Mundial, pero debido a que se enfermó se salvó. En 1919 le dieron la baja. Más adelante pensó en dejar Alemania y, junto con su hermano Josef y un amigo, inició los trámites para viajar a la Argentina. A mediados de 1919 partieron desde el puerto de Hamburgo. A su llegada se alojaron en el Hotel de los Inmigrantes de Buenos Aires.

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Poco tiempo después, Hugo fue contratado por un estanciero con propiedades en La Pampa: el establecimiento agrícola se llamaba La Copelina. Pero pasado un tiempo se enteró de la existencia de mejores campos al sur del río Colorado y emigró al Alto Valle. Emprendió el viaje con dos caballos y llegó a la estación Ferri, donde se empleó en el establecimiento La Alianza de Casterax.

Unos años después conoció a Arturo Braun, alemán como él, que era administrador del establecimiento Peuser y lo contrató para trabajar en el mantenimiento de todas las instalaciones: usina eléctrica, pabellones de crianza de aves y secaderos, tareas de carpintería.

Allí también trabó amistad con otro alemán, Bernardo Herzig, propietario del establecimiento La Falda, que lo convocó para que fuera capataz general de sus chacras. En 1925 trabajaba con tractores con motor a vapor y años más tarde logró el título de Conductor de Motores a Vapor para agricultura.

En esa época compró un cuarto de manzana, en la esquina de las actuales calles Nueve de Julio y Belgrano, que luego vendió a Aloysio, su hermano venido de Alemania. Luego, con el dinero de la venta y un crédito del Banco Hipotecario, compró 14 hectáreas de tierra vecina al establecimiento La Falda, que desmontó y emparejó para transformarlas en una chacra-granja y desarrollar el cultivo de viñas, manzanos, perales, membrillos, olivos y forrajes para alimentar sus vacas y caballos.

En la segunda década del siglo comenzó la explotación rural en la colonia Villa Regina. La Compañía Italo Argentina de colonización se encargó de la entrega de cortadoras de alfalfa, sembradoras y enfardadoras. En los años ’30 fue el mecánico de las máquinas a vapor del establecimiento de Benigno y Rogelio Segovia, de Colonia La Picasa, hoy Cinco Saltos.

Ahí, además, reparaba calderas de tubos acuotubulares que calentaban el agua para producir el movimiento de los émbolos de las máquinas para la elaboración de vinos y aceites comestibles. Eso fue lo que lo alentó a plantar dos hectáreas de olivos.

En 1932 contrajo matrimonio con Celinda Sagripanti, joven italiana de 19 años. Tuvieron tres hijos: Hugo, Nelly Celinda y Antonio Juan.

La actuación de don Hugo en numerosas instituciones valletanas es importante: en 1933 se asoció a la cooperativa vitivinícola, industrias anexas y productivas Cipoleño. En 1955 integró la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén, participó en la fundación de Corpofrut.

En 1948 compró ocho hectáreas en la zona de San José para producir alfalfa. Dos años después amplió sus propiedades: compró en un remate veinticuatro hectáreas de tierra de monte, del campo Pocasensky, en la zona del Treinta. Falleció a los 84 años: su biógrafo Juan Mocciaro, de quien tomamos estos recuerdos, resalta el recuerdo de don Hugo “el alemán” en su Ford T por las calles de Cipolletti.

Homenajes

Calle B 17 Hugo Rimmele ingreso a la cárcel Penal Provincial N° 5 de la cuarta circunscripción. En conmemoración a don Hugo Rimmele padre, porque él gestionó ante la Fundación Eva Perón todo lo necesario para que esa zona dispusiera de riego.

Monumento artístico plazoleta Ingeniero Hugo Rimmele en el derivador del ingreso a Cipolletti desde Neuquén, calle Fernández Oro al 100.

Un sencillo homenaje a un ciudadano cipoleño que heredara de su padre el amor por esta lejana tierra y a la que contribuyó de la única manera que aprendió: trabajando duramente y con amor para honrarla, para agradecerle por todo.

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Hugo Rimmele hijo, ingeniero

Nació en Cipolletti, en La Falda, el 24 de octubre de 1933. Cuando su padre lo fue a anotar se olvidó los nombres que su madre le había dado y lo hizo bautizar con su propio nombre: lo acompañaba como testigo Florentino Soules, dueño de la inmobiliaria del mismo nombre. Realizó sus estudios primarios en la centenaria escuela N° 53: su primera maestra fue la señora Dora de Panisse, mientras que el director era Carlos Roberto Raggio, recordado maestro.

La escuela secundaria la realizó en el colegio salesiano Domingo Savio de General Roca: egresó como bachiller con Medalla de Oro otorgada por el Batallón de 6ta. División del Ejército Argentino con asiento en Neuquén. En agosto de 1962 se recibió de Ingeniero en Construcciones y materias complementarias de Puentes y Vías navegables, carreteras, Ferrocarriles e Hidráulica de la ingeniería Civil, en la UNS.

En 1963 ingresó a la entonces llamada ENET 1 de Neuquén capital, cuando era director el señor Eugenio Perticone, como profesor en varias materias, cargo que mantuvo durante cuarenta y dos años.

Entre 1953/54 su padre le encargó desmontar una loma de tierra con un tractor y trastón para realizar un canal. Tuvo la suerte de encontrar medio fémur de dinosaurio que se expone en el Museo Ameghino de Cipolletti.

Formó su familia con María Fermina Chiementon. Tuvieron tres hijos: Francisco Hugo, Carlos Aníbal y Leonardo Javier. Se casaron con Andrea, Alejandra y Silvana, respectivamente. Los nietos Sebastián, Federico, Facundo, Guadalupe, Nazarena, Matej y Micaela completan la familia.

Por un lapso de veinte años fue ingeniero de la empresa constructora Zoppi Hnos. La ingeniería más que un trabajo se convirtió en una forma de vida. Fue la decisión correcta: “Lo hice con pasión y lo desarrollé con pasión. Si tuviera que elegir una carrera, elegiría la misma”, manifestó hace unos años. Su actividad profesional fue diversa: proyectó innumerables construcciones, muchas de ellas actualmente íconos en esta ciudad.

Podemos nombrar el Frigorífico Cipolletti, el edificio Torino, en Irigoyen y Villegas, el edificio Cipolletti, donde en un principio se instaló el Banco Ganadero Argentino, hoy Banco Santander, el Hotel Nogaró, hoy Hotel Patagonia, y las oficinas de Hidronor, actualmente la Municipalidad.

También una de las primeras edificaciones fue la Cooperativa 12 de octubre, donde en la actualidad funciona La Anónima. Entre sus obras se encuentran salones comerciales, empaques de la fruta, redes de agua corriente y cloacales, puentes carreteros, escuelas, hospitales y corralones, entre tantos otros.

Recordó que en esa época “el trabajo abundaba, no teníamos computadora, ahora el profesional busca el trabajo”. Una de sus grandes pasiones fue la docencia: como ya mencionamos, desde 1963 a 2005 fue profesor titular de la ex ENET 1 de Neuquén, hoy EPET 8, con 32 horas semanales durante 42 años.

Además, dio clases en el colegio Manuel Belgrano de Cipolletti. Una vez jubilado fue asesor técnico de estudio de arquitectura de su hijo Carlos, y concurre asiduamente a su chacra en Fernández Oro, la que administra en honor a su padre.

Cuando lo fuimos a entrevistar nos proveyó de un libro realizado por él: Cipolletti mi ciudad en el que podemos ver los primeros edificios de la Colonia Lucinda y Cipolletti.

Hoy lo homenajeamos con escritos de su autoría: la inmensa labor de su padre y la suya se ven reflejadas en una calle que lleva el nombre de don Hugo y un monumento recordatorio en la entrada de la ciudad.

En el libro indagó a cada uno de los monumentos, como el Fortín Primera División. Analiza, además el nombre de Cipolletti y hace una síntesis de los distintos nombres que llevó la ciudad. También el origen del apelativo “la chacra asfaltada”, ya que fue la primera ciudad con asfalto de hormigón en todo Río Negro y Neuquén.

También fue la primera con red de agua corriente, la primera en tener red de desagües cloacales, la primera con red de gas natural y con edificios de altura, narra Hugo en su escrito.

Recuerda que para la fiesta de la fundación de la ciudad se toma el 3 de octubre de 1903 como fecha de fundación por haber sido el día en que se efectuaron las primeras ventas de lotes en el ejido urbano.

La bandera de Río Negro: analiza su historia y su significado. En septiembre de 2008 se convocó al concurso para la creación de la insignia provincial. El jurado dio a conocer su veredicto: la bandera representa a toda la provincia, desde la cordillera al mar, pasando por los valles y la meseta. Las estrellas simbolizan los trece departamentos que integran su territorio.

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El color negro sobre el margen superior izquierdo iguala el nombre de la provincia y del río homónimo. El color azul de la franja superior representa a la justicia y a los recursos acuíferos: en la cordillera con sus lagos y ríos, en el valle con los canales de riego y en el este con el mar austral. El color verde de la franja inferior representa la esperanza y la riqueza de nuestra tierra, tanto la producción agrícola como la ganadera, sus bosques cordilleranos, el verdor de los valles, que es producto del trabajo fecundo de los pioneros y los productores actuales.

La franja central de color blanco es la unión de todos los colores, el negro que identifica a la provincia y contiene a los trece departamentos, el azul que dignifica el agua que es la constante conductora que une al estado provincial con la perseverancia y esfuerzo.

El color blanco significa el poder central de Río Negro, que con su división de poderes mantiene unida a toda la provincia y sus habitantes.

Terminado el concurso y creada la bandera por ley provincial, el 1 de octubre de 2009 se izó por primera vez la bandera en la Plazoleta del Fundador, ubicada en Viedma a orillas del río Negro, donde había desembarcado don Francisco de Viedma y Narváez.

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