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Hugo Rimmele, el ingeniero en construcción que proyectó íconos de la identidad cipoleña

Cumple hoy 50 años de profesión. Fue el primer profesional en esa especialidad nacido en la ciudad. Los edificios Torino, San Martín y Cipolletti tuvieron su sello. También la ex Cooperativa 12 de Octubre, hoy local de La Anónima.

Su primer trabajo fue en 1962 en la empresa Zoppi, donde ya tenía asignado su escritorio apenas finalizados sus estudios en Bahía.
 

Hugo Rimmele celebra hoy sus 50 años de pleno ejercicio de su profesión: ingeniero en construcción.
Desde 1962 comenzó a trabajar en Cipolletti en la empresa constructora Zoppi Hermanos. Fue el primer ingeniero en esa especialidad nacido en esta ciudad.
Para Rimmele, más que un trabajo, es una forma de vida, de la cual está convencido que fue la decisión correcta. “Lo hice con pasión y lo desarrollé con pasión. Si tendría que elegir una carrera, elegiría la misma”, manifestó.
La actividad profesional del ingeniero fue diversa. Proyectó innumerables construcciones, muchas de ellas son actualmente íconos en esta ciudad. Su primer trabajo fue encomendado por la compañía de la familia Zoppi que, antes de que volviera de realizar sus estudios en la Universidad del Sur de Bahía Blanca, ya le tenía un escritorio en su empresa.
Las expectativas hacia el nuevo ingeniero que retornaba a su pueblo natal fueron tantas que la primera obra que debió proyectar y calcular fue de gran envergadura: el frigorífico Cipolletti. “Para mí fue un gran desafío; era jovencito y meterme en eso era mucha responsabilidad, pero lo hice y todo salió bien”, expresó Rimmele.
 
Los edificios
Entre las grandes edificaciones de las que participó está la del edificio Torino (1967), de la esquina de Irigoyen y Villegas, que fue el primero de altura en la región.
Más tarde le siguieron el conocido como San Martín (1969), haciendo honor a la calle donde está ubicado; el edificio Cipolletti, donde en un principio se instaló el Banco Ganadero Argentino (hoy Banco Santander); el Hotel Nogaró (hoy Hotel Patagonia) y las oficinas de Hidronor (actualmente la Municipalidad).
Otra de las edificaciones fue el primer autoservicio de la ciudad, la Cooperativa 12 de Octubre, donde en la actualidad funciona La Anónima. Además, entre sus obras se encuentran salones comerciales, empaques de la fruta, redes de agua corriente y cloacales, puentes carreteros, escuelas, hospitales y corralones, entre otros.
Rimmele cuenta que en  esa época el trabajo abundaba: “Tenía clientes como un médico, con turnos. Ahora el profesional busca trabajo, antes llegaba sólo. Mis jornadas laborales comenzaban a las 5, me levantaba a esa hora a trabajar, porque tampoco teníamos dibujante, no teníamos computadoras, ahora es más fácil”.
La vida profesional del ingeniero tuvo otra pasión aparte de las proyecciones, cálculos, direcciones y representaciones: la docencia.  
 
El docente
Desde 1963 a 2005 fue profesor titular del actual EPET 8, antes ENET 1, con 32 horas semanales por 42 años.
También dio clases en el colegio Belgrano de esta ciudad.
La vida del ingeniero, actualmente, es menos intensa. Ahora es asesor técnico del Estudio de Arquitectura de su hijo Carlos; y ya hace varios años cambió las aulas del colegio neuquino por su chacra en Fernández Oro, la que administra en honor a su padre, un pionero cipoleño que llegó a la zona a principios del siglo pasado desde Alemania. Otro de sus pasatiempos es la familia, sus nietos, a quienes lleva a la escuela “para darles una mano” a sus hijos.
Sin duda, Rimmele nunca podrá alejarse de la profesión que eligió cuando era un niño de 8 años, ni podrá olvidarse que fue desde un principio acompañado por su padre, quien interpretó los dibujos de casitas y ciudades que hacía en la tierra como los de un futuro ingeniero, pese a que su deseo era que su hijo fuera militar.

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