Gerónimo les canta serenatas a las abuelas del hogar

Tiene 88 años y vive en el asilo Hermanitas de los Pobres, donde todos los días vuelca su pasión.

Por Pablo Montanaro / montanarop@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN - “Comienzan las serenatas sanadoras”, dice con una sonrisa una médica voluntaria mientras recorre los pasillos iluminados por los rayos del sol otoñal en el hogar Hermanitas de los Pobres. “Perdón si te molesto con esta serenata/pero no seas ingrata/perdón y más perdón (…) acaso no comprendes/que no es por molestarte/sino por suplicarte que tengas compasión”, canta con voz firme Gerónimo Araya, de 88 años, desde su silla de ruedas, dirigiendo esos versos a una de las tantas ancianas que descansan en la cama de su habitación.

Gerónimo es uno de los 30 adultos mayores que son cuidados con calidez y mucho amor por un grupo de hermanas en el asilo ubicado en el barrio Confluencia de esta ciudad. La voz del hombre nacido en Mendoza en octubre de 1929 puede escucharse durante las mañanas y las tardes en las habitaciones de las mujeres que viven en el hogar. “Te gusta, abuelita, que te cante, sí te gusta que te cante”, le dice como respuesta a la sonrisa que la mujer le brindó al terminar la canción.

Luego de desayunar en el comedor junto a los otros abuelos, Gerónimo se traslada en su silla de ruedas –tiene las piernas amputadas a causa de una diabetes- hasta la capilla del hogar donde después de rezar se pone a cantar sus canciones preferidas.

Entre canción y canción, le cuenta a LM Neuquén que cuando era chico sólo hizo tres años de escuela porque quería ayudar en la chacra a su padre agricultor. “Un día le dije a mi papá que no quería ir más a la escuela, que quería ayudarlo con el trabajo en la chacra”, recuerda el hombre.

Además de trabajar la tierra con su padre, a lo largo de su vida Gerónimo desplegó diversos trabajos y oficios pero lo que más le gustaba era lo relacionado con la electricidad. “Arreglaba bobinados, arranques, motores”, acota. Rememora con mucho aprecio al dueño de una empresa en la que trabajó en Cañadón Seco, a 8 kilometros de Caleta Olivia. “Trabajaba y trabajaba, no hacía otra cosa que trabajar. Me gustaba mucho cantar cuando estaba trabajando”, precisa.

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Confiesa que cuando hizo el servicio militar en Uspallata, lo llamaban “el hombre de los mil oficios” porque sabía hacer de todo.

No puede recordar el año que llegó a Neuquén junto a su mujer impulsado por un amigo que le dijo que acá “me iba a hacer rico”.

“Me hace bien cantar estas serenatas, yo siempre canté muchísimo”, confiesa frente al resto de los ancianos que lo rodean con miradas de admiración.

“Hoy vine para decirte que no estoy arrepentido de haberte conocido/por culpa de quererte sin ser correspondido/me ves que estoy vencido por verte una vez más”, canta Gerónimo y agradece los aplausos que irrumpen el silencio del hogar al que llegó en julio de 2016.

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